La imagen de arriba pertenece a los santos Proto y Jacinto fueron dos mártires cristianos, cuya historia se asocia con la adelphopoiesis o ceremonia de hermandad espiritual (UNIÓN FISICA) entre dos hombres. el concepto homosexual no existía.
La adelfopoiesis ―o fraternitas iurata y ordo ad fratres faciendum― era una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas hasta el siglo XVI para «hermanar» o «unir espiritualmente» a dos personas del mismo sexo (habitualmente varones, aunque hay algún caso de mujeres).
Entre otros textos se leía este de San Pablo (un texto que no situa el amor con el objetivo de la procreación, ni cita la exclusividad hombre mujer)
"El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca. Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará. Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios. En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor."
En presencia del sacerdote o no, en la Edad Media en muchas ocasiones se trataba de un simple pacto en sagrado con la única (supuesta) presencia de dios. La promesa eran las palabras que Ruth realizó a Noemi (Ruth 1, 16-18)
¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras y allí seré sepultada. ¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!».
Para acabar se leía este salmo:
¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
Habitar los hermanos juntos en armonía!
En la historia o leyenda de Proto y Jacinto, la conexión entre ambos es porque el papa san Dámaso (304-384) dedicó unos bellos versos a estos supuestos mártires, encontrándose su sepulcro siglos después. En el trata a ambos mártires como hermanos.
Ambos fueron supuestamente martirizados en el siglo III en Roma. Los señalan como eunucos, pero esa época en Roma no era muy lógico que fueran santificados, salvo que "eunuco" fuera la referencia descriptiva del evangelio de Mateo "eunucos que los son de nacimiento".
En su hagiografía de les une a Eugenia de Egipto, como muchos casos de su época, se le asignó un marido al que no conocía, negándose a casarse, por eso se la considera virgen. Huyendo de casa vio un monasterio al que entró como hombre y acabó siendo el abad. Como suele suceder una "pérfida" mujer intentó seducirlo, lanzando falsas acusaciones al ser rechazada. Descubierto el engaño, fue juzgada y perdonada. Pero más tarde sufrió la persecución en tiempos de Galieno, con un martirio lleno de milagros, antes de ser degollada. Fue decapitada en Alejandría, y su cuerpo se encontró en Roma, Vía Latina... Varios siglos después.
Proto y Jacinto fueron ejecutados bajo la persecución del emperador Valeriano alrededor del año 257 por negarse a renunciar a su fe.
Son historias que las hagiografías cristianas le sacan mucho jugo, la realidad seguramente muy diferente e interesante, muchos de estos casos se crearon para dar ejemplo a los cristianos en una época que eran iconoclastas.
Los hermanamientos medievales fueron numerosos y pueden encontrarse en muchos gravados, pinturas y hagiografías, fruto de estos pactos de hermanamiento que a partir del siglo XIV se empezaron a señalar como hermanos de sangre, curiosamente antes no se señaló. Aun hoy señalar estos hermanamientos significa recibir todo tipo de descalificaciones, raramente argumentos.
La representación de estos hermanamientos se hace como muestra esta pintura de Pietro Perugino (1478) en el que vemos a San Roque enseñando una pústula, junto a san Romano, encima la imagen de Jesús bendiciendo la unión. (pinacoteca comunal de Deruta (Italia)



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