dimecres, 15 de setembre de 2010

LUIS CERNUDA, Entre la realidad y el deseo.

Nace en Sevilla, el 21 de septiembre de 1902. Estudia Derecho en la Universidad de esta ciudad, donde se contacta con Pedro Salinas y Manuel Altolaguirre.

En 1927, publica sus primeras poesías “Perfil de aire”, puras y elegantes. En 1928, “Égloga, elegía, oda”, en estilo clásico y romántico.
Reconoce su condición de homosexual, lo que le vale severas críticas de la sociedad de su época. Sin embargo, a su amor no correspondido, Serafín le dedica los libros: “Donde habite el olvido”, (1934), un libro neorromántico, con gran influencia de Bécquer, donde revela angustiosamente su frustración por un amor no correspondido. “Placeres prohibidos”, se escribe en defensa abierta a la homosexualidad y de carácter surrealista.
En 1936, poco antes de estallar la Guerra Civil,  interviene en el homenaje a Valle Inclán y publica la primera edición de su obra poética completa hasta entonces, bajo el título de La realidad y el deseo. Se entera del asesinato de Federico García Lorca y le escribe una sentida elegía "A un poeta muerto (F. G. L.)", cuyos dos últimos párrafos fueron censurados. Pasó dos meses como agregado de la Embajada Española en París y vuelve a Madrid, donde se alista en el Batallón Alpino; con él es enviado a la Sierra del Guadarrama. En abril de 1937 se traslada a  Valencia, donde colabora con Hora de España y publica la citada elegía a Lorca; participa allí en el II Congreso de Escritores Antifascistas, donde conoce a Octavio Paz.


 
Despues viene el exilio, Inglaterra, Estados Unidos y finalmente México donde le sorprende un nuevo amor, Salvador Alighieri,al que le dedica “Poemas para un cuerpo”, donde aparece ese sentimiento como experiencia feliz.También la muerte, lo espera en ese terruño, poniendo fin a su existencia el 5 de noviembre de 1963.

DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

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