dimecres, 7 d’agost de 2019

ABENÁMAR, EL POETA QUE PUDO SER REY

"-¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería,
el día que tú naciste grandes señales había!"


Abū Bakr Muḥammad ibn ˁAmmār, también conocido como Abenámar (1031-1086), fue un poeta andalusí, amante del rey Al-mutamid y visir de la Taifa de Sevilla.



Gran jugador de ajedrez, de origen humilde, aventurero, poeta y conspirador enamoró al joven príncipe Al Mutamid mucho más joven. Una vez este fue rey, lo nombró taifa de Sevilla. Planeando la conquista de Murcia, fue enviado él por su amate, pero una vez ocupado el reino, Abenámar se nombró rey, rompiendo la confianza de su amante.

AL REY AL-MUTAMID

Te abrazaba la cintura tierna
bebía de tu boca el agua clara.

Yo me contentaba con lo permitido
pero tu querías aquello que lo no es.

Expondré aquello que ocultas:
Oh, gloria de la caballería ¡¡
defendiste las aldeas,
pero violaste a las personas. (
1)

Los excesos en el poder rebelaron a la población, marchando a Toledo donde conoció al leonés Alfonso VI, la leyenda dice que fue Abenámar quien convenció al conquistador de Toledo, para que no atacase Sevilla. Fue después de una partida de ajedrez. Su estada en esta ciudad duró poco, debió huir primero a Madrid, luego a Zaragoza donde fue recibido en olor de multitudes, allí conoció al célebre mercenario conocido como el Cid Campeador. Nombrado visir, pronto sus excesos con el vino y el sexo pusieron la población en contra suyo. Entonces escribió a su amante pidiendo clemencia:

...Al recordar el tiempo de mi juventud, es como si se encendiese
el fuego del amor en el pecho.
Aquellas noches en que no hacía caso de la sensatez del consejo
y seguía los errores de los alocados;
condené al insomnio a los párpados somnolientos
y recogí el tormento de las tiernas ramas...
.(1)



Pero enterado el rey de Sevilla de una nueva conspiración de su amante, mandó encerrarlo en una celda, allí lo ejecutó con sus propias manos.

Escogimos el jardín como vecino y nos visitaba con sus regalos
que traían las manos de las suaves brisas;
nos enviaba su aliento y se lo devolvíamos aún más perfumado,
y con más suave brisa;
la brisa, en su ir y venir, parecía una chismosa,
que llevase y trajese maledicencia;
el sol nos daba de beber.
¿Quién ha visto el sol en mitad de la negra noche, sino nosotros?


Ibn Ammar representa uno de los poetas andalusís que mejor dominaron el arte del gazal homoerótico. Por desgracia se le conoce más por un poema fronterizo del siglo XV, (hay confusión sei se refiere a él o a tro Abenamar) que su bellísima obra poética del siglo XI.


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