dimarts, 27 d’agost de 2013

LA HOMOFOBIA EN TIEMPOS DEL IMPERIO ROMANO




Desde la época de los reyes hasta la llegada del Emperador Teodosio no se puede hablar de persecuciones sistemáticas contra quienes tuvieran relaciones homosexuales. Aunque en cada época hubo una actitud distinta, Roma osciló entre el rechazo social y la plena aceptación. 



Los hombres disponían de gran libertad y eran dueños y señores dentro de sus familias, ello les permitía realizar sus deseos sexuales sin ningún tipo de restricción, eso sí siempre en el ámbito privado. Las mujeres en muchos casos veían en contadas ocasiones a sus maridos y les era relativamente fácil compartir sus espacios con otras mujeres sin despertar sospechas. Para la machista sociedad romana las relaciones lésbicas solo existían para satisfacer ensoñaciones masculinas. Escritores como Ovidio o Marcial, que no dudaban en escribir positivamente sobre relaciones homosexuales o la pederastia, eran profundamente lesbofóbicos.


En el ámbito militar los romanos no aceptaron la pederastia griega como elemento de formación y unión entre sus legiones. Dependía del talante del general el que estas fueran toleradas o castigadas. Así conocemos al general Mario que era implacable con los soldados que eran pillados con una relación sexual, les esperaba la humillación y la muerte, en cambio su sobrino Julio César era mas tolerante.

Las leyes romanas, especialmente en época de Augusto, castigaban el adulterio, entendido éste como una relación extramatrimonial con otra persona de igual rango. Pero podían tener todo tipo de relaciones con personas de clase o rango inferior, especialmente sirvientes o esclavos. Estos últimos debían aceptar las peticiones de sus dueños, en estos casos la violación no era delito.

Los prostíbulos romanos eran lugares frecuentados y existían aquellos cuyos miembros eran todos masculinos. En los baños públicos también existían códigos que permitían buscar a la pareja adecuada. La presencia de hombres afeminados (galbinati) era mal aceptada por una sociedad que enaltecía la masculinidad. Dos emperadores organizaron sus propias bodas en las que ellos eran las novias (Nerón y Heliogábalo) ambos acabaron asesinados poco después.



Un caso emblemático fue el del Emperador Adriano quien superando los 40 años conoció a Antinoo, aun niño, y se enamoró de él, viviendo juntos cerca de diez años hasta que éste se suicidó. Esta relación emocionó a todo el imperio erigiéndose multitud de estatuas en su honor en todas las grandes ciudades romanas e incluso en lugares de culto. Muerto el emperador estas no fueron destruidas.



Con la aparición del cristianismo como religión oficial del imperio la pederastia o las costumbres sexuales romanas empezaron a ser modificadas, la ley incluso las persiguió. Pero paralelamente los cristianos crearon sus propias imágenes (Sergio y Baco), rituales (adelphopiesis) o adoraron la especial relación entre Jesús y su discípulo amado Juan Evangelista.

Fue el emperador Teodosio el primero en dictar una ley que castigaba las relaciones homosexuales con la pena de muerte. Esta ley provocó el ajusticiamiento de un popular cuadriga en Tesalónica y un posterior levantamiento popular que acabó con miles de muertos. El obispo de Milán llegó a excomulgar al emperador por este hecho. Sin duda ni la sociedad ni parte de la iglesia veían estas relaciones como delictivas.

La injuria homofobia (utilización de la supuesta homosexualidad de alguien para desacreditarle) nos muestra la percepción que sobre este tema se tuvo  durante las distintas etapas de la historia antigua de Roma. En los inicios no se utilizan las relaciones homosexuales, sino cualquier rasgo de feminización o que un romano hubiese sido sodomizado, así se ridiculizó a Sila, Julio César o Nerón por usar pelucas, pintarse la cara o tener poses femeninos, a Julio César además se le echaba en cara que hubiese sido sodomizado por Nicomedes de Bitinia. Como he señalado el que Adriano tuviera a Antinoo como amante era aceptado e incluso admirado.



Los escritores tardoromanos o cristianos ya no distinguían y tendieron a exagerar todas las costumbres sexuales romanas, presentando a los emperadores como unos obsesos sexuales. También, como en el caso de Seutonio, las fobias personales jugaron un papel importante. 




Mas información:
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