dilluns, 18 de febrer de 2013

LA POESÍA HOMOERÓTICA DE SAN ALCUINO DE YORK


Anteriormente he comentado como infructuosamente San Pedro Damián intentó la persecución de la sodomía en el seno de la iglesia cristiana. Aunque oficialmente las relaciones homosexuales eran pecaminosas, lo cierto es que la homosexualidad se vivía con relativa tolerancia incluso en el seno de la iglesia y especialmente en los conventos o monasterios.

Sabemos de este hecho por las prohibiciones posteriores, también por las epístolas de muchos obispos dirigidas a sus amantes, incluso en poemas homoeróticos que ellos mismos llegaron a escribir.

Entre otros obispos nos encontramos a San Paulino de Nola, obispo, quien le escribía poemas eróticos a su maestro y amante Ausonio 43 años mayor que él a inicios del siglo V. Baudri de Bourgueuil escribía poemas a sus amantes Marbod de Rennes y Hildeberto de Lavardín, obispos los tres. La lista se podría completar con el obispo Juan de Orleans (s XI) o Longchamps, nombrado regente por Ricardo Corazón de León, de este obispo se decía que se le podía dejar las hijas a su cuidado, pero jamás a sus hijos.

El más conocido de todos ellos fue el benedictino Alcuino de York (735-804), hoy venerado como santo tanto por los católicos como por los anglicanos. Fue uno de los intelectuales mas importantes de su tiempo, dirigió la reforma educativa emprendida por Carlomagno, se le considera uno de los impulsores del renacimiento carolingio. Intentó que el Imperio de Carlomagno fuera la nueva Atenas.

Manuscrito Fuldense del siglo IX. Alcuino y sus discípulos.


Este ministro apodaba a sus alumnos con nombre de animales inspirados en las Églogas de Virgilio. Su poema dirigido a Dafnis es un poema claramente homoerótico. En él se lamentaba de la partida de un alumno suyo al que apodaba "cuco"



“Oh cuco, que nos cantaste y volaste,


donde sea tú vagues, en cualquier orilla


te entretienes ahora, todos los hombres presagian tu muerte,


dicen que nuestro cuco no volverá más.


Ah, dejémosle volver otra vez, no debe morir,


dejémosle volver con la primavera que vuelve,


y retraed todas las canciones que él solía cantar.


¿Pero volverá otra vez? No lo sé.


Temo que el negro mar rompa contra su cabeza,


capturado en el remolino, muerte debajo de las olas,


pena para mí, si aquél dios enfermo de vino


lo ha hundido en la profundidad en la que las cosas jóvenes encuentran su tumba


Pero si el vive todavía, seguramente vendrá,


de vuelta al amable nido, desde fieros cuervos.


¿Cuco, qué tomaste del lugar de nidificación?


¿Pero volverá otra vez? Ningún hombre sabe.


Si amas el cante, cuco, entonces vuelve otra vez,


vuelve otra vez, vuelve otra vez, rápido, rezo para que vuelvas.


Cuco, no tardes, date prisa hacia tu hogar otra vez,


Dafnis, que te ama para sí, te añora para sí mismo.


Ahora la primavera está aquí otra vez, despierta de este sueño.


Alcuino, el hombre viejo, piensa mucho en ti.


A través de los verdes prados va el ganado paciendo;


sólo falta el cuco. ¿Dónde está?


Clamad por el cuco, en todas partes invocadlo,


alegre nos dejó, ¿sufrirá al volver?


Dejémosle volver sufriendo, pero si él quisiera volver otra vez,


sí, lloraríamos con él, gemido para su gemido.


A no ser que una roca te aplaste, tú querrás llorar con nosotros.


¿Cómo no te acuerdas de esto mismo?


¿No llorará el padre al hijo que perdió,


hermano por hermano seguirá estando apenado?


Una vez éramos tres, pero con un solo corazón entre nosotros.


Dos atemorizados estamos, ahora que el tercero es ido.


Voló, voló, pero la aflicción permanece;


amargo el lamento, para una cabeza tan querida.


Enviad una canción detrás de él, enviad una canción de tristeza,


canciones traen al cuco a casa, o eso cuentan…


Aún así, sé feliz, donde sea que vagues


recuérdanos a veces, amor; y que te vaya bien.”

Tambien  se ha encontrado correspondencia con el obispo Arno de Salzburgo en las que le decía cosas como ésta:

"El amor ha penetrado en mi corazón con su llama, Y nunca se reavivó con nueva calidez  
Ni el mar ni la tierra, ni colinas del bosque, ni siquiera los Alpes 
puede interponerse en su camino o impedir que 

desde siempre lamiendo tus partes más íntimas, padre bueno .. .   "



Boswell   en su "Cristianismo, tolerancia social y homosexualidad", nos habla de Alcuino y de su círculo de amigos y señala como sus escritos amorosos y sus poemas iban siempre dirigidos a varones y era tan evidentes como apasionados. La relación entre él y sus discípulos recuerdan la pederastia griega, Alcuino era un gran admirador de la cultura griega.

"En consecuencia déjame volar hacia ti con todo mi corazón
y ven tu hacia mi desde el mundo evanescente.."

Murió siendo obispo de Tours, dejando un importante legado intelectual. Un breve epitafio en su tumba

"El polvo, los gusanos y las cenizas ahora ... 
Alcuino mi nombre, la sabiduría siempre me ha gustado, 
Oren, lector, por mi alma."



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