dimarts, 2 d’agost de 2022

LA TERRORÍFICA CÁRCEL REAL DE SEVILLA (1578-1616)

 A menudo se refiere a esta época como una de las más gloriosas de la historia de España, los que lo hacen olvidan los terribles miedos de gran parte de la población que por pensar, creer o amar distinto podía acabar en un pira de fuego tras horribles tormentos.

Auto de Fe en la Plaza San Francisco de Sevilla en 1660. A la derecha, las arcadas del Ayuntamiento, realizadas por Hernán Ruiz, las cuales desaparecieron en el siglo XIX. (Anónimo. Colección Particular. Iglesia de la Magdalena. Sevilla)



Pedro de Multes tenía solo 18 años cuando fue acusado de sodomía, fue llevado a la Cárcel Real de Sevilla al final del reinado de Felipe II. Allí los funcionarios le torturaron, como a tantos otros hasta que “con el fuego, con sus brazos y manos quemadas, confesó haber cometido el crimen”. Un magistrado lo condenó a muerte. Mientras el joven Multes ardía, sus muchas lágrimas y sollozos incontrolables causaron gran piedad entre los espectadores que habían sido testigos que se inducía al joven. (1)


Este testimonio nos ha llegado gracias al jesuita Fray Pedro de León, quien sirvió como capellán en la Cárcel Real de Sevilla entre 1578 y 1616. Este fraile, amigo de Cervantes, explicó en sus manuscritos como se sentía herido por la miseria en que vivían los presos entre piojos.


En sus manuscritos encontrados en 1981 intentaba dar una ojeada a la sociedad, “sin ánimo de que saquen conclusiones”, tal vez curándose en salud por si el manuscrito caía en manos poco aconsejables. En la sección “Apéndice de los ajusticiados” registró los nombres de los acusados, descripciones de las sentencias y de las ejecuciones presenciadas. (1) Veía con escándalo como las autoridades invocaban la pena de muerte y narraba con detalle los crímenes cometidos.


Reos quemados en la hoguera, inicios siglo XVI



En este terrible presidio habían vivido confinados hasta 1800 presos y presas. Otro fraile. Fray Cristóbal de Chabes, señalaba que la prisión era “la peor jaula de la tierra, un escenario que albergaba la enfermedad, el dolor, la tortura y la explotación. (1) En pocas palabras la ausencia total de cualquier forma de justicia.


El fuego formaba parte de un terrorífico espectáculo al que acostumbraban a asistir unas 15 personas. Según Pedro de León durante el tiempo que él estuvo allí “las autoridades seculares de Sevilla sentenciaron a muerte a 309 individuos, 48 de ellos fueron quemados por sodomía (1), diez mas ardieron el la pira procedentes de las colonias castellanas de Ultramar llevados por la Casa de Contratación.


La noche anterior fray Pedro escuchaba los lamentos y confesiones de los sentenciados a morir, antes de acompañarlos a los “quemaderos”. Después dejó escritos estos testimonios.  En estos manuscritos fray Pedro acuñó el término mariposa para referirse a los sodomitas, “son como mariposas porque éstas tentadas por la atracción de la llama, vuelan adelante y atrás acercándose al fuego, hasta que finalmente se queman en su totalidad” (1)


Quema de una hereje, 1571, gravado de Jan Luyken




  1. Garza, Federico. Quemando Mariposas, Sodomía e imperio en Andalucía y México. Editorial Laertes Los textos entrecomillados están sacados de este libro, el resto resume uno de sus capítulos.

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