dimarts, 26 de febrer de 2013

LOS CÁTAROS, LOS BUENOS HOMBRES Y LAS BUENAS MUJERES.

Un error muy extendido es la creencia de que la denominación de cátaros viene del griego kataros, y que quería decir puros, en realidad se trata de un mote despectivo que le dedicaban sus enemigos y que significa adoradores del diablo en forma de gato, o sea brujos. De hecho, ellos nunca se autodenominaron con este nombre peyorativo, sino que se llamaban simplemente cristianos. En Occitania se les llamaba popularmente buenos hombres y buenas mujeres. También se les ha conocido con muchos otros nombres, como albigenses, bogomilos, arrianos, etc.

De hecho su influencia se extendía por toda la Occitania, Toulouse, Carcasonne, Beziers, etc. Su presencia en esta zona incomodaba al Felipe Augusto de Francia, que recelaba además de la influencia catalana en el Mediodía francés.



El recelo eclesiástico venía motivado por el desapego que estos sentían hacia todo lo material, su denuncia contra los abusos de los obispos y clérigos estaba motivando que las ciudades les apoyaran. Por si fuera poco rechazaban el acto sexual con fines de procreación. No creían en la adoración de imágenes, rechazaban el bautismo y veían en la cruz un símbolo de tortura.

Los cátaros creían que la procreación dejaba las almas cautivas de vil materia. Ello no significa que rechazaran el sexo, todo lo contrario, aceptaban las relaciones sexuales libres. Para ellos las relaciones homosexuales eran deseables. Boswell nos cuenta: 

"Es sabido que muchos movimientos heréticos influidos por el dualismo oriental y las filosofías maniqueas desaprobaban la procreación, pues ésta dejaba las almas cautivas de la vil materia. Esta desaprobación bien podía llevar a la estimulación tácita –o incluso explícita– de prácticas homosexuales en sustitución de las heterosexuales, tan objetables. Se creía que los albigenses, en particular, predicaban que las relaciones homosexuales no sólo estaban libres de pecado, sino que constituían un medio deseable de contrarrestar los esfuerzos del demonio para atrapar las almas en la materia.

La cruz cátara forma parte de la bandera de Occitania.


Rosa Montero también nos muestra las comunidades cátaras como una sociedades muy avanzadas por la época que les tocó vivir:

“asombrosamente avanzados para la época”…”herejes muy intelectuales, muy racionales; tradujeron las Escrituras a las lenguas romances; consideraban que adorar la Cruz, un instrumento de tortura, era algo perverso y rechazable”.

En las comunidades cátaras el hombre y la mujer disfrutaban de la misma consideración, estaban dirigidos por las perfectas o perfectos cuya presencia no era un símbolo de poder, sino de perfección. El modo de vida ascético predicado y practicado por los Perfectos/as contrastaba con la corrupción y el lujo ampliamente extendidos en la Iglesia católica, representando una amenaza para la supervivencia de las diócesis católicas en un medio rural empobrecido y cansado de diezmos eclesiásticos.

Pronto aparecieron los primeros bulos contra "los hombres puros", eran adoradores de gatos, sodomitas, herejes. Se amenazó con la excomunión a los nobles que les apoyaran, se organizaron hasta 4 Concilios para acabar con la herejía  cátara. Finalmente Inocencio III y Felipe Augusto se aliaron y organizaron la primera cruzada en la que se utilizaba por primera vez la condena de la sodomía como una acusación contra los herejes.




Al frente de la Cruzada pusieron a un sanguinario llamado Simón de Montfort, tristemente célebre por llamar a la matanza con estas palabras: Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!". Los nobles occitanos se aliaron con el rey Pedro I el católico, poco amigo de los cátaros, transformándose en un enfrentamiento entre el norte francés y los condados del sur. La derrota de Muret acabó con la influencia catalanoaragonesa, con la independencia de los nobles occitanos, significó la instauración de la inquisición en esta zona en 1229 y en 1250 en los condados del centro y norte de Catalunya.

Los cátaros se refugiaron en bosques y montañas de difícil acceso, en Catalunya en las zonas próximas a la Serra del Cadí. La utilización de la sodomía para desprestigiar a grupos incómodos se extendió a lo largo de los siglos, la siguiente ocasión fue el rey Francés Felipe IV el Hermoso para acabar con los templarios,

Monolito conmemorativo de la matanza de Montsegur.


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