dilluns, 20 de juliol del 2026

EL SULTÁN MAHMUD Y SU AMANTE MALIK, UNA HISTORIA DE AMOR ABSOLUTO.

 La historia del Sultán Mahmud de Ghazni y su amante Malik Ayaz es una de las relaciones amorosas más célebres y documentadas del mundo islámico medieval. Más allá del vínculo personal, su unión se convirtió en un mito literario en la poesía persa y la tradición mística sufí, simbolizando el amor absoluto y la lealtad ideal.

Mahmud de Ghazni recibe una túnica de honor ricamente decorada del califa al-Qadir en el año 1000. Miniatura del Jami‘ al-Tawarikh de Rashid al-Din. Biblioteca de la Universidad de Edimburgo.

Mahmud de Ghazni (971–1030) fue el gobernante más poderoso del Imperio Gaznávida, un vasto territorio que ocupaba los actuales Afganistán, Irán, Pakistán y el norte de la India. Durante sus campañas militares, la corte de Ghazni acumuló una gran riqueza y miles de esclavos.

Malik Ayaz era originario de Georgia. Llegó a la corte imperial como un joven esclavo (ghulam). En esa época, los esclavos militares y cortesanos de las regiones del Cáucaso y de Asia Central eran altamente valorados por su belleza física, su educación y su destreza. Como Malik, la mayoría no eran eunucos


Ayaz arrodillado ante el sultán Mahmud de Ghazni. Miniatura de un manuscrito del siglo XV  Biblioteca Británica, Londres.


A diferencia de otras relaciones cortesanas de la época que se mantenían en el secreto o la discreción, el amor del Sultán Mahmud por Ayaz era abiertamente conocido y celebrado en la corte. En la corte otomana era frecuente ver a los altos dignatarios que junto a su esposa o esposas, tambien tenían amantes masculinos.

Mahmud quedó cautivado no sólo por el físico de Ayaz, sino también por su inteligencia, perspicacia y una fidelidad incondicional. Esta profunda conexión permitió a Ayaz ascender rápidamente en la estructura de poder del imperio.

 Recibió el título de Malik (que significa rey o noble). También el sultán le nombró gobernador de la ciudad de Lahore (en el actual Pakistán). Como gobernador, Ayaz refundó y reconstruyó la ciudad, que había sido destruida por la guerra. Levantó una gran fortaleza de madera y una muralla defensiva, convirtiendo a Lahore en un próspero centro cultural y académico. Hoy en día, Malik Ayaz es recordado históricamente como el primer gobernante musulmán de Lahore.


Mahmoud y Ayaz, y Shah Abbas. El sultán (con túnica roja) está a la derecha, estrechando la mano del jeque, con Ayaz (con túnica verde) de pie detrás de él. La figura a su derecha es Shah Abbas I, quien reinó unos 600 años después.


Lo que realmente hizo inmortal la historia de Mahmud y Ayaz no fue la política, sino la literatura. Tras la muerte de Mahmud, los poetas persas empezaron a idealizar su relación. El ideal del amor cortés: Poetas como Ferdowsi o, más tarde, Saadi, utilizaban Mahmud y Ayaz como el prototipo del amante perfecto y el amado perfecto. Ayaz representaba el sometimiento voluntario y la belleza pura, mientras que Mahmud representaba el poder absoluto doblado ante el amor. Aqui un ejemplo:

El Sultán y el Espejo
Ante el trono de oro y la corona,
el bocado del mundo parecía escaso,
hasta que la noche trajo a Ghazni
la luna clara en el rostro de Ayaz.
¿Quién es el rey y quién el siervo?
El imperio rinde sus armas de acero,
pues Mahmud, que conquistó mil tierras,
cayó de rodillas ante un solo cabello.
No es oro lo que busca el monarca,
ni las gemas que adornan su mano;
su único tesoro es la mirada viva
de su herido y dulce esclavo.
En el mercado del amor se invierten los roles:
el soberano implora por un solo beso,
y el siervo, con gracia de seda,
gobierna el alma de su dueño preso.
Arden las perlas en el fondo del cofre,
pero el brillo del favorito las apaga;
bendito el amor que rompe las leyes
y en un solo pecho dos vidas arraiga.

Poeta traní, Rumi



El misticismo sufí adoptó la historia como una gran alegoría religiosa. En sus poesías, Mahmud representaba el Alma Humana (o el maestro) y Ayaz representaba a Dios (o el Amor Divino). La historia contaba cómo el rey del mundo (el sultán) se convertía voluntariamente en el esclavo del amor de su propio sirviente. Se decía que el vínculo de Ayaz con Mahmud no se basaba en la riqueza ni en el rango, sino puramente en la presencia de su amado. 

El Sultán Mahmud murió en el año 1030. Malik Ayaz le sobrevivió unos años, manteniendo su puesto de poder y gobernando Lahore con éxito hasta su propia muerte, en el año 1041. Es un lugar histórico respetado, que recuerda la figura del hombre que pasó de ser un esclavo extranjero a uno de los gobernantes más queridos y recordados de la región gracias al favor y amor de un sultán.


Malik Ayaz presentado al sultán


dimecres, 15 de juliol del 2026

GHULAM, GHILMAN, IRAN Y LA TRANSEXUALIDAD. O DE COMO EL CORÁN PREMIA A LOS HOMBRES JUSTOS CON BELLOS MUCHACHOS.

 

Según el Corán, los hombres justos al llegar al paraiso eran premiados con bellos efebos (ghulam) o hermosas muchachas (uries). Y podían disfrutar de ellos toda la eternidad.

Fath Alí Sah Kayar sentado en el Trono del Sol flanqueado por un príncipe, probablemente Abbas Mirza, y dos ghilman con su escudo y maza,

La diferencia entre ghulam y ghilman es puramente gramatical: ghulam es el término en singular (un solo sirviente o soldado) y ghilman es su plural (más de un sirviente o soldado) en lengua árabe. Tuvieron un papel sexual y homoerótico muy documentado tanto en la cultura de las élites del islam medieval como en las interpretaciones de la teología escatológica (del más allà)


Según el Corán eran jóvenes sirvientes inmortales del Paraíso. Según la tradición islámica, están destinados a atender a los musulmanes justos que logren el cielo, actuando como contrapartida masculina de las hurís. Su función era servir en todo, incluido en el sexo. Aunque hoy se les define como eunucos, no está claro que así fuera.

En el Corán, los ghilman son descritos como jóvenes servidores de eterna juventud que asisten a los creyentes en el paraíso, comparados por su belleza con "perlas esparcidas" (Sures 52:24, 56:17, 76:19). La ambigüedad nace de si su función en el paraíso es puramente servil o si incluye una dimensión de atracción o gratificación sexual, similar a la de las hurias femeninas. 




Eran los soldados y sirvientes esclavos de origen no musulmán que servían en los ejércitos y guardias califales (como en el Imperio safávida o la Abssida) desde el siglo IX hasta el XIX. Recibían entrenamiento especial y podían llegar a obtener la libertad o cuotas altas de poder. Podían ser soldados o formar parte del servicio personal, plenamente a disposición de los señores.

El texto sagrado no dice explícitamente que estos sirvientes celestiales tengan una función sexual (a diferencia de las hurís, las vírgenes femeninas celestiales). erótico. Históricamente, personajes de la ortodoxia religiosa utilizaban el argumento de: «¿Por qué no debemos desear a la Tierra lo que Dios nos promete en el Paraíso?» para justificar su atracción por los chicos. La ambigüedad abre el camino a muchas interpretaciones. 

Dos Ghulam (Ghilman) fumant amb pipa i amb la seva garrafa de vi, en posició amorosa



El ayatolá Ruholah Jomeini, líder de la Revolución Islámica de Irán, estableció una de las políticas estatales más singulares y controvertidas del mundo en materia de género: legalizó y financió las operaciones de cambio de sexo, convirtiendo la transexualidad en totalmente lícita (halal), mientras mantenía la pena de muerte para el homosexual.

Maryam Khatoon Molkara'


En el nombre del Todopoderoso. Si Dios quiere, la reasignación de sexo, si es recomendada por un médico de confianza, es permisible. Espero que estés bien y que las personas que has mencionado te traten bien" Ayatolá Jomeini a Maryam.

Antes de la revolución de 1979, Jomeini ya había escrito reflexiones teóricas sobre lo que el llamaba la intersexualidad. Sin embargo, el punto de inflexión real se produjo a mediados de los años 80 gracias a una mujer trans nombrada Maryam Khatoon Molkara.

Molkara llevaba años sufriendo persecución, detenciones y tratamientos forzados con hormonas masculinas. Consiguió eludir la seguridad y reunirse en persona con Jomeini. Le expuso que se encontraba atrapada en el cuerpo de un hombre y que su deseo de vivir como mujer respondía a su verdadera alma. Jomeini, conmovido por su testimonio y asesorado por médicos, determinó que su condición era una enfermedad del alma y del cuerpo, no un pecado.

La fatwa histórica (1983-1984) Jomeini emitió un edicto religioso (fatwa) que abría las puertas a la reasignación de género. Para el régimen chiíta, Dios sólo creó al hombre ya la mujer. La ambigüedad o la transición se ven como un error médico o de nacimiento que debe «corregirse» mediante la cirugía. La fatwa estipula que si el alma de una persona pertenece al género opuesto a su cuerpo, la operación es una herramienta médica legítima para volver a la armonía divina.

A pesar de contar con el amparo legal de la fatwa de Jomeini, las personas trans en Irán sufren en la práctica un fuerte estigma social, discriminación laboral ya menudo el abandono de sus propias familias. Aunque el mundo del espectáculo es elcobijo de estas mujeres.



dimecres, 8 de juliol del 2026

SOLIMÁN EL MAGNÍFICO E IBRAHIM PASHA, UNA HISTORIA DE AMOR TRÁGICA

La historia de amor entre estos dos hombres, se produje en la época de máximo esplendor del Imperio Otomano. La muerte del Gran Visir, el inicio de su decadencia.




Suleimán el Magnífico (1494–1566) fue el décimo y más duradero sultán del Imperio otomano, gobernando desde 1520 hasta su muerte. Llevó al imperio a su máximo apogeo territorial, militar y cultural, expandiendo sus dominios por Europa, Asia y África. Pargalı Ibrahim Pasha fue el Gran Visir del Imperio Otomano y la mano derecha del sultán Solimán el Magnífico. De origen esclavo, se convirtió en el hombre más poderoso del imperio antes de ser ejecutado en 1536 debido a intrigas palaciegas. 

El sultán Solimán "el Legislador" ordenó ejecutar su gran visir y amante, Ibrahim Pasha, por estrangulamiento en manos de verdugos mudos en el Palacio de Topkapi. (s XVI). Había jurado a Ibrahim que nunca le mataría mientras él estuviera vivo. Para romper el juramento, sin faltar a su palabra, el líder religioso del imperio emitió una fatua: "La vida es conciencia; cuando el Soldán duerme, no está vivo". Por ese motivo, la ejecución se planeó para la noche. El sultán le invitó a cenar, y al irse a dormir, los verdugos realizaron su trágico trabajo. 

Ibrahim Pasha



Compartían un vínculo íntimo profundo, durmiendo en la misma cama, viviendo juntos un romance que no extrañó a nadie. Pero Ibrahim acumuló tanto poder que empezó a llamarse a sí mismo "Sultán Serasker" ante los diplomáticos, declarando que él controlaba el imperio y que Solimán sólo firmaba lo que él decidía. Esto se vio como una amenaza directa a la autoridad de un soberano también con un ego desbordado.

 La legendaria esposa legal de Solimán, Hürrem Sultan, veía a Ibrahim como el mayor obstáculo para el futuro de sus propios hijos, y sus propios intereses. ya que el visir apoyaba abiertamente al hijo primogénito de Solimán, el príncipe Mustafá. Hürrem alimentó meticulosamente la paranoia del sultán recordándole cada muestra de soberbia de Ibrahim. 

Durante la campaña militar contra el Imperio Safávida, Ibrahim ordenó la ejecución del tesorero real. Antes de morir colgado, éste acusó a Ibrahim de robar fondos del Estado, una acusación que atormentó la mente del sultán. 

La muerte de Pasha en 1536 marcó un antes y un después absoluto en la vida de Solimán. Pasó de ser un monarca accesible, abierto y soñador en convertirse en un hombre profundamente desconfiado, melancólico y aislado. 

Hürrem Sultan


La paranoia sembrada con la muerte de Ibrahim encontró su punto culminante 17 años más tarde con el muerte de su propio hijo primogénito, el príncipe Mustafá.

 Durante una campaña militar en Anatolia, Mustafá fue llamado a la tienda de campaña de su padre. Aunque le advirtieron que era una trampa, el príncipe entró confiando en el amor de Solimán. Al cruzar la entrada, no encontró a su padre, sino a un grupo de verdugos mudos (el mismo método que con Ibrahim). Solimán observaba la escena detrás de una cortina mientras Mustafá luchaba por su vida hasta ser estrangulado con un cordón de seda. 

Solimán, que escribía poesía bajo el seudónimo de Muhibbi (El Amante), dedicaba versos apasionados a la belleza, la lealtad y la presencia de Ibrahim. Aunque en la literatura sufí y otomana el amor entre hombres se utilizaba a menudo como una metáfora mística o platónica, la línea con el amor romántico era muy fina.

 "Mi amigo más sincero, 
mi confidente, mi existencia misma, 
mi sultán, mi único amor.
 Lo más bello entre los bellos... 
Mi primavera, mi amor de cara alegre, mi día, mi querido, hoja risueña..." (Poema del sultán Solimán sobre Ibrahim).



"Mi vida es tan dura sin ti.
Siempre te imagino observándome desde un árbol en el jardín 
y eso me avergüenza.

Me aferro a la leve esperanza 
mientras sueño con una isla en los mares. 
No quiero regresar.

Solo quiero vivir el resto de mi vida en esa isla,
 alejada de las reglas y los tabúes
Esta es la isla en la cual los gorriones se enamoran de las flores 
y las flores también aman a los gorriones." (carta a Ibrahim Pasha)


 A diferencia de Solimán, de quien no se conocen otros favoritos masculinos, el concepto de amante masculino era muy común en el imperio: Em la identidad otomana existía el término gulampare para definir a los hombres que amaban o deseaban a otros hombres (especialmente jóvenes sin barba llamados emred). Estas relaciones no se organizaban por "orientación sexual" sino por roles de poder (activo/pasivo). 




Otros sultanes con pruebas más claras: Historiadoras especializadas en género y el Imperio Otomano señalan que sultanes como Mehmed II (el Conquistador) con Racu, hermano de Vlad el Empalador (Drácula) o Murad IV tuvieron relaciones homosexuales y bisexuales mucho más explícitas su vida amorosa posterior completamente en Hürrem Sultan.





Ibrahim también escribió poemas para el sultán:


¿Qué significa regresar?
El hombre es quien regresa.
¿A qué lugar regresa?
¿Podemos regresar al pasado?, ¿es posible?
Regresar por ti no es un deseo,
es una necesidad.
Ibrahim