divendres, 25 de març de 2016

MEMORIA DEL CRUEL NEGOCIO DEL CAUCHO.


Yo trabajé en una empresa de Tabacos de Filipinas, Especialidades del Caucho, importaba caucho con el que hacían los accesorios de vehículos y electrodomésticos. Tdos decían haber visto restos humanos en las balas que llegaban de Oriente, aunque yo jamás fui testigo de ellos





Acompañando al "soñador" Roger Casement en sus viajes por las selvas del Congo y la Amazonía peruana, me han venido estos recuerdos de mi paso por esta empresa manipuladora de caucho entre 1973 y 1980

El caucho que nos llegaba iba en unas balas que podían pesar alrededor de 100Kg y estaban formadas por varias láminas, que eran las que transportaban los indígenas. Nos llegaban de Malasia (MSR) Singapore (SMR) o Filipinas (Filipinas mineral rubber: FMR) Dentro de estos grandes bultos de caucho podían aparecer muchas cosas: latas, zapatos, ropa, huesos ¿de animales?...
Los operarios que trabajaban con el caucho decían que eran humanos, incluso decían haber visto algún cráneo. Lo creía una leyenda humana, un hombre era difícil de ocultar en estas balas. Pero jamás se me ocurrió lo mas obvio: un niño sí podía serlo. Me enseñaron muchos objetos que podían ser esto o aquello... Con el tiempo he comprendido que seguramente tenían razón.

"El primer día de marcha un muchacho bora de pronto cayó de bruces, aplastado por la carga(de caucho). Se quejaba débilmente cuando Roger trató de reanimarlo haciéndolo beber una lalita de sopa. Los ojos del chiquillo despedían un pánico animal. Dos o tres veces trató de levantarse, sin conseguirlo. Bishop lo explicó: 'Tiene tanto miedo porque, si usted no estuviera aquí, Negretti lo remataría de un balazo como escarmiento?." "El sueño del Celta" de Mario Vargas Llosa, cap X.

2 comentaris:

  1. No nos olvidemos de los indígenas desaparecidos durante la fiebre del caucho, hace cien años. Aquí os dejo más detalles sobre la historia, qué de por sí es muy interesante. Saludos Esclavos de la Fiebre del Caucho

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  2. Gracias por la información, Olivia. Con tu permiso voy a compartir.

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