dimecres, 29 de setembre de 2010

SAFO DE LESBOS. ODA A AFRODITA.

Safo de Lesbos fue una poetisa que vivió entre los siglos VI y VII en la isla de Mitilene. Perteneció a la "Casa de las servidoras de las musas" donde se cree se enamoró de sus discípulas. No se tienen datos biográficos de ella, solo algunos poemas, fragmentos de otros y referencias de otros autores que la citan.
Safo, Pompeya.
Safo ha adquirido el nombre de la "décima musa"por su resonancia e importancia dentro del mundo de la poesía.  De su producción literaria son pocos los fragmentos que se han podido rescatar, entre ellos, la Oda a Afrodita:

¡Tú que te sientas en trono resplandeciente,
   inmortal Afrodita!
¡Hija de Zeus, sabia en las artes de amor, te suplico,
   augusta diosa, no consientas que, en el dolor,
   perezca mi alma!
Desciende a mis plegarias, como viniste otra vez,
   dejando el palacio paterno, en tu carro de áureos atalajes.
Tus lindos gorriones te bajaron desde el cielo,
   a través de los aires agitados por el precipitado batir de sus alas.
Una vez junto a mí, ¡oh diosa!, sonrientes tus labios inmortales,
   preguntaste por qué te llamaba, qué pena tenía,
   qué nuevo deseo agitaba mi pecho,
   y a quién pretendía sujetar con los lazos de mi amor.
Safo, me dijiste, ¿quién se atreve a injuriarte?
   Si te rehuye, pronto te ha de buscar;
   si rehusa tus obsequios, pronto te los ofrecerá él mismo.
Si ahora no te ama, te amará hasta cuando no lo desees.
¡Ven a mí ahora también, líbrame de mis crueles tormentos!
¡Cumple los deseos de mi corazón, no me rehuses tu
   ayuda todopoderosa!



Safo, Edouard-Henri Avril
Su poesía sirvió de fuente de inspiración a diversos poetas latinos como el propio Horacio. En 2004 fueron hallados nuevos fragmentos de Safo, que amplían y mejoran sustancialmente uno de los que ya se existían de ella. En este nuevo fragmento ampliado, Safo se lamenta del paso de tiempo y plasma de forma magistral los efectos de la vejez en su cuerpo y carácter.

 Tengo una linda niña
Con la hermosura
De las flores de oro,
Cleide, mi encanto,
Por ella yo daría
La Lidia entera y mi tierra querida

No llores, Cleide,
Donde se honra a las musas
No se permiten frenos,
En nuestra casa no sientan bien.
Safo, Simeón Solomon.



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No llores
, en nuestra casa no sientan bien.

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