divendres, 23 de gener del 2026

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA EDAD MEDIA

 "Los gays fueron uno de los grupos menos estudiados por los medievalistas y historiadores en general. Seguramente por falta de interés y por prejuicios morales derivados de la cultura católica y occidental. La disgregación de los homosexuales también es una dificultad añadida. Otros grupos marginados como judíos o musulmanes vivían en comunidad mientras que los homosexuales vivían en secreto." (Texto de Roger Benito Julià  2006Revista Medieval)






John Boswell (1947-1994), profesor de Historia Medieval de la Universidad de Yale rompió esta barrera en 1980 al publicar su estudio sobre los gays en la Europa occidental hasta el siglo XIV. Este volumen provocó acalorados debates en el seno de los medievalistas estadounidenses y europeos. Boswell rompió el muro pero de momento no ha tenido una continuación.

¿Por que es tan difícil hablar de la homosexualidad? En este artículo no queremos polemizar sobre el tema. Queremos aportar una visión rigurosa sobre el tema centrándonos en el periodo de la Edad Media. Para llegar hasta el medievo tenemos que pasar primero por la época clásica de Grecia y Roma y dar así una visión más completa del tema. Para esto, tenemos que despojarnos de nuestros prejuicios occidentales y entender que las ideas no son las mismas en la antigua Grecia que en la actualidad respecto a la homosexualidad.





EL DECLIVE URBANO EN OCCIDENTE Y EL IMPERIO ROMANO DE ORIENTE

Con la caída del Imperio Romano de Occidente (476) empieza en la parte occidental del Imperio un declive urbano. La ética rural de la que hablamos anteriormente se radicaliza. Los gays se ven oprimidos en este ambiente campesino. Las ciudades se reducen, así como el número de manifestaciones culturales gays –como por ejemplo la literatura gay–.

La entrada de los pueblos germánicos ayuda a esta disgregación urbana en la Europa Occidental. Los diferentes reinos fundados en el Imperio Romano de Occidente crearon un corpus legislativo propio. En el reino visigodo el rey Chindasvinto (642-653) reguló las relaciones homosexuales. Según una ley promulgada en el año 650 se castigaba con la castración las relaciones homosexuales.

En el Imperio Romano de Oriente, el gran Emperador del Imperio Bizantino, Justiniano, en el año 533, equipara a las relaciones homosexuales con el adulterio. Teniendo en cuenta que la pena por adulterio era la muerte este es un cambio muy radical. Por primera vez se establecen sanciones civiles contra las relaciones entre dos hombres. Los años 538 y 544 este mismo emperador promulgará nuevas leyes de la misma condición. Procopio de Cesarea, uno de los historiadores más famosos de la época, también nos habla de relaciones homosexuales prohibidas. Sobre todo en su libro Anécdota, nos habla de casos de homosexualidad entre obispos, y como estos son castigados con la muerte por el propio Emperador.

Los dos ejemplos son de leyes civiles, sin influencia de la Iglesia. Fuera de la Península Ibérica no se conocen leyes germánicas respecto a la homosexualidad. En el reinado de Carlomagno (768-814) tampoco se legisló sobre las relaciones homosexuales. Seguramente la conducta homosexual no era tan censurada por las leyes civiles y eclesiásticas, como lo eran las relaciones extramatrimoniales. La literatura germánica muchas veces desprende la idea de que las relaciones entre dos hombres era vista de forma positiva frente a la pasividad sexual.

En este momento, en la Europa Occidental se desarrollaron las comunidades monásticas. La regla de San Benito de Nursia estipulaba que todos los monjes tenían que dormir en la misma habitación, con la cama del abad en el centro. También se obligaba a los monjes a dormir con la luz encendida, probablemente por la misma razón. En la misma regla se obligaba a los monjes a dormir con la ropa puesta y los jóvenes se les obligaba a “mezclarse con los mayores y no se les permitía dormir uno al lado del otro”. Seguramente para evitar relaciones prohibidas nocturnas se establecen estas normas dentro de la regla monástica. Hemos de tener en cuenta la obligación al celibato a los monjes, cosa que también explica estas regulaciones.





LA HOMOSEXUALIDAD EN EL ISLAM

La recuperación urbana se dio primero en la Península Ibérica sobretodo por la conquista islámica. No es de extrañar que los gays reaparecieran en dichas ciudades. Tanto el Corán como los primeros textos religiosos sostenían actitudes moderadamente negativas respecto de la homosexualidad, pero no prohibitivas. La sociedad islámica y la mayoría de culturas islámicas trataron la homosexualidad con indiferencia y a veces con admiración.

Tenemos diversos testimonios literarios que nos hablan de la homosexualidad en el Islam. Al-Tifasi es uno de ellos. Nacido en Gafsa (suroeste de Túnez) en el año 1184. Este autor escribió la obra Esparcimiento de corazones, donde se nos relatan la vida de prostitutas, homosexuales y travestís en el Islam. Es en el fondo una recopilación de anécdotas sobre estos temas. Al-Tifasi describe a los homosexuales como activos o pasivos. Los activos para tener éxito han de hacer numerosos regalos, una casa a su disposición para sus propósitos. Los homosexuales pasivos suelen ser chicos jóvenes y muy acicalados (afeitados, maquillados y depilados). Al-Tifasi explica numerosas anécdotas sobre hombres que venden su cuerpo para vivir: “Se le dijo a un mozo: “Tu amo es pobre y tu vistes ropas lujosas. ¿De dónde las has sacado? ¿A cuento de qué esta pregunta? ¿No sabéis que la casa de la moneda la llevo yo en mis zaragüelles?” Al-Tifasi también nos habla del dabb o el aprovechamiento de la oscuridad para sodomizar al dormido sin que este se percate. Otro aspecto que trata Al-Tifasi es el coito anal practicado tanto por homosexuales como por heterosexuales.

En la Península Ibérica también existía una cierta permisividad con las relaciones homosexuales en época islámica. Es conocido el caso de Al-Mutamid (rey de Sevilla en el siglo XI) que se enamoró del poeta Ibn Ammar, del que no soportaba estar separado, “ni siquiera una hora, ni de día ni de noche”, y a quien convirtió en uno de los hombres mas ricos y poderosos de la Península. El mismo Al-Mutamid relata también el amor hacia un criado: “Lo hice mi esclavo, pero la humildad de su mirada me convirtió en su prisionero, de tal modo somos ambos y al mismo tiempo esclavo y señor uno del otro”. El amor entre dos hombres es aceptado y se habla libremente de él en la literatura. También en el siglo IX el reino de Valencia fue gobernado por una pareja de ex esclavos que se habían enamorado y habían ascendido juntos en las filas del servicio civil hasta colocarse en una situación tal como para gobernar por sí mismos. Los historiadores musulmanes, llenos de admiración, caracterizaron su gobierno conjunto como una relación de plena confianza y mutua devoción. Su amor fue celebrado en verso por poetas atraídos a su corte desde toda la Península.

Las actitudes positivas respecto la sexualidad gay no se circunscribían a la cultura islámica únicamente en la Península. Había también una gran cantidad de cristianos que vivían en ciudades hispánicas conquistadas por los musulmanes.



EUROPA ENTRE LOS SIGLOS X-XII 

De todos es conocida la expansión económica europea entre los siglos X-XIV. La población de las ciudades aumentó acompañada con una expansión comercial. Las ciudades son centros comerciales y también centros de libertad donde los habitantes escapan al yugo del feudalismo y las vejaciones nobiliarias. Son muchos los campesinos que obtenían la libertad si podían demostrar haber habitado en la ciudad por lo menos un año y un día. No es de extrañar el proverbio alemán que dice que “El aire de la ciudad libera”. En este momento se desarrolla el amor en diversos aspectos. Los textos más populares hacen referencia continuamente al amor y al hedonismo apasionado –son representativos de estos los Carmina Burana –. El amor cortés se desarrolla en esta época y se da tanto entre mujeres y hombres, como entre hombres y mujeres. La Iglesia empezó a tomar dos posturas con enfoques opuestos. Un grupo pequeño de ascetas promovía que los actos homosexuales no sólo eran pecaminosos, sino un pecado muy grave, comparable con la gula o la fornicación. Las autoridades eclesiásticas se negaron categóricamente y repetidamente a imponer penas a la conducta homosexual.

 Mientras tanto, en el seno de la Iglesia, otra corriente comenzó a afirmar el valor positivo de las relaciones homosexuales. En el 1051 Pedro Damián redactó El libro de Gomorra, en el que se vituperaba los males de las relaciones sexuales entre hombres y, sobre todo, entre miembros del clero. La influencia de Juan Crisóstomo es evidente en la obra. Los sínodos posteriores al libro de Pedro Damián fueron introduciendo pequeñas normativas contra las relaciones homosexuales, especialmente en los monasterios. A mediados del siglo XII se empiezan a ver cambios en la visión de los homosexuales. La literatura clerical a veces sugiere que el amor gay no se limita en absoluto a los ordenados. Escribe Gualterio de Châtillon que en su época: “los príncipes convirtieron en hábito este crimen”. También se ve en la literatura secular. 

El Roman d’Enéas explica como tanto Lavinia como su madre acusan a Eneas de homosexual. Algunos de los personajes más poderosos de la época eran conocidos por sus intereses homosexuales. Dos de los ejemplos más conocidos fueron Guillermo II el Rojo (1087-1100) y Ricardo Corazón de León (1189-1199). Al primero en las crónicas palaciegas se le acusaba de “afeminamiento”, “conducta vergonzosa ” o “abandono moral”. Ricardo Corazón de León como nos indican los anales de palacio: “Ricardo, por entonces duque de Aquitania, hijo del rey de Inglaterra, vivía con Felipe, el rey de Francia, quien lo honró tanto y por tanto tiempo que comían todos los días en la misma mesa y del mismo plato y por las noches no los separaban sus camas. Y el rey de Francia lo amaba como a su propia alma.” Ricardo se arrepintió de “aquel pecado” y decidió llevar una vida más santa. La literatura gay de este momento que ha sobrevivido es asombrosa. Baudrí de Bourgueil (1046-1130), abad del monasterio benedictino de Saint Pierre y después arzobispo de Dol dedicó muchos de sus poemas a Godofredo de Reims y a su amigo Galo. A este último le escribe: “Ni la rosa ni la violeta adornan tanto la primavera / como tú embelleces, solo, el rebaño de los jóvenes”. Hilario el Inglés, discípulo de Pedro Abelardo, también dedicó una serie de poemas a jóvenes ingleses. En sus versos hay mucha influencia de la cultura clásica: “El momento en que te vi / Cupido me golpeó, pero vacilé, / pues mi Dido me posee, / y temo su ira. Dentro de los Carmina Burana también hay poemas dedicados al amor entre hombres como el “Iam mutatur animus” (“Ya he cambiado de idea”) en el cual se nos cuenta la separación de dos monjes amantes. 




EL CAMINO HACIA LA INTOLERANCIA 

Mientras que entre los siglos X y XII Europa vivió un cierto clima de aceptación con los homosexuales, la situación cambio a partir del siglo XIII. El contacto cultural entre cristianos y musulmanes era constante y cada vez más permeable. Los guerreros cristianos (como el Cid) guerreaban contra los musulmanes o con ellos. Era de esperar una cierta reacción cristiana contra las costumbres sexuales musulmanas. La consolidación de los poderes civiles y eclesiásticos creo una legislación estricta que abarcaba todos los ámbi tos de la vida cotidiana. Esta “expansión” de la legislación conllevó una pérdida de libertad. Esta pérdida afectó en gran mesura a grupos anteriormente aceptados que se convierten en minoritarios. Ejemplos hay muchos: judíos, pobres, musulmanes, herejes... Estos grupos minoritarios son diferentes a la mayoría por lo que se les excluye de la sociedad. No es de extrañar que en esta

atmósfera los gays fueran objeto de desconfianza y hostilidad que iba en aumento por la mayoría heterosexual. En la documentación se usa la palabra “sodomía” con connotaciones claramente negativas. Se equipara a los homosexuales con los musulmanes. Jacques de Vitry informa a sus lectores en su Historia Occidental que Mahoma, “el enemigo de la naturaleza, popularizó el vicio de la sodomía entre su pueblo, que abusaba sexualmente no sólo de ambos sexos, sino incluso de animales”. También se asocia a los gays con herejes. En las actas del tribunal de la Inquisición, creado a raíz de la cruzada contra los cátaros, se acusa a los herejes de sodomía y de pecar contra-natura. Esta analogía se daba seguramente porque los movimientos heréticos eran más comprensibles con los homosexuales o bien porque se etiquetaba como a herejes a los gays que se negaban a renunciar a sus preferencias eróticas. Esta ofensiva contra los gays se ve reflejada en el derecho. El siglo XIII es la época del redescubrimiento del derecho romano. El emperador alemán Federico II promulgó en el año 1231 las Constuticiones de Melfi para el reino de Sicilia. En ellas se condena con la muerte las desviaciones heréticas, la violación de monjas, se castiga severamente la trata de blancas y se protege específicamente a las prostitutas. No hay disposiciones en torno a las relaciones homosexuales, pero se especifica que para estos delitos actúen los tribunales eclesiásticos. 

Alfonso X, rey de Castilla escribe en las Siete Partidas sobre las relaciones gays: “Sodomítico dicen al pecado en que caen los homes yaciendo unos con otros contra bondat et costumbre natural. Et porque tal pecado como este nascen muchos males á la tierra do se face, et es cosa que pesa mucho á Dios con ella, et sale ende mala fama non tan solamente á los facedores, mas aun á la tierra do es consentido”. El mismo monarca escribe en el Fuero Real: “Que home codicia á otro por pecar con el contra natura: mandamos que cualesquier que sean, que tal pecado fagan, que luego fuere sabido que amos á dos sean castrados ente todo el pueblo”. En Francia y casi exactamente al mismo tiempo, la escuela jurídica de Orleáns daba a conocer un códice que incluía una síntesis de las dos leyes anteriores. Este código a diferencia de la mayoría de los reglamentos jurídicos del siglo XIII, menciona también la homosexualidad femenina. En Italia, varias ciudades habían empezado a redactar leyes civiles contra la homosexualidad. En el 1262 la ciudad de Siena promulgó una ley contra la homosexualidad. En esta ciudad se relaciona específicamente “sodomía” con “herejía”. Bolonia promulgó una ley para regular la homosexualidad en 1265. A mediados del siglo XIV las leyes contra la homosexualidad están vigentes también en Florencia y Peruggia. 

En el año 1250 el derecho noruego exigía la ilegalización definitiva de los hombres convictos de “sodomía”. Seguramente el capítulo dedicado a la homo sexualidad fue añadido posteriormente ya que recopilaba material jurídico anterior. El código islandés de la misma época, el Gragás, deriva del mismo prototipo noruego pero no prohibía la conducta homosexual. Seguramente porque no incluyeron la cláusula que incorporaron los noruegos. Ninguna de las recopilaciones jurídicas inglesas del siglo XII –The Laws of Henry the First y el Teatise on the Laws and Customs of the Kingdom of England– mencionaba la homosexualidad, aún cuando el primer código incluye leyes contra la fornicación, el adulterio y el aborto. Sin embargo un siglo después, coincidiendo con la expulsión de los judíos, se redactó un nuevo texto legal en que se castigaba severamente diversos tipos de desviación social y religiosa. Se condena de forma horrorosa a incendiarios, brujos, a los que se atrevían a tener relaciones sexuales con judíos, animales o personas de su mismo sexo. Estos últimos serían enterrados vivos como castigo. 


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LOS TEMPLARIOS, PONÇ HUG Y EDUARDO II 

Con el Corpus jurídico ya fijado empezó la represión propiamente dicha. Hay diversos juicios contra los homosexuales. Nosotros analizaremos tres de ellos: el juicio contra los templarios (1307), contra el Conde de Ampurias Ponç Hug (1311) y contra el rey de Inglaterra Eduardo II (obligado a abdicar en 1326). A lo largo del siglo XII los templarios murieron –posiblemente a miles– luchando por el cristianismo en el Oriente Medio. 

A finales de siglo, Tierra Santa se perdió irremediablemente e hizo que tanto los templarios como los cruzados perdieran su razón de ser. Fue aproximadamente en esta época cuando Felipe el Hermoso accedió al trono de Francia, ávido de dinero y tierras, y echó su ojo codicioso a la próspera orden templaria. En octubre de 1307, Felipe mandó arrestar a todos los templarios de Francia (seguramente unos dos mil) y empezó una campaña para desacreditarlos. Los cargos estaban brillantemente diseñados: sacrilegio, herejía y diversos tipos de rituales obscenos y de conducta homosexual. 

Se decía que los templarios estaban aliados con el demonio, que adoraban a Mahoma, que sodomizaban a los novicios entre otras acusaciones. Aunque en el Concilio de Viena (1311) se votó abrumadoramente contra la abolición de la orden, cosa que nos da a entender de la inocencia de los templarios el Papa Clemente V abolió la orden templaria de forma unilateral. Muchos templarios admitieron su culpabilidad debido a las torturas sufridas por los funcionarios franceses. El gran maestro Jacques de Molay mostró a los legados papales los brazos rotos y sin carne “en los que no quedaba otra cosa que huesos y nervios”. Con la disolución de los templarios Felipe incautó sus bienes y aumentó su fortuna personal. Ponç Hug V, conde de Ampurias entre los años 1277 y 1313, era vasallo del rey de Aragón Jaime II. Las relaciones con este monarca fueron muy tensas y las fricciones constantes. Debido al ataque producido contra una galera veneciana, a Ponç se le abrió un proceso judicial (1311). 

Los funcionarios reales recogieron el rumor que el conde practicaba la sodomía con su propio primogénito y con Pedro de Xesa. El dicho Pedro acabó asesinando al hijo del conde. El proceso nos cuenta como el conde sodomizaba por la noche al dicho Pedro y como este le traía muchachos para dormir con él. En el documento también se acusa al conde de herejía. El monarca invadió el condado por tierra y mar (1313) y obligó a abdicar a Ponç Hug en su segundo hijo Ponç VI. Así Jaime II acabó con un vasallo molesto y pacificó el condado de Ampurias. Piers Gaveston era el amante del príncipe y futuro rey de Inglaterra Eduardo II y fue exiliado por el rey Eduardo I, padre del anterior. Después de su coronación Eduardo II le mandó llamar, pero Gaveston fue exiliado nuevamente por el Parlamento. La condición gay del monarca era conocida en todo el reino. Decía la Crónica de Melsa que “en realidad, Eduardo gozaba desordenadamente con el vicio de sodomía y, al parecer, en su vida estuvieron ausentes la fortuna y la gracia”. La relación del rey con Gaveston duró trece años y le ofreció a este favores y riquezas. Finalmente Gaveston fue asesinado por los barones hostiles al rey. Otros amantes tuvieron el favor de Eduardo, pero su desatención al reino y sus inclinaciones sexuales hicieron que su esposa Isabel le desposara de su trono. Se cuenta que Eduardo fue asesinado mediante la inserción de un atizador al rojo vivo en el ano, cuando estaba con uno de sus amantes. 




A MODO DE CONCLUSIÓN

Hemos visto a lo largo del artículo como las mentalidades sobre la homosexualidad en la Edad Media iban cambiando. En el inicio de la Edad Media la homosexualidad es aceptada con algunas excepciones. Se desarrolla una “subcultura” gay, existe una literatura para y hecha por gays. No es hasta el siglo XIII cuando se empieza a legislar contra los homosexuales y las relaciones gays en casi toda Europa. Seguramente en contraposición con el Islam. Se tiende a pensar que la Edad Media es una época oscura de represión a las minorías. Esta afirmación es fácil de rebatir. La intolerancia y la represión han existido siempre: des de la persecución de los herejes en la Edad Media, pasando por la quema de brujas en la Edad Moderna hasta el antisemitismo del siglo XX. Esta situación se ve reflejada también contra los gays a lo largo de la Edad Media, con más o menos matices. Se tiende a pensar en la Edad Media como una unidad sin diferencias, un todo homogéneo.

 En este artículo vemos como esto no es así. No es igual la visión que se tiene de los gays en el siglo X que en el siglo XIV ni tampoco es la misma en territorio cristiano que en las zonas del Islam. Las ganas de uniformizar la sociedad y de evitar los elementos diferenciales y subversivos hicieron que en la Europa de los siglos XIII-XIV-XV se viviera una oleada de intolerancia. Esta intransigencia, tal y como hemos visto, podía desposeer a un rey o un noble de sus feudos. La intolerancia aumentó el dominio de los poderes fácticos: iglesia, nobleza y reyes y derivó en los estados absolutistas de época moderna e hizo desaparecer de la historia a todo aquel que no se ajustaba a los criterios de la ortodoxia. Entre estos estaban los herejes, brujas y homosexuales. 




PARA SABER MÁS 

AL-TIFASI: Esparcimiento de corazones. Madrid: Gredos. 2003. 
ARIÈS, Philippe: “Reflexiones en Torno a la Historia de la Homosexualidad”, en: Sexualidades Occidentales, 
Ph. Ariès, A. Béjin, M. Foucault y otros. Editorial Paidós: Buenos Aires, 1987, pp. 103 – 122.
BOSWELL, John: Cristianismo, tolerancia sexual y homosexualidad. Barcelona: Muchnik Editores. 1996. 
DESCHNER, Karlheinz: Historia sexual del cristianismo. Zaragoza: Yalde. 1993. MIRET I SANS, Joaquim: Sempre han tingut béch les oques. Barcelona: Altafulla. 2000.
OTIS-COUR, Leah: Historia de la pareja en la Edad Media. Madrid: Siglo XXI Editores. 2000. 
ROSSELLÓ, Ramon: Procés contra Ponç Hug, comte d’Empúries per pecat de sodomia. Palma: Lleonard Muntaner Editor. 2003.

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