dilluns, 18 de març de 2013

LA HOMOSEXUALIDAD BAJO EL RÉGIMEN DEL GENERAL FRANCO II.


Mauricio Carlavilla ( 1898-1982) era un policía español que publicó varios libros en los años 50 en los que culpaba a la masonería, el comunismo y la sodomía de todos los males de España.  Profesor en la academia de policía de los futuros miembros de la Político Social, escribía cosas como esta:

 «La sodomía tiene una función comunista a través de los siglos» pues ambas «aberraciones», aun siendo de distinto tipo son contrarias a la familia, a la propiedad privada y al orden tradicional."

El sodomita es un peligro para la patria”, además de tender a la delincuencia, al comunismo y constituir un peligro para la paz familiar ya que “disfrazada de persona, la fiera sodomita se lanza en busca de su presa juvenil, ojea al cándido muchacho (...). Vuestro hijo puede volver a casa corrompido, guardando su bochornoso secreto, que nada delatará. La monstruosa relación continuará y, dada su edad, su instinto sexual se torcerá y será para siempre un invertido. ‘¡Mejor muerto!, gritaréis desesperados.’ Sí, mejor muerto vuestro hijo”.






Ello indica la forma de pensar de la policía de la brigada político social, si las leyes eran duras para las personas LGTB, la policía era aun peor, corrupta, homófoba y brutal. Cualquier indicio de homosexualidad era reprimido con un sadismo aplastante.

En "El látigo y la pluma" Fernando Olmeda nos cuenta la historia de Alvaro Pombo:

"Una noche, estando sentado en un banco de la plaza de España de Madrid, fue abordado por dos inspectores de paisano. Así recuerda la breve conversación mantenida con los agentes:

-¿Qué haces aquí? Yo te conozco, tú eres maricón.
-Sí, lo soy.
-Pues acompáñanos a la comisaría de Luna.
Tras una noche en el calabozo es interrogado para cumplimentar el atestado por cometer supuestos "pecados contra natura". Le preguntan por su empleo, y tras responder que trabaja como profesor de literatura en el Colegio Tajamar, perteneciente al Opus Dei, dan aviso al director del centro, que le despide automáticamente."



Estar en un bar de "dudosa reputación" podía significar ser detenido, vejado, maltratado y despedido tras ser notificado al puesto de trabajo esta detención. Después venía una fuerte multa y si no se disponía de una buena defensa la aplicación de la Ley de Peligrosidad Social o ser sometido a una terapia aversiva.




Alberto Mira en "De Sodoma a Chueca" nos cuenta la historia de una persona que se encontraba en el bar Saras en 1974, solo había entrado y solicitado una bebida. La policía entró y detuvo a todos los que estaban allí. A los extranjeros se les separa para poder escarmentar a los que no lo son.

"Entonces se acerca este señor, ese hermoso comisario, y se dirige al primero que había, le pregunta únicamente: ¿Tú eres maricón?, el chico dice ¡no¡. Y le pega un par de bofetadas, le vuelve a preguntar ¿Eres maricón?. El chico duda y le pega otras dos bofetadas, se lo vuelve a preguntar, y dice que sí. Al resto de los españoles ya no tuvo que preguntar, todos dijimos que sí."

Les obligan a dar datos, a sacarse todo lo que tienen de valor, a bajarse los pantalones, mientras les insultan contantemente. 

"Un señor con muy buenos modales, llámese puñetazos, patadas donde pillara y cabezazos contra las paredes..."

Era el trámite para ficharles. Tras esta sesión amable de malos tratos e insultos se informaba a la empresa. A él no le despidieron, pero su carrera se quebró y jamás le llegó un ascenso.

Saras era un bar que normalmente pagaba sobornos a la policía, posiblemente en esta ocasión no lo había hecho y la policía se extralimitó "mas allá de la ley" también por fines económicos. Al igual de los sucedido en Stonewall, los homosexuales no tenían presunción de inocencia y eran carne de cañón de este tipo de actuaciones abusivas.



Mas información:
Ley de Vagos y maleantes:
Antoni Ruiz:
El látigo y la pluma.
Redada de violetas.
De Sodoma a Chueca.

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