dissabte, 10 de març de 2012

LA HOMOFOBIA INTERIORIZADA

Psicólogo especializado en psicología del hombre gay y presidente de la asociación AFIRMA'T, para la revista GB del mes de Marzo, 2012.


La peor mentira es la que no se cuestiona. De eso va la homofobia interiorizada: de siglos de incomprensión y rechazo almacenados en tus propios esquemas mentales. Muy a menudo encuentro hombres profundamente deprimidos o llenos de ansiedad y temores provocados por una imagen distorsionada sobre ellos mismos: la homofobia interiorizada. Hombres que –en algún lugar profundo de sus mentes- están convencidos de que no merecen ser amados.

¿Eres de los que dicen cosas como “en el orgullo gay se da una imagen pésima de los homosexuales porque allí nada más que se ve carne y purpurina” pero nunca dicen “en el carnaval de Río de Janeiro se da una imagen pésima de los heterosexuales porque allí nada más que se ve carne y purpurina”? ¿Dices cosas como “en el ambiente nada más que hay alcohol, drogas y sexo” pero no te paras a pensar que en la noche, en general, es fácil encontrar todo tipo de sustancias y gente buscando sexo, también en las discotecas hetero?


¿Te pones tenso cuando se trata de hablar de tu homosexualidad con, por ejemplo, los compañeros del trabajo? ¿Sostienes posturas radicales en contra de todo lo que sea visibilizarse y te escudas en argumentos sobre la intimidad al estilo de “los heterosexuales no lo van diciendo por todas partes”? (ver nota final).


¿Estás dolorosamente convencido que es imposible encontrar un hombre sano y cuerdo que llegue a quererte porque, los maricones, somos todos unos superficiales y unos promiscuos? ¿Estás convencido de que -en efecto- tu experiencia (y la de tus amigos) así lo demuestra?

¿Te aferras a relaciones que no van a ningún sitio porque una vocecita en tu mente te dice “¡pesca aunque sea a éste para no quedarte solo!”? ¿Te sientes poco válido, avergonzado, te cuesta relacionarte, tienes pavor a que los demás te juzguen? ¿Estás a la defensiva por temor a ser castigado o amonestado? ¿Piensas cosas como “a la gente hay que pararle los pies, que si no se propasa”?


Probablemente tengas homofobia interiorizada.





¿Homofobia interio-qué?

Una definición breve de homofobia interiorizada sería “la aversión que experimenta un homosexual hacia su propia homosexualidad y/o hacia la manifestación abierta de ésta” pero para comprender bien el concepto, debemos ampliar esta definición mucho más.

Así, la homofobia interiorizada es “un entramado de representaciones mentales (que incluye desde creencias nucleares hasta distorsiones cognitivas) presente en una persona homosexual, según el cual la homosexualidad se valora sistemáticamente en inferioridad respecto de la heterosexualidad. La homofobia interiorizada se manifiesta en sentimientos de vergüenza y culpa así como en una respuesta de ansiedad ante situaciones en las que la persona deba manifestar directa o indirectamente su homosexualidad. Para sortear esta ansiedad, la persona homosexual tenderá a evitar estas situaciones incluso con perjuicio de posibles relaciones sociales y/o sentimentales. La homofobia interiorizada cursa paralela a una baja autoestima y a un autoconcepto desorganizado, existiendo probablemente una relación causal biunívoca entre homofobia interiorizada y autoestima (y autoconcepto). En relación a los juicios sociales, la homofobia interiorizada suele traducirse en pensamientos de tipo “todo o nada” acerca de los demás homosexuales, pensamientos que acostumbran a basarse en prejuicios que el propio homosexual no ha conseguido contraargumentar. Esta última característica suele ser uno de los principales impedimentos para que la persona homosexual elabore una adecuada red social con otros homosexuales”.


Y, seguramente, me estoy dejando cosas en el tintero (J). Voy a explicar mejor los puntos más importantes y así podrás elaborarte una idea más exacta de qué es la homofobia interiorizada


Comenzaré por el entramado de representaciones internas. Todos los seres humanos tenemos representaciones mentales del mundo que nos rodea. Si digo “silla” se te viene la imagen de una silla a la mente, ésa es una representación mental. Pero también te acude el esquema “mueble, sentarse, asiento, respaldo, patas”, eso también es una representación mental (o interna). Todos hemos interiorizado una representación mental de la “homosexualidad” y el “homosexual” pero –a veces- en esos esquemas mentales aparecen conceptos como “promiscuos, enfermos, ocultar, vergüenza etc.” que distorsionan nuestra idea de la homosexualidad y de los homosexuales. Estas ideas distorsionadas son parte de la homofobia interiorizada.

       Si tienes una idea distorsionada acerca de la homosexualidad y tú eres homosexual, la propiedad transitiva[1] nos dice que, entonces, tú tienes una idea distorsionada de ti mismo. Igual no has caído en esto pero está ahí: si eres homosexual es difícil que separes lo que piensas de los homosexuales respecto de lo que piensas de ti mismo. La forma más habitual de ser consciente de esta autoimagen (autoconcepto) distorsionada son los problemas de autoestima. Al fin y al cabo ¿cómo vas a querer a alguien que es malo aunque ese “alguien malo” seas tú mismo? Eso se traduce en cosas como no saber ser asertivo ya que ¿cómo vas a defender con firmeza la posición de alguien que, en el fondo, tampoco es “tan bueno”? La vergüenza y la culpa son emociones sociales que se sienten cuando haces algo que, socialmente, no es considerado correcto. Si se trata de sentirte mal por haber insultado a alguien, está bien sentirse un poco culpable. Si el avergonzamiento surge de la interiorización de un prejuicio, como aquellos que se tienen contra la homosexualidad, hablamos de homofobia interiorizada. Como ves, una representación mental puede condicionarte más de lo que imaginas.
      
Si tienes mucha homofobia interiorizada y te avergüenzas mucho de ser homosexual, tenderás a evitar que se te identifique como gay rebelándote contra la “etiqueta”, lo que no servirá más que para crearte la sensación de estar perdido y sentir más confusión mental. Además, como evitarás moverte por lugares gais abiertos (bares, asociaciones, fiestas) y tenderás a relacionarte en espacios estrictamente privados (cruising o por medio de chats) te verás “confirmado” en tus prejuicios sobre los gais (“sólo quieren follar y punto”) y, lo que es peor, eso mismo te impedirá establecer vínculos realmente profundos con otros gais de forma que permanecerás sin red social. Permanecerás sin otros gais en los que apoyarte y con los que poder compartir experiencias personales. Todos los modelos sobre el desarrollo psicoemocional de los hombres homosexuales coinciden en afirmar que los gais atravesamos una etapa en la que necesitamos relacionarnos con otros gais para poder construir una emocionalidad sana (ver referencias).


Una de las características de esta distorsión que es la homofobia interiorizada es la de que se tiende a hacer juicios de tipo “todo o nada”, o del tipo “siempre/nunca” que ¡evidentemente! no pueden ser ciertos porque –en el ser humano- las cosas suelen tener matices siempre. De hecho, este tipo de pensamiento es anterior a la homofobia. Si en tu entorno acostumbran a hacer juicios de este tipo, si tus padres tenían “esquemas de pensamientos rígidos” donde todo era “o blanco o negro” es normal que los juicios sobre los homosexuales también lo fuesen. Son esos juicios y razonamientos radicales los que tú has ido interioriando.





¿Por qué interiorizamos la homofobia?

Porque estamos indefensos ante ella. Es así de sencillo. Estamos oyendo mensajes homofóbicos cuando aún nuestra mente no está madura para defenderse haciendo uso del pensamiento crítico ni es capaz de contraargumentar las afirmaciones que se hacen. Fíjate en la figura 1, es una representación de la tarea de conservación, un “clásico” de los experimentos con niños. Se pone al niño delante de los vasos. En los vasos A y B hay la misma cantidad de agua y el niño lo está viendo. Ahora cambiamos el agua del vaso B al vaso C. Como éste es más estrecho, el agua sube a más altura. El volumen de agua es el mismo y la disminución de anchura en la base del vaso se compensa con un incremento en la altura a la que llega el agua. Una mente adulta sabe que el agua no aparece de forma mágica y que, por tanto, en ambos vasos hay la misma cantidad. Pero un niño pequeño (hasta los 7 u 8 años más o menos) se guía por la información inmediata, no realiza inferencias. Tampoco dice “el agua no puede haber surgido de la nada” ni razona sobre que, además de la altura, la anchura del recipiente está influyendo en lo que presencia. Un niño pequeño mira el vaso C, mira el vaso A, ve que en el vaso C llega el agua a más altura y dice “hay más agua en el C”… ¡y se queda tan ancho!


       Pues algo parecido sucede con los pensamientos que interiorizas. Cuando eres un crío no tienes ni argumentario ni capacidad crítica. No contestas: “¿Cómo que no es natural la homosexualidad? ¡hay homosexualidad en 1500 especies animales además de en la nuestra!” Simplemente, en lugar de eso, te crees lo que te dicen y comienzas a verte a ti mismo como algo desviado, fuera de lo normal, una anomalía frente a lo que es “natural”. Cuando eres pequeño te crees que dos papis y un negrazo, montados en camellos, reparten juguetes a todos los niños del mundo en una sola noche. Creer que “ser homosexual es una anomalía” no es muy diferente de creer que “los reyes magos existen”.


Los niños absorben lo que se les dice sin filtrarlo y gracias a ello adquieren un montón de conocimientos útiles y necesarios en muy poco tiempo mediante el aprendizaje por imitación (¿no has oído eso de “los niños son loros que lo repiten todo”?). Aprendemos rápidamente pero, también gracias a eso, incorporamos los prejuicios (incluso aquellos que están dirigidos contra nosotros mismos).

Los niños primero adoptan los valores de su núcleo familiar sin discutirlos y luego hacen lo mismo con los valores de su grupo de iguales (colegio, instituto). Sólo cuando nos hacemos adultos y desarrollamos la capacidad de pensar de forma crítica, independiente y autónoma, podemos ser capaces de evitar interiorizar los prejuicios sociales. Hasta entonces hemos sido vulnerables a su interiorización.


Por último, recuerda lo que te he dicho antes sobre los conceptos: silla= asiento, patas, respaldo, mueble. Ahora ponte en el lugar de una niña que ha visto maltrato en su casa y ha interiorizado el esquema “matrimonio= mi padre, mi madre, insultos, perdón”, ¿cómo crees que actuará si, en el futuro, su novio la insulta? Es probable que asuma que los insultos forman parte de una relación y perdone. Ahora piensa cómo es el esquema que has interiorizado sobre la homosexualidad y pregúntate ¿para qué tipo de vida me prepara este esquema? ¿Para ser querido o para ser rechazado? Si tu esquema es un esquema distorsionado, la vida para la que te preparará no será una vida agradable. Y tú te mereces algo mejor.








Los príncipes azules no son zoofílicos.


Superar nuestra homofobia interiorizada es importantísimo porque hay algo muchísimo peor que rabiar contra la carnaza en el Orgullo o decir que los “maricones solemos ser un poco guarras”. Lo peor de todo es estar convencido interiormente de que eres algo tan horrible y malo que jamás merecerías ser amado. Estar convencido de que tu destino final es quedarte solo porque jamás-nunca-nadie podría amar a alguien como tú. Y que estés tan profundamente convencido de ello que ni tú seas consciente de ello, de tan enterrado como están estos pensamientos en las honduras de tu mente. Puede ser por culpa de la homofobia interiorizada que nunca aspires a lo bueno, que siempre te conformes con lo que sea, que vivas insatisfecho de tu vida y, a la vez, desesperanzado e incrédulo ante la idea de que puedas cambiar nada.

       En mis artículos repito mucho eso de “no te conformes con nada que no sean fuegos artificiales” y cosas por el estilo. Con ello no me estoy refiriendo a que esperes a que Hugh Jackman se te declare, sino a que no te aferres a una relación que te hace sufrir sólo por miedo a la soledad. No  es que te vuelvas una diva, es que mejores tu autoestima. Sólo a eso me refiero.


       Cuando estamos mal, a menudo, esperamos que llegue el “amor redentor” que nos saque de nuestra vida triste, de nuestros miedos, de nuestros esquemas distorsionados y de nuestra incapacidad para disfrutar. Crees que él llegará y, con su sola presencia, transformará tu existencia en algo maravilloso. Es la analogía que se expresa con la historia del beso de la princesa (príncipe en nuestro caso) que transforma el sapo en alteza real. No te engañes: los príncipes azules nunca besan sapos. Si quieres a tu lado un hombre con la cabeza bien amueblada y su puñadito de defectos y virtudes, amuebla tu cabeza tú también y supera tus esquemas distorsionados. No podrás tener relaciones equilibradas (ni sentimentales, ni sociales, ni laborales, ni familiares) si el desequilibrado eres tú. Es así de simple.


       Superar la homofobia interiorizada es un camino de tres pasos: 1) detectar las distorsiones que has interiorizado sobre la homosexualidad, 2) hacerte consciente de las limitaciones que ellas te suponen y 3) afrontar la ansiedad que te genera atreverte a superarlas.


En la terapia sobre homofobia interiorizada de un paciente suelo comenzar por evaluar su comportamiento. Acostumbro a pasar un cuestionario sobre la expresión de la homosexualidad. Evaluamos el grado de homofobia interiorizada en base a aquellas cosas que el hombre gay se abstiene de hacer: no besar a un novio en público, no hablar con los vecinos sobre su homosexualidad, no poner una foto con su novio en la mesa de su despacho, etc.


Trazamos un plan de actuación sobre aquellas áreas que conviene ir trabajando y planificamos el proceso. Realizamos pequeños “experimentos” en los que el hombre que está haciendo terapia se compromete a, por ejemplo, hablar de su novio en la oficina durante la pausa del café. Al hacerlo, se observa a sí mismo: ¿qué pensamientos le asaltan?, ¿qué emociones le invaden?, ¿sabe afrontarlas?


El gay en terapia aprende a reconocer los esquemas que ha interiorizado y a darse cuenta de por qué tiene expectativas horribles sobre las reacciones de los demás


Poco a poco sigue camino de la excelencia de forma que pueda mostrar con naturalidad ¡y en cualquier ámbito! que es homosexual sin necesidad de abstenerse de nada.


Muchos me dicen que por fin comienzan a sentirse en paz consigo mismo… cosa que no muchos humanos pueden decir.


El hombre que mueve montañas comienza apartando piedrecitas: atrévete, te servirá para darte cuenta de que el mundo es mucho menos negro que ese cristal con el que lo miras. Son sólo tres pasos y tienes todo el mundo por delante. ¿Te atreves a entrar con buen pie en la primavera? Seguro que sí.




P.D.: El próximo mes (abril) organizo un taller presencial sobre homofobia interiorizada. Por el precio no sufras porque será low cost para que todo el mundo tenga acceso. Tienes más información en mi web aunque también puedes dirigirte a info@gabrieljmartin.com.


      
Nota final: Los heterosexuales sí se pasan el día diciendo que son heterosexuales. Cada vez que un hombre dice “este fin de semana estuve con mi mujer y los niños en Besalú” está diciendo que es hetero. La cuestión no es que tengas la obligación de decir que eres homosexual. La cuestión es que no tengas la obligación de ocultar que eres homosexual. No se trata de decir, sino de no sentirse obligado a abstenerse de hacerlo.




Referencias:

Cass, V. (1979). Homosexual identity formation: A theoretical model. Journal of Homosexuality, 4 (3), 219-235.


Downs, A. (2005). “The Velvet Rage”. Perseus Books. Cambridge.


Soriano Rubio, S. (2004). Cómo se vive la homosexualidad y el lesbianismo. Amarú ediciones. Salamanca.









[1] La propiedad transitiva dice que si A = B y B = C, entonces A = C.

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