dimarts, 4 d’abril del 2017

POLIEUCTO Y NEARCO, SOLDADOS Y HERMANOS DE AFECTO.

Polieucto y Nearco eran dos soldados del siglo IV "hermanos no de sangre,sino por afecto". Como muchos otros casos similares mil años después se decidió que eran hermanos de sangre. 



Todas las biografías de su tiempo, el siglo IV en Armenia, señalan este evidente enlace efectivo. Según John Bowell se trata de una de las parejas de amantes del mismo sexo mas conocidas de la antigüedad cristiana. Nearco era cristiano, Polieucto no y además era un oficial romano casado. Ambos rompieron el edicto de Decio que obligaba al culto de los ídolos paganos. Polieucto de Metilene renunció a su vida junto a su esposa y a su carrera militar, para morir junto a su "hermano de afecto",  abrazando el cristianismo antes de ser decapitado. Al morir renuncia a todo lo mundano, incluida su esposa e hijos, para unirse en la vida eterna a Nearco. 

La historia ha sido explicada y seguramente exagerada, por  muchos autores de la época. Forma parte de la propaganda cristiana de la época, que ensalzaba el martirio como forma de llegar a la vida eterna. Pero paralelamente aparece una evidente historia de amor entre dos hombres, capaces de dejarlo todo para poder seguir unido. Es curioso ver historiadores que niegan la evidencia de esta relación efectiva y no toda la milagrería martirológica que acompaña estos relatos.   Existen muchas evidencias sobre esta relación y de su culto posterior. En Bizancio se llegó a levantar una iglesia en su nombre. 

Ruinas de la iglesia de San Polieucto

Boswell (1) señala: "El amor entre Polieucto y Nearco es la fuerza impulsora que subyace al relato, así como su principal elemento emotivo, aun cuando en un principio involucre a un pagano y a un cristiano"

El siglo XIX varias obras de teatro llevaron la historia a los escenarios, evitando mostrar cualquier tipo de relación emotiva entre ambos soldados. Como todas estas uniones no hace falta decir que hay quien niega cualquier evidencia de relación sexual, utilizando unos criterios que de buscarlos entre las grandes parejas heterosexuales de la historia, la mayoría habrían muerto célibes. 

(1) Las bodas de la semejanza. John Boswell. Ed Muchnik Editores. 

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