dimecres, 1 de juliol de 2015

TELÉMACO Y PISÍSTRATO, AMOR ENTRE IGUALES

Telémaco era un niño cuando su padre Ulises partió hacia la guerra de Troya, por lo tanto al regreso de éste era un hombre adulto y no un débil adolescente como a menudo se le ha representado.



Las contradicciones sobre las biografías de estos personajes mitológicos son bastante comunes. El caso mas conocido es el de la relación entre Aquiles y Patroclo. Platón en "El Banquete" señala a Patroclo como el "erastés" (adulto y activo) y Aquiles el "erómenos" (pasivo y mas joven). La representación de Patroclo, con barba, y Aquiles imberbe es posiblemente la mas conocida de la relación entre ambos. Pero la idea que nos ha llegado es la contraria.


Aquiles cura las heridas de Patroclo, adulto y con barba. Vaso Museo Berlín


Según la tradición Telémaco al no poder acabar con la presencia de los pretendientes de su madre viajó a Atenas y Esparta para recabar información sobre su padre Ulises. Al llegar a Pilos, con la compañía de Méntor (en realidad Atenea), Homero nos cuenta que se unió a Pisístrato:


"Allí es acogido por el rey Néstor, que dispone que duerma con Pisístrato, su único hijo todavía no esposado, mientras que él (Néstor) se acuesta en el lecho nupcial al lado de su esposa. En otras palabras: Homero hace equivaler a Telémaco y Pisístrato a una pareja de cónyuges. Y no solamente una vez: también en Esparta Telémaco duerme con Pisístrato, que lo ha acompañado, mientras Menelao duerme con Helena, así que Atenea, cuando se aparece a Telémaco para exhortarlo a volver a Ítaca, encuentra a los dos jóvenes que yacen juntos. Y Telémaco, cuando la diosa se aleja, despierta a Pisístrato “tocándolo con el pie”." (1)

La relación que aquí relata Homero no es la clásica relación iniciática de la pederastia griega. Es una relación de amor entre iguales. Ninguno es el erastés, ni el erómenos. Una historia parecida ya la podimos conocer en la relación entre Pílades y Orestes. Tal vez también en la relación entre Patroclo y Aquiles.

Eva Cantarella señala que:  


"...han sido puestos en evidencia algunos pasajes homéricos que hacen muy difícil pensar en la relación entre los héroes como una simple amistad entre compañeros en armas. Muerto su amigo, como habíamos señalado, Aquiles no tiene ya razones para vivir: repetidamente desea no haber nacido, declara que su único deseo es morir, parece amenazar con el suicidio. Y o se limita a expresar su dolor gimiendo y cubriéndose la cabeza con tierra, como es normal en los héroes homéricos. Al comienzo del canto XIX, Tetis lo encuentra “echado sobre Patroclo”, desesperadamente abrazado a su cadáver, en una actitud completamente anómala dentro del cuadro de las manifestaciones homéricas del luto. 

No es difícil, en suma, tras las palabras de Homero, leer la historia del amor. Y los antiguos, de hecho, y no por casualidad, tenían muy pocas dudas al respecto. En un fragmento de Los Mirmidones de Esquilo, conservado en el Amatorius de Plutarco, leemos el deseperado grito de celos en el que Aquiles estalla ante el cadáver del amigo muerto, acusándole haber traicionado su amor: 


La venerada fuerza de sus muslos  no respetaste, tú, a pesar de nuestros besos..." (1)


Mas información:

(1) Eva Cantarella, "Según natura",  AKAL universitaria.


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