Quevedo: fue un francotirador literario que no dejó títere con cabeza. Su pluma era un arma de destrucción masiva que disparaba en todas direcciones. Mujeres, médicos, sodomitas y Góngora sufrieron sus dardos envenenados.
LLegó a burlarse de los pobres muchachos que acababan en la hoguera bajo una acusación de sodomia.
Los médicos los llamaba "ministros de la muerte" y "carniceros con guantes". "Si quieres vivir mucho, huye de los médicos; si quieres morir pronto, llámalos"...
A una mujer que se maquillaba: "Llevas más cal en la cara que una pared de Castilla". Se burlaba de las "dueñas" (mujeres mayores) y de las que ocultaban su edad, comparándolas con ruinas o muebles viejos.
Quevedo mantenía una postura de profundo rechazo y mofa hacia los sodomítas, de acorde con la moral conservadora y religiosa de su época. Utilizaba la figura del "bujarrón" o "sodomita" como blanco de ataques personales y morales. En sus poemas son frecuentes los ataques a los que él consideraba afeminados o "maricotes", empleando un lenguaje crudo y denigrante.
En textos como El sueño del infierno, Quevedo sitúa a los sodomitas en el averno, describiéndolos como seres que "en vida son diablos" y sugiriendo que incluso en el infierno son evitados por otros pecadores y demonios. En el tratado satírico "Gracias y desgracias del ojo del culo": menciona con tono de mofa las consecuencias legales de la época, señalando irónicamente que "una vez que quiso holgar el pobre culo, le quemaron", en alusión a la pena de muerte en la hoguera que se aplicaba a los condenados por sodomía.
Aplaudía que los sodomitas fueran quemados vivos y se burlaba de ellos. En su obra El Alguacil Endemoniado (dentro de Los Sueños), Quevedo describe el castigo eterno de los sodomitas con un desprecio absoluto. No solo los sitúa en lo más profundo del infierno, sino que afirma que los propios demonios se asquean de ellos. Decía que los demonios no querían ni tocarlos para atormentarlos, por miedo a "ensuciarse", marcando una jerarquía donde el sodomita estaba por debajo del mismísimo diablo.
Quevedo asociaba la homosexualidad con la falta de hombría y el afeminamiento, algo que en la España de los Austrias era el peor insulto posible.
Y Góngora...
"A una nariz": Es el soneto más famoso de la lengua española (Érase un hombre a una nariz pegado...). No solo se burla del tamaño, sino que usa términos como "nariz sayón y escriba" (términos asociados a los judíos que condenaron a Cristo) para llamarlo "cristiano nuevo".Quevedo lo acusó repetidamente de sodomía. En sus poemas lo llama "Gógorita. el de las nalgas" y sugiere que sus deudas de juego las pagaba con favores sexuales.
Lo llamaba "judío" y "rabino" constantemente para humillarlo socialmente. Le dedicó versos como: "Yo te untaré mis versos con tocino / porque no me los muerdas, Gongorilla", sabiendo que, si Góngora era de origen judío, no podría tocar el tocino (cerdo).En varios poemas, alude a que los sodomitas son "leña" para el fuego. Utilizaba esta amenaza real para amedrentar a sus enemigos. Cuando acusó a Góngora de este pecado, no estaba haciendo una broma ligera; estaba pidiendo indirectamente su ejecución por parte de la Inquisición.
Góngora se defendió, atacando, en sus poemas llamándolo borracho ("Don Francisco de Quebebo") y criticando sus visitas frecuentes a burdeles y tabernas. : Góngora atacaba constantemente la cojera y los pies zambos de Quevedo, además de su miopía (el uso de anteojos).
En su famoso soneto "Anacreonte español, no hay quien os tope", utiliza juegos de palabras crueles: "Que ya que vuestros pies son de elegía / que vuestras suavidades son de arrope", sugiriendo que sus pies, al ser desiguales, eran tan "tristes" como su género poético. Al igual que Quevedo lo llamaba judío, Góngora, además, contraatacaba tildándolo de ladrón, traidor y mal cristiano. También lo comparaba con otros autores como Lope de Vega para restarle mérito, insinuando que Quevedo era un segundón o un imitador mediocre.
Quevedo fue especialmente cruel con Juan Ruiz Alarcón debido a su físico. Al ser Alarcón pelirrojo y jorobado (tenía corcova tanto en el pecho como en la espalda), Quevedo lo apodó "Corcovilla" y le dedicó versos despiadados donde lo comparaba con animales o seres deformes. Lo llamaba "don Juan de las Corcovas" y decía que no era un hombre, sino un "alfanje con pies" (por la forma curva de la espada). En sus versos lo comparaba con un galápago, diciendo que su cuerpo era una "concha de carne".
En un famoso poema le pregunta: "¿Eres hombre o eres baúl?", sugiriendo que su joroba era una maleta cargada a la espalda. Alarcón era pelirrojo (color asociado entonces a Judas y la mala suerte), por lo que Quevedo decía que su cara era un "muladar de barbas" y que su color de pelo era el del infierno.
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