dissabte, 14 de novembre de 2015

EL MUNDO FANTÁSTICO DE DIANE ARBUS

Diane Arbus ( 1923-1971 ) fue una fotógrafa estadounidense que se inspiró, en gran parte, en el film Freaks, de Tod Browning. Posiblemente una de las artistas mas interesantes del pasado siglo. 





Su nombre completo era Diane Nemerow, al casarse a los 18 años con Allan Arbus adopta su apellido. Inicialmente  se dedicaban a la fotografía de modas para revistas como Esquire, Vogue y Harper’s Bazaar. Mas adelante Diane conoce a Lisette Model, una relación que cambiará su vida. Poco después se divorcia de Allan. También estudió fotografía con Berenice Abbott.






Es entonces cuando se inicia su etapa más productiva, fue a inicios de los años sesenta. Busca en  Nueva York  los personajes que quiere retratar: prostitutas, enanos, dementes, travestis, nudistas..Con la exposición «New Documents», se da a conocer al público mayoritario. 











Según Óscar Colorado Nates "Una de sus fotografías más famosas, la del niño con granada de juguete en la mano, es una muestra clara del estilo de Arbus: el infante no tiene anormalidad alguna, pero el rictus y la inusual granada le confieren un mensaje cargado de simbolismos y se convierte en una síntesis de las tensiones atómicas entre John F. Kennedy y Nikita Jruschov."






En 1971, después de una larga depresión, Diane Arbus se suicida. Un año más tarde su trabajo es seleccionado para participar en la Bienal de Venecia, siendo la primera fotógrafa estadounidense en ser seleccionada, y el MOMA de Nueva York organiza su primera gran retrospectiva.










Su hermano, Howard Nemerow, le dedicó este poema:

Para D-Muerta por su propia mano

Mi querida, me pregunto si antes del fin
pensaste en aquel juego de niños
al que seguramente jugaste, en el que
corres por encima del estrecho muro de un jardín
imaginando que es la cima de una montaña
con insondables precipicios a ambos lados
y cuando sentiste que perdías el equilibrio
saltaste, porque temías caer, y pensaste
sólo por un instante: Es ahora cuando muero.
Eso fue hace una vida. Ahora ya no estás,
te negaste a seguir jugando el juego de los adultos
en el que, manteniendo el equilibrio en la cima que corona la oscuridad
se sigue corriendo sin mirar abajo
y nunca se salta por temor a caer.


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