divendres, 10 de juliol de 2015

EDUARDO II, EL MALDITO.

La figura de Eduardo II Plantagenet tiene poco que ver con la que Mel Gibson nos vendió en su infumable "Braveheart", o en las disfiguración sufrida por las novelas románticas.



Los Tudor, enemigos acérrimos de la dinastía Plantagenet, unido al conservadurismo de muchos historiadores,  han desfigurado la figura de este rey enamoradizo y homosexual. Posiblemente una figura mucho mas interesante de lo que nos han vendido.

El jóven príncipe no era muy amigo de las armas, era débil y enclenque lo que preocupó a su padre que le buscó un tutor de su edad, un aventurero amigo de justas y lances que no dudó en seducir al joven en beneficio propio, y el joven príncipe se enamoró alocadamente de él. Se trataba del caballero Piers Gavestón. John Boswell  en su Bodas de la semejanza nos muestra un extracto de las Crónicas de la Guerra Civil, en él habla del primer encuentro:

"Cuando el hijo del rey lo vio, sintió tanto amor que realizó un hermanamiento con él y se decidió resolutamente ante todos los mortales a entrelazar una liga indisoluble de amor con él.


Para Boswell, estos hermanamientos eran equivalentes a las actuales bodas, se les denominaba "adelphopiesis". Todo indica que está unión fue duradera y solo la muerte de Piers acabó con esta unión, sobre el posible hermanamiento hay datos contradictorios.

No existe constancia de que esta unión molestara al padre Eduardo I Longchamps. El enfrentamiento entre éste y el tutor fue motivado por el hecho de que su aguerrido caballero abandonó el campo de batalla para acudir a una justa. Por ello fue desterrado de Inglaterra. Éste abandonó el frente junto con quien fue después responsable de su muerte: Mortimer. Tampoco al anciano rey le gustaron los regalos exagerados que su hijo realizó al caballero desterrado.

El destierro duró poco pues el anciano rey murió y Piers volvió conviertiendose en su favorito. Fue Regente durante la larga ausencia real,  al acudir ante el rey a Francia para casarse con Isabel de Francia, hija del todopoderoso Felipe IV el Bello y rendir pleitesía pues como señor de Normandía era vasallo del monarca francés. Es necesario recordar que la dinastía Plantagenet era de origen normando y tenía posesiones en Francia muy importantes.

Esta situación llevó a la montaraz nobleza y clero inglés a empezar a conspirar contra un hombre que consideraban un advenedizo. Piers al igual que el rey era normando, mas francés que británico.

De regreso Eduardo II compartía vida con su ambiciosa esposa y su amante al que siguió colmando de atenciones y privilegios. Las ausencias del amado Piers son narradas por sus adversarios por los continuos ataques de locura del rey producidos por la ausencia de su amante. 

La pérdida de poder de estas clases dirigentes, que veían como este rey aumentaba el poder de la incipiente burguesía y de las cada vez mas fuertes ciudades, hizo que e
éstas se aliaran con la reina Isabel y su amante Roger Mortimer. Consiguieron separar a la pareja, mandando al favorito a Irlanda. Pero el enamoradizo rey no paró hasta lograr el regreso de su amado. Pero una conspiración en la corte acabó con Pier Gaveston decapitado por Guy de Beauchamp, partidario de Mortimer que huyó al exilio francés. 



Tras la muerte de su favorito, el rey conoció a Hugo le Despenser al que hizo su amante y colmó de honores. De nuevo la conspiración de su esposa con su pareja Roger Mortimer acabó con la vida de los Despenser, primero, y la del rey posteriormente. Según la leyenda fue empalado, penetrado por el recto con una espada al rojo vivo, para evitar dejar en su cuerpo cualquier huella violenta visible que pudiera haber provocado la ira de sus partidarios.
Asesinato de Hugo le Despenser


Su hijo Eduardo III al llegar a la mayoría de edad vengó la muerte de su padre, restituyó su buen nombre y mandando construir una tumba que fue venerada por el pueblo inglés durante varios siglos, solo la llegada de los Tudor rompió esta veneración. Eduardo II fue un rey popular, que distribuyó justicia y que recortó el poder del clero y la nobleza.


En la obra "Eduardo II", el autor británico Marlowe, humaniza a este monarca y lo hace víctima del complot de sus nobles. Aunque evita mostrar simpatía por el rey asesinado brutalmente, transformándolo "en un mártir de su pasión. 




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