dimarts, 4 d’agost del 2026

LAS METAMORFOSIS DE OVIDIO Y LA TRANSEXUALIDAD

 En dos ocasiones Ovidio nos muestra coomo dos personajes cambiaron de género, hecho poco frecuente entre los humanos en la mitologia griega.

Trabajos en madera basados ​​en las Metamorfosis. Bernard Salomon.


El cambio de género de Ifis en las Metamorfosis de Ovidio (libro X) es uno de los relatos más fascinantes de la literatura clásica, considerado hoy en día por la crítica académica como un antecedente pionero en la representación de la identidad trans y la diversidad.

La transformación ocurre no como un castigo divino, sino como un acto de compasión para salvar un amor imposible y la vida de la propia protagonista. 

El mito se sitúa en Creta. Un hombre humilde llamado Ligdo advierte a su esposa embarazada, Teletusa, que si da a luz a una niña deberán matarla, pues no tienen recursos para pagar una dote. La diosa egipcia Isis se le aparece en sueños a Teletusa y le promete ayuda. 

Cuando nace una niña, la madre oculta la verdad al padre y decide criarla públicamente como a un varón. Le pone el nombre de Ifis, un nombre andrógino común para ambos sexos en la antigüedad.

Ifis crece con las vestimentas, la educación y los roles asignados a los hombres. Al llegar a la adolescencia, su padre arregla su matrimonio con Iante, una hermosa joven de la región. Al pasar tiempo juntas, ambas se enamoran profundamente.  Iante ama a Ifis creyendo que es un hombre y ansía el día de la boda.
Ifis vive atormentada por su secreto. Sabe que su cuerpo es biológicamente femenino y Ovidio escribe un conmovedor monólogo donde ella lamenta amar a otra mujer en un mundo donde el matrimonio entre mujeres es socialmente inviable.

«¿Qué he de hacer? Me atormenta un amor nuevo, desconocido para todos.» «Yo amo lo que no puedo alcanzar.

La víspera de la boda, la madre, desesperada por el inminente descubrimiento del engaño, acude junto a Ifis al templo de Isis a suplicar un milagro. La diosa atiende los ruegos. Ovidio describe la transformación física de Ifis de manera gradual mientras camina:Sus pasos se vuelven más largos y firmes. Su piel pierde la palidez y sus rasgos se vuelven más marcados. Su cabello se acorta notablemente. Su fuerza física aumenta y su sexo biológico cambia al de un varón. 

"El rostro parecía más vigoroso; aumentaron sus fuerzas; el cabello era más corto; su aspecto tenía mayor energía que antes.-Yante se unió a Ifis, ya convertido en hombre -El nuevo varón experimenta un nuevo amor"  (Virque novus Venerem novam sentit.)

El poema concluye al día siguiente con la celebración del matrimonio legítimo entre Ifis y Iante, presentándolo como un final feliz. 




A diferencia de otras metamorfosis donde las personas se convierten en animales o plantas, aquí Ifis pasa de un género a otro. El texto sugiere que la crianza y el comportamiento de Ifis ya eran los de un hombre; la intervención de la diosa solo adecúa su cuerpo a la identidad que ha vivido. 

Los estudios de género actuales en filología clásica rescatan la figura de Ifis (junto a otros personajes ovidianos como Tiresias o Ceneo) para analizar cómo el mundo antiguo ya teorizaba sobre la flexibilidad del género y los tránsitos de identidad. 

Para entender cómo veían los griegos y los romanos lo que hoy llamamos transexualidad, debemos hacer una precisión importante: ellos no tenían el concepto moderno de "identidad de género" ni la palabra "transexualidad". No entendían el género como algo interno e identitario, sino a través de los roles sociales, el estatus y el comportamiento.

Aun así, sus mitos, leyes y crónicas demuestran que convivían con el tránsito de género de formas muy diversas: con fascinación en el mito, con rechazo legal en la vida pública y con total integración en ciertos ritos religiosos.

Hermafrodito dormido, vista delantera.  Museo de Louvre, París. El original fue esculpido en 1619 por Gianlorenzo Bernini.




El mito de Ceneo (en griego, Καινεύς, Kaineús; antes llamado Cénide, Καινίς, Kainís) es uno de los relatos más interesantes de la mitología griega por tratarse de una transformación de sexo permanente. La versión más influyente se encuentra en las Metamorfosis de Ovidio (libro XII), aunque el mito era anterior.

Cénide era una joven de Tesalia de extraordinaria belleza. Según el mito, el dios Poseidón se enamoró de ella y la poseyó. Como compensación, le ofreció concederle cualquier deseo. Entonces Cénide pidió algo inesperado:

«Haz que nunca más pueda sufrir lo que he sufrido; conviérteme en hombre.»




Poseidón aceptó su petición y, además, le concedió que su cuerpo fuera invulnerable a las armas. Desde ese momento pasó a llamarse Ceneo, un guerrero invencible. Un héroe invulnerable

Ceneo llegó a ser uno de los más famosos héroes de los lápitas y participó en la célebre lucha entre los lápitas y los centauros durante las bodas de Pirítoo. Así los centauros descubrieron que las espadas no lo herían; las lanzas rebotaban; y ninguna arma podía atravesar su piel.

Así que los centauros desesperados, cambiaron de estrategia.En lugar de intentar herirlo, los centauros comenzaron a arrojar sobre él enormes troncos de árboles y rocas. Lo aplastaron bajo una montaña de madera hasta hacerlo desaparecer. Unos dicen que murió asfixiado bajo el peso; otros afirman que fue tragado por la tierra; algunos añaden que su alma salió convertida en un ave.

Ovidio describe la escena con gran fuerza dramática, en el libro XII de las Metamorfosis. El anciano héroe Néstor recuerda la historia de Ceneo y dice, en esencia:

«Antes había sido mujer; ahora era un hombre célebre por sus hazañas.» Y los centauros, incapaces de herirlo, «Arrancaban fresnos, robles y pinos enteros y los arrojaban sobre él hasta ocultarlo bajo una montaña de árboles.»


 Ceneo simboliza al guerrero perfecto e invulnerable, su transformación representa el abandono definitivo de una identidad asociada a la vulnerabilidad para asumir otra ligada al poder. El deseo de Cénide nace del rechazo a volver a sufrir la violencia padecida.


Es uno de los pocos relatos clásicos que narran una transición de mujer a hombre de forma permanente, motivo por el cual ha recibido atención en estudios sobre género y recepción de la Antigüedad. A diferencia de Ifis, cuya transformación ocurre para hacer posible su matrimonio con Yante, Ceneo pide convertirse en hombre por decisión propia, como respuesta a una experiencia traumática. Esa diferencia hace que ambos mitos, aunque similares por el cambio de sexo, tengan significados muy distintos dentro de las Metamorfosis.



Texto propio a partir de antiguas publicaciones en este blog, más información solicitada a google y ChatGPT. Imagenes procedentes de las redes, salvo la última que lo es a partir de la IA. 

diumenge, 2 d’agost del 2026

UNA MIRADA CLÁSICA A LA RELACIÓN "AQUILES-PATROCLO"

 

¿Cómo trataron los textos clásicos la relación entre Aquiles i Patroclo? ¿Quién fue el erastés (adulto) y el erómenos (joven y pasivo)? Una historia de amor apasionante que ha sobrevivido el paso de los siglos.



"La venerada fuerza de sus muslos no respetaste, tú, a pesar de nuestros besos..."

Este fragmento pertenece a la obra perdida Los mirmidones del dramaturgo griego Esquilo. En ella, Aquiles reprocha amorosamente al cuerpo de Patroclo haber ido a la batalla a pesar de su estrecha relación.
Este texto es considerado un testimonio clave de la relación amorosa y física entre ambos héroes en la literatura clásica. Además, es un ejemplo fundamental de cómo los autores posteriores a Homero interpretaban su vínculo.
Al inicio de la obra, el coro (formado por los soldados mirmidones) y los embajadores griegos acuden a la tienda de Aquiles para rogarle que regrese a la batalla. En estos versos se conserva el reproche que le hacen por su pasividad mientras los troyanos queman los barcos:
"¿Ves esto, glorioso Aquiles, el dolor de los aqueos que caen por las lanzas, mientras tú te sientas escondido dentro de tu tienda?"
(Cita conservada por Aristófanes en su comedia 'Las ranas') 
En otro texto recuperado, el propio Aquiles responde furioso a los mirmidones revelando que sus propios hombres se han vuelto contra él por no pelear: []
"¡Pretenden lapidarme!" (Aquiles a su heraldo, aludiendo a las amenazas de muerte por lapidación de sus propios soldados). []
Metáforas de la traición y la desdicha:
Otro fragmento muy famoso de esta misma obra utiliza una conocida fábula de Esopo adaptada a la tragedia. En ella, Aquiles expresa cómo el daño recibido proviene de los suyos propios (haciendo eco de su disputa con Agamenón):
"Así dice la fábula libia: una vez un águila, herida por una flecha, miró la vara con plumas y dijo: 'No soy vencida por otros, sino por mis propias plumas'."
(Cita conservada por Dionisio de Halicarnaso)
El lenguaje enigmático de Esquilo:
Se conserva también un breve texto de dos líneas, famoso porque el comediógrafo Aristófanes se burlaba de él debido al uso de palabras inventadas o excesivamente pomposas por parte de Esquilo:
"...los mascarones de proa de nuestros barcos, con forma de gallo-caballo dorados, hechos con laborioso empeño, se están derritiendo [por el fuego troyano]." 
Más lamentos sobre el cuerpo de Patroclo:
El pasaje de los muslos citado originalmente pertenecía a un monólogo mucho más amplio donde Aquiles lloraba la muerte de Patroclo frente a su cadáver. Justo antes o después de esa sección, se conserva otra línea desgarradora dirigida al difunto: 
"Tú que no devolviste la pureza de mi amor..."
Gracias a estos restos textuales, los expertos confirman que la obra se estructuraba en tres grandes momentos: la obstinada negativa de Aquiles a luchar, la partida y trágica muerte de Patroclo, y el desolador lamento final de Aquiles antes de jurar venganza. 

En esta imágen podemos ver como un adulto (erastés), Patroclo, cura las heridas a su joven amante Aquiles (erómenos). Si leemos detenidamente la Ilíada, veremos como Héctor recibió ayuda directa de un dios y de otro guerrero para poder matar a Patroclo en la Ilíada de Homero. A pesar de que Héctor se llevó la gloria y la armadura, el combate fue completamente desigual porque Patroclo fue atacado por tres lados diferentes. De lo contrario podia haber acabado con Héctor, no muestra para nada que fuera un inexperto adolescente.
La relación entre Aquiles y Patroclo es uno de los vínculos más analizados de la literatura clásica. Aunque Homero en la Ilíada no la define explícitamente con términos sexuales, los autores de la época clásica (siglos V y IV a.C.) dieron por sentado que se trataba de una profunda relación romántica y erótica.



Varios textos fundamentales de la antigüedad abordan, discuten y celebran este amor:
El origen: La Ilíada de Homero (Canto XVIII y XXIII)
Aunque no contiene etiquetas modernas, la intensidad del dolor de Aquiles ante la muerte de Patroclo establece las bases de la interpretación amorosa. Sus propias palabras muestran un afecto que supera a cualquier otro lazo: [1]
"Mi querido compañero ha muerto, Patroclo, a quien yo apreciaba más que a todos mis camaradas, tanto como a mi propia vida. ¡Lo he perdido!"
(Canto XVIII, 80-82) 

NOTA: Comparad este texto con el lamento de David ante el cuerpo de Jonatan "a quien yo amaba más que a todas las mujeres" 

Más adelante, el propio fantasma de Patroclo se le aparece a Aquiles para rogarle que, cuando el héroe muera, sus cenizas no sean separadas: 
"Te pediré una última cosa, concédemela por favor. No permitas que entierren mis huesos separados de los tuyos, Aquiles; deja que descansen juntos... Que una sola urna guarde nuestros huesos, siempre juntos."
(Canto XXIII, 83-92) 
Al final del poema, Aquiles cumple este deseo mezclando sus cenizas en una vasija de oro. 
Terminada la guerra, Odiseo visitó fugazmente el mundo de los muertos, donde reencontró a su antiguo compañero de armas: “No debe apenarte estar muerto, porque allá arriba los hombres honran tu memoria”. Pero Aquiles, repentinamente enamorado de la vida, contesta: «Preferiría ser labrador en tierra ajena antes que reinar sobre todos los muertos. ¡Ay, si pudiera volver bajo el sol!». Desde las sombras, el legendario Aquiles envidia las vidas corrientes, anónimas y apacibles. (Texto procedente de Irene Vallejo, El Pais)



El Banquete de Platón (Discurso de Fedro)
En este célebre diálogo sobre la naturaleza del Amor (Eros), el personaje de Fedro utiliza a Aquiles y Patroclo como el ejemplo supremo de amantes aprobados por los dioses. Fedro incluso corrige la obra de Esquilo, argumentando sobre quién era el miembro más joven de la pareja: 
"Esquilo desbarra cuando afirma que Aquiles estaba enamorado de Patroclo... Aquiles era mucho más joven y no tenía aún pelo de barba, además de ser mucho más hermoso, como dice Homero." 
"Por esta razón los dioses le han honrado más que a todos los hombres, mereciendo su admiración por el sacrificio que hizo... prefiriendo la venganza de Patroclo a su propia vida, quiso no sólo morir por su amado, sino también morir sobre su cadáver." 
Contra Timarco del orador Esquines
En el año 345 a.C., el político ateniense Esquines pronunció un famoso discurso judicial. En él apela al conocimiento general de los ciudadanos sobre el amor entre los dos héroes, afirmando que Homero decidió camuflar el erotismo de la relación bajo un velo de sutileza poética porque el enorme tamaño de su amor era evidente: 
"Homero, aunque habla en muchos pasajes de Patroclo y Aquiles, oculta su amor y evita dar nombre a su afecto, considerando que la extraordinaria grandeza de su amor mutuo quedaría completamente manifiesta para los oyentes ilustrados."
Amores de Pseudo-Luciano
En esta obra de época romana (atribuida tradicionalmente al escritor satírico Luciano de Samósata), los personajes debaten los méritos del amor hacia las mujeres frente al amor hacia los hombres. Para defender el romance entre varones, se recurre directamente a estos personajes:
"Patroclo fue el compañero de Aquiles, pero no como un simple subordinado en el carro de guerra; el amor unía sus almas de una manera que ningún lazo ordinario de camaradería podía igualar."





Kabafis y loa Caballos de Aquiles 


Inspirándose en los cantos XVI y XVII de la Ilíada, Kavafis desplaza el foco de atención de los guerreros y se concentra en el llanto de Balio y Janto, los caballos inmortales de Aquiles, al contemplar el cuerpo inerte de Patroclo: 

El poema describe cómo los caballos inmortales de Aquiles lloran desconsolados al ver a Patroclo muerto. Muestran su indignación y tristeza sacudiendo sus crines y golpeando la tierra ante la inanimada figura del joven guerrero, reflejando el dolor por la vida perdida. 

En la obra, Zeus observa con lástima el llanto de los caballos, lamentando haber dado criaturas inmortales a los mortales, condenándolas a sufrir la fragilidad humana.

Kabafis en el poema Infidelidad reconstruye el banquete de bodas de los padres de Aquiles (Peleo y la diosa Tetis). Describe cómo el dios Apolo se levantó durante la celebración para cantar y profetizar el futuro del hijo que iba a nacer. El dios aseguró que Aquiles tendría una vida dichosa, libre de enfermedades y de larga duración. Prometió que Tetis sería una madre feliz. Años después, durante la guerra de Troya, los jefes heridos de los griegos lloraban la muerte de Aquiles. Tetis, rota por el dolor, recordó las palabras de Apolo en su boda. El poema concluye revelando que el propio Apolo —el mismo dios que había prometido protegerlo y cantado su gloria— bajó a Troya, ayudó a los troyanos y mató a Aquiles.

..."Entonces Tetis se desgarró sus vestiduras de púrpura,
y se quitó de encima y arrojó al suelo
los anillos y los brazaletes.
Y en su dolor recordaba las antiguas bodas,
y preguntaba qué hacía el dios sabio,
dónde estaba el poeta que habla tan bien en los banquetes,
dónde estaba el profeta cuando a su hijo mataban
en la flor de su juventud"...


Aquiles«Preferiría ser labrador en tierra ajena antes que reinar sobre todos los muertos. ¡Ay, si pudiera volver bajo el sol!».