dimecres, 23 de febrer de 2011

23 FEBRERO 1981, GAVÀ.

Hoy hace treinta años era lunes y un señor con tricornio, mostacho y pistola entró en el Congreso. Y como cada 23 de febrero la prensa va llena de artículos. Me encanta ver aquellos que hicieron la vida imposible a Suárez, hoy alabándolo, seguramente harían lo mismo con los golpistas de haber triunfado.

Y veo, con estupefacción, como Armada sigue negando la evidencia, defendiendo lo imposible e involucrando a todos aquellos que enredó. Él que dispuso de un juicio justo y de un indulto insultante, él que de haber triunfado posiblemente habría llevado al pelotón de fusilamiento a cualquiera que intentara lo que él mismo intentó.

En 1981 en Gavà había uno de los núcleos de extrema derecha mas importantes de Catalunya. Grupos organizados desde los contrapiquetes de la larga huelga de Roca en 1976, tenian sede, sindicato y presencia en el ayuntamiento franquista y la policía municipal.
En las primeras elecciones de 1977 fuimos perseguidos a tiros por estos elementos, este mismo año parte de los preparativos del atentado contra la revista "El Papus" se realizaron en Gavà, hubo detenciones pero como casi todos los implicados quedaron en libertad.

Recibir amenazas anónimas en el buzón o por teléfono se había vuelto normal. Ir a denunciarlo a la Guardia Civil o a la Policía Local, era perder el tiempo por muchas razones.

Y así llegó el 23 de febrero. Por aquellos días era el secretario general de CCOO  en mi localidad y además concejal de trabajo por el Grupo Municipal del PSUC. Cuando me enteré de la noticia me presenté al instante en el ayuntamiento, creía que era lo lógico, pero no todo el mundo hizo lo mismo. Había mas gente en el local de Fuerza Nueva a pocos metros de estábamos que en la "Casa Gran". Allí en la puerta estaba gran parte de la policía municipal.

El alcalde y parte del gobierno municipal estaban de viaje a Francia. El alcalde accidental no apareció hasta medianoche. Los pocos que habíamos acudido no sabíamos si la policía nos protegía o esperaba unirse a quienes vinieran. Curiosamente acudieron dos de tres concejales centristas y solo dos de siete comunistas, uno era yo. Claro que el tercer centrista estaba en el local de Fuerza Nueva.

Desde allí teléfono en mano pudimos ayudar a esconder información de militantes, sindicados o simpatizantes, avisar a familiares de amigos que habían decidido esconderse... Las calles de Gavà estaban desiertas, las SER emitía un lamentable espectáculo con un José María García que narraba un partido de futbol en el que los golpistas parecían el Real Madrid.

Pasada medianoche y tras el "Tranquil, Jordi, tranquil". Fue entonces cuando el jefe de la Policía Municipal subió y nos dio novedades y se puso a nuestras ordenes. Tardé horas en darme cuenta del peligro que habíamos pasado.

Los grupúsculos de extrema derecha aun estuvieron activos cerca de un año, después se fueron diluyendo y gran parte de ellos entraron a formar parte del Partido Popular. Hasta hace unos cinco años mi nombre no ha estado en ningún listado telefónico, para evitar las agradables llamadas telefónicas a cualquier hora del día o de la noche.

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