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diumenge, 30 d’agost del 2026

SAN ANSELMO, PASIÓN Y DESEO HOMOERÓTICO

 San Anselmo de Canterbury (1033-1109) fue un monje benedictino que ejerció como arzobispo de Canterbury durante el periodo 1093-1109. Destacó como teólogo y filósofo escolástico y por sus apasionadas cartas de amor a otros monjes de su época.




La cuestión de las relaciones homoeróticas de San Anselmo de Canterbury es un tema de debate histórico y filológico que gira en torno a las apasionadas cartas de amor y amistad que escribió a otros monjes. Mientras que algunos historiadores modernos interpretan sus escritos como evidencia de una orientación o inclinación homosexual,  los medievalistas más conservadores sostienen que reflejan una tradición de "amistad monástica espiritual" y un ideal puramente platónico, como en todos los casos en que se puede evidenciar una relación de este tipo.

Anselmo dejó un extenso epistolario (472 cartas) de su época en la abadía de Bec y como arzobispo. Muchas de ellas están dirigidas a jóvenes monjes y discípulos —como Lanfranco u Osberno— utilizando fórmulas extremadamente afectuosas como dilecto dilectori ("al amado amante"). En ellas abundan frases de fuerte carga emocional, tales como: "Allí donde vayas te seguirá mi amor, y allí donde yo esté mi deseo te abrazará"

En 1980, el historiador de la Universidad de Yale, John Boswell, publicó el influyente libro Christianity, Social Tolerance, and Homosexuality. Boswell argumentó que las cartas de Anselmo muestran una inclinación homosexual romántica. Su época representó el "último florecimiento del amor homosexual" tolerado en el entorno eclesiástico antes de las severas persecuciones del siglo XIII.



Como prueba de su tolerancia, se cita que en el Concilio de Londres de 1102, Anselmo bloqueó la publicación de decretos punitivos severos contra la sodomía, argumentando que la práctica estaba tan extendida que muchos la cometían sin plena conciencia de su gravedad, prefiriendo la guía espiritual al castigo.

Otro historiador,  McGuire sugiere que, si bien Anselmo pudo tener una orientación o atracción latente hacia los hombres (visible en su profundo duelo por la muerte de su estudiante Osberno), canalizó toda esa energía de forma puramente espiritual, sublimándola en la teología y la pedagogía monástica. Lo cierto es que aun se tardó más de 100 años en prohibir que los monjes durmieran acompañados.

El análisis que John Boswell realiza sobre las cartas específicas de San Anselmo de Canterbury no se limita a citar frases aisladas, sino que desglosa el lenguaje, los destinatarios y la estructura de la correspondencia para demostrar lo que él considera una expresión abierta de amor romántico entre hombres. Según él, Anselmo utiliza de forma sistemática y consciente términos que, tanto en el latín clásico como en el medieval, denotaban pasión y deseo, y no mera cortesía institucional. Observa que el monje juega con las palabras dilectus (amado) y dilector (amante) o amator. Para Boswell, esta insistencia en llamarse mutuamente "amantes" supera el protocolo de la fraternidad monástica.

También resalta cómo Anselmo describe el dolor de la separación física mediante metáforas corporales. En varias cartas, Anselmo escribe que la ausencia de su amigo le causa una "herida en el corazón" o que desea "abrazar" y "besar" al destinatario, expresiones que Boswell interpreta como un reflejo de un deseo romántico genuino.  



 En una de las correspondencias más intensas, Anselmo le escribe a A Gondulfo (futuro obispo de Rochester):

Cuando me viene a la mente tu conciencia de mi amor por ti, y mi conciencia de tu amor por mí... mi corazón se conmueve... No te pido que me ames más de lo que ya lo haces, sino que te aseguro que mi amor por ti no disminuirá".

Al joven Lanfranco, en otra carta, Anselmo expresa una devoción absoluta que Boswell categoriza como enamoramiento:

"Tú sabes cuánto te amo, pero yo no lo sé. Tú sabes cuánto me extrañas cuando estás lejos, pero yo sé cuánto te extraño yo a ti... Mis ojos desean ver tu rostro, mis brazos se extienden para abrazarte".

El análisis del vínculo de Anselmo con Osberno, un joven monje rebelde al que Anselmo logró reformar y del que se volvió inseparable, es fundamental para Boswell. Cuando Osberno muere prematuramente, Anselmo escribe cartas a sus amigos pidiendo que recen por el alma del joven, pero lo hace con un tono de devastación personal.

A otro monje escribió:

Allí donde vayas te seguirá mi amor, y allí donde yo esté mi deseo te abrazará ... Entonces, ¿cómo podré olvidarte? ¿Cómo eliminar de mi memoria al que está impreso en mi corazón como un sello en la cera? Sin que digas una sola palabra, sé que me amas, y sin decir yo una sola palabra, sabes que te amo. // ¿Qué podrá mostrarte una carta mía que tú no conozcas ya, mi alma gemela? Ve a la más recóndita cámara ... de tu corazón y contempla la devoción de tu verdadero amor; entonces conocerás el amor de tu verdadero amigo.




A pesar de estas evidencias,  los medievalistas tradicionales lo entienden desde la perspectiva de la intensa paternidad espiritual y pedagógica que Anselmo ejercía sobre sus discípulos. Nada nuevo.


MÁS



Boswell, John, Christianity, Social Tolerance, and Homosexuality. Boswell

Nortor, Ricton. The Great Queers of History

divendres, 31 de juliol del 2026

LA POESÍA HOMOERÓTICA DEL POETA PERSA RŪMĪ

Rumi es uno de los poetas más queridos, respetados y leídos en el Irán actual. Aunque nació en la región histórica del Khorasan y vivió en la actual Turquía, escribió casi toda su obra en lengua persa, lo que le convierte en un pilar fundamental de la identidad cultural iraní. El 30 de septiembre, Irán celebra el dia dedicado al poeta Rumí. 
Shams y Rumí juntos, rodeados de muchachos


Su obra es claramente homoeròtica. Su relación con Shams de Tabriz fue el gran amor de la vida de Rumi, su inspiración absoluta, fue Shams, que era un hombre mayor y un derviche errante (no un joven). Su unión fue conocida como "el amor de los santos". Tras la desaparición de Shams, Rumi encontró a un nuevo compañero espiritual en Salah al-Din, un orfebre que tampoco era un chico joven, sino un hombre maduro y sencillo. 

“Las lágrimas.”
Las lágrimas húmedas
son el lenguaje
del arrepentido.


Hay palabras
que no alcanzan.
Entonces hablan
los ojos.
Y, a veces,
una lágrima sincera
dice más
que un largo discurso.

Jalal al-Din Rumi fue un maestro sufí. Antes, Rumi era un prestigioso jurista y teólogo suní. El encuentro con el derviche errante Shams de Tabriz transformó profundamente su vida espiritual y su obra. A partir de ese momento, abandonó la enseñanza para dedicarse a la poesía mística, unido siempre a su amante. La muerte de Shams inspiró a miles de poemas donde Rumi habla de su amado con una intensidad extraordinaria. Hoy es uno de los grandes poetas populares en Irán.


Jalal al-Din Rumi, fundador de la Orden de los Cerviches Giratorios, mostrando su amor por su joven discípulo Hussam al-Din Chelebi. c

La ambigüedad intencionada y la ausencia de determinantes (artículos) son recursos clave en la poesía mística del autor persa Jalal al-Din Rumi, diseñados para difuminar los límites terrenales y expandir el significado espiritual. En el idioma persa clásico (farsi), la estructura gramatical carece de artículos definidos masculinos o femeninos, lo que genera un vacío lingüístico que Rumi aprovecha para crear una poesía universal y sin etiquetas. 


Sin ti, el jardín es espinas.
Sin tu rostro, la primavera es invierno.
Ven, porque sin ti
ni mi alma conoce su camino.

Bésame una vez más,
amigo de rostro de luna;
que tu aliento
resucite ese corazón muerto.


Algunos expertos sostienen que la relación con Shams tenía una dimensión amorosa profundísima, expresada con un lenguaje claramente homoerótico. Otros remarcan que ese lenguaje era habitual en la poesía sufí, que simbolizaba la unión con Dios. Muchos consideran que ambas lecturas no se excluyen: el deseo humano podía convertirse en el vehículo para hablar de la experiencia mística.

Este poema me recuerda mucho a Ramon Llull (A L'AMANT)


El amante no busca recompensa.
Sólo desea
la mirada del amado.
Cuando el amado aparece,
el mundo desaparece.
Cuando el amado habla,
mil libros permanecen mudos.
Cuando el amado sonríe,
el corazón se convierte en un jardín.
Quien ha probado ese amor
ya no volverá a ser lo mismo.


Ramon Llull escribe: «El amigo buscaba su amado por montañas y valles; preguntaba a las bestias ya los pájaros si le habían visto.» O bien: «El amigo lloraba, y las lágrimas eran mensajeras del amado.» Este tipo de imágenes recuerdan mucho a Rumi, que también convierte la búsqueda de Dios en una historia de amor apasionada






EL CLAMOR DEL AMANTE AL AMADO

Mi espalda se ha quebrado bajo el peso de mis pensamientos.
Amado mío, ven y acaricia mi cabeza con misericordia.
La palma de Tu mano sobre mi cabeza me concede descanso;
Tu mano es signo de Tu generosa providencia.
No apartes Tu sombra de mi cabeza.
Estoy afligido, afligido, profundamente afligido.
El sueño ha abandonado mis ojos
por el anhelo que siento por Ti,
oh, Envidia de los cipreses.
Toma mi vida; Tú eres la Fuente de la Vida.
Lejos de Ti, me cansa incluso vivir.
Soy un amante conocedor de la locura de los amantes;
estoy cansado del saber y de la razón.



En Yalal ad-Din Muhammad Rumi aparecen con frecuencia imágenes de jóvenes de extraordinaria belleza. En la tradición sufí, esa belleza suele funcionar a la vez en dos niveles: puede leerse como la belleza humana concreta y, al mismo tiempo, como reflejo de la Belleza divina. Esa ambigüedad es una de las características de su poesía.

Algunos pasajes especialmente representativos son:

"Ven, hermoso muchacho,
no dejes mi alma en la confusión.
Tu rostro es el jardín donde florece la primavera,
tus labios son el vino que devuelve la vida."

En otro poema dice:

"Cada vez que veo tu rostro juvenil,
el mundo entero rejuvenece.
¿Cómo podría apartar los ojos
de una belleza que Dios mismo ha creado?


Y en un célebre gazal del Diván de Shams escribe:

"¿Quién es ese joven que ha entrado en la taberna?
Con una sola mirada
ha robado la razón de todos los sabios."


También encontramos versos como:

"El joven de rostro de luna pasó junto a mí;
mi corazón dejó de pertenecerme.
No preguntes qué religión profeso:
desde entonces pertenezco a su belleza."

NOTA:

Hay un detalle interesante: las miniaturas antiguas no suelen representarlos como una pareja afectiva en sentido moderno. Los muestran conversando, contemplándose o compartiendo una experiencia mística. Sin embargo, los artistas enfatizan la intensidad de su vínculo mediante gestos, la proximidad física y símbolos como árboles entrelazados, jardines o la luz solar (Shams significa literalmente "Sol"), jovenes disfrutando de su conversación, tocando música e incluso disfrutando del vino.




dijous, 23 de juliol del 2026

EL LIBRO DE BUEN AMOR... HETEROSEXUAL

 El Libro de buen amor, obra cumbre del mester de clerecía escrita por Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, en el siglo XIV, no contiene alusiones explícitas, escenas ni defensas de la sodomía o de las relaciones homosexuales. A diferencia de otras tradiciones literarias medievales o de la literatura clásica posterior, el autor construyó un universo poético marcadamente heterosexual donde el deseo carnal (el "loco amor") se dirige de manera sistemática hacia las mujeres.Sin embargo, el tema despierta gran interés en los estudios críticos debido a los silencios deliberados del autor, su contexto histórico y algunas lecturas contemporáneas en clave de género.




La exclusión del "amor entre varones" según el hispanista Daniel Eisenberg aborda este fenómeno en su ensayo crítico titulado El buen amor heterosexual de Juan Ruiz. Sus principales conclusiones son: Silencio absoluto, pues el Arcipreste no menciona la homosexualidad o la "garzonía" (atracción hacia muchachos jóvenes), ni siquiera con un propósito moralizante o condenatorio. Es una estrategia de omisión? puede ser, en la Edad Media, el tabú en torno a la sodomía —denominada jurídicamente por las leyes de Alfonso X como un delito grave— llevaba a los autores eclesiásticos a evitar nombrarla. El temor radicaba en que su simple mención pudiera actuar como un incentivo o divulgación del pecado nefando.La lujuria era exclusivamente heterosexual: 

Cuando Juan Ruiz enumera y parodia los pecados capitales, o cuando relata los excesos mundanos de don Carnal frente a doña Cuaresma, enfoca el vicio sexual de forma exclusiva en el deseo masculino por la carne femenina (dueñas, monjas o serranas).

Para comprender la ausencia del tema en la obra, es vital entender el contexto legal y social en el que escribía el Arcipreste de Hita.  La legislación de la Corona de Castilla estipulaba que las relaciones anales o actos contra natura —la sodomía— eran castigados con la pena de muerte y la confiscación de bienes. El estigma de la época asimilaba estos actos a la herejía. Un arcipreste católico, al proponer una guía (irónica o real) sobre el "buen amor" frente al "loco amor", limitaba sus ejemplos profanos a transgresiones comunes y menos castigadas, como el amancebamiento o el galanteo




Aunque no existan relaciones homosexuales en la trama, la crítica literaria de la corriente queer ha encontrado elementos de subversión de roles de género en el texto, publicados en monografías como Sexualidades raras y políticas extrañas de Traficantes de Sueños. Los encuentros del protagonista con las serranas (como la Chata de Malangosto) presentan a mujeres hipermasculinizadas que asumen un rol activo, dominante e incluso agresivo. Estas mujeres montañesas secuestran, cargan a hombros y someten sexualmente al narrador, rompiendo los esquemas tradicionales del amor cortés y de los géneros binarios de la sociedad medieval.


LA CELESTINA Y EL LAZARILLO


A diferencia del Libro de buen amor, tanto en La Celestina (1499) como en el Lazarillo de Tormes (1554) la sodomía y el homoerotismo sí aparecen de forma latente a través de códigos sutiles, elipsis y dobles sentidos muy claros para los lectores de la época.

Al tratarse de textos de un realismo crudo y urbano, los autores recurrieron a la insinuación poética para sortear la censura de la Inquisición, que castigaba el "pecado nefando" con la hoguera.




El caso más evidente de la literatura del Siglo de Oro se encuentra en el brevísimo Tratado Cuarto del Lazarillo. En apenas unas líneas, la novela condensa una fortísima insinuación de abuso sexual o iniciación homosexual:

 Lázaro entra al servicio de un fraile a quien define como "perdido por andar fuera" y "amicísimo de negocios seglares". El niño rompe allí sus primeros zapatos. El tratado termina de golpe con la frase: «Y por esto, y por otras cosillas que no digo, me salí dél».El código de los "zapatos rotos": 

La crítica literaria contemporánea (como los estudios de José Manuel Pedrosa o B. Sifuentes Jáuregui) señala que en el argot popular del siglo XVI, "romper zapatos" era una metáfora común para la actividad sexual o la pérdida de la virginidad.La elipsis deliberada: Las "cosillas que no digo" constituyen un silencio impuesto por el miedo al Santo Oficio. De hecho, debido al fuerte anticlericalismo y la velada sugerencia de sodomía clerical, este capítulo fue censurado por completo en el Lazarillo castigado de 1573.

En la obra de Fernando de Rojas, la sexualidad y la prostitución saturan el relato. Aunque la trama central gira en torno al deseo heterosexual de Calisto y Melibea, existen dinámicas homoeróticas latentes analizadas por los estudios de género actuales.  Diversos ensayos, como «Contra natura» muestran a Celestina y su inclinación hacia su propio sexo, destacan el marcado deseo de control, fascinación y goce físico que la alcahueta experimenta hacia el cuerpo de las prostitutas jóvenes (Elicia y Areusa). Celestina toca, contempla y describe los cuerpos femeninos con una lascivia que sobrepasa el mero interés comercial.

 En el plano teórico de la época, la sodomía no se ligaba solo a la orientación, sino al binomio dominación/sumisión. Como explica la investigadora Simona Simeonova, en los círculos de la servidumbre y el lupanar de la obra se verbalizan relaciones de poder donde el cuerpo del hombre pasivo o sometido se "feminiza" metafóricamente mediante insultos y dinámicas de subordinación.




POESIA CASTELLANA


En la poesía castellana de los siglos XV y XVI, la sodomía y las relaciones homosexuales aparecen de forma recurrente, pero casi exclusivamente bajo el velo de la sátira feroz, el insulto político o la imprecación moral. Mientras que la literatura hispanoárabe previa celebraba abiertamente el homoerotismo, la lírica castellana de la transición al Renacimiento supeditó el tema a la degradación del enemigo.

Cualquier asomo de deseo o acto homosexual en este periodo se abordaba a través de  vertientes literarias muy claras. La poesía de Cancionero (Siglo XV): Era el arma de la injuria. En las antologías cortesanas del siglo XV, como el Cancionero de Baena (hacia 1430) o el posterior Cancionero de obras de burlas provocantes a risa (1519), la acusación de sodomía era un recurso satírico común para destruir la reputación de rivales políticos, literarios o de conversos.


Un niño víctima de abuso, tal vez muerto, mientras los más jóvenes se burlan de él Obra maestra de Murillo


El insulto explícito, los poetas se atacaban acusándose mutuamente de ser "bujarrones" (sodomitas activos) o de practicar el "pecado nefando".Las Coplas de la Panadera y las Coplas del Provincial, eran una populares sátiras políticas anónimas de mediados del siglo XV atacaban la corrupción de la corte de Juan II y Enrique IV de Castilla. En sus versos se denuncia nominalmente a nobles y clérigos tanto por impotencia como por mantener relaciones sexuales con sus pajes o criados, usando la sodomía como sinónimo de ilegitimidad para gobernar.


LITERATURA CATALANO-VALENCIANA


En la poesía catalano-valenciana medieval y renacentista, especialmente durante el Siglo de Oro valenciano (siglo XV), muestra un panorama respecto a la sodomía y las relaciones homosexuales con una dualidad fascinante.   La poesía satírica, coloquial y de debate de la época —de la cual Valencia fue el gran epicentro europeo— abordó la homosexualidad de forma descarnada, explícita y con una libertad erótica muy superior a la de la lírica castellana de su tiempo.

En la escuela satírica valenciana, cuyo máximo exponente es Jaume Roig con su célebre obra en verso Espill (o Llibre de les dones, c. 1460). Una obra misogina y sobre "vicios ocultos".  Es una feroz sátira misógina en versos de cuatro sílabas (noves rimes). Al enumerar los supuestos vicios irremediables de las mujeres, Roig no solo ataca su codicia o lujuria heterosexual, sino que introduce acusaciones explícitas de homosexualidad femenina (lesbianismo) y prácticas aberrantes en los conventos de monjas, describiéndolas como contrarias a la naturaleza y a la reproducción.




En el submundo que retrata Roig —marcado por una Valencia cosmopolita, rica y pecaminosa—, la sodomía masculina entre miembros del clero y la burguesía es denunciada no con el lenguaje elíptico castellano, sino con un crudo realismo que buscaba provocar repulsión moral en el lector.

Valencia era en el siglo XV la ciudad más poblada de la Corona de Aragón y una de las capitales comerciales del Mediterráneo. Esta riqueza propició una corriente de poesía satírica y de burlas sumamente desinhibida. En los certámenes poéticos y pasquines de la época, los poetas valencianos se cruzaban insultos rimados acusándose de reconeixents (término de la época para los sodomitas pasivos) o de frecuentar los baños públicos con hombres jóvenes.

 Esta fijación poética con la sodomía respondía a un clima de intensa persecución real. Los tribunales civiles de Valencia (el Justícia Criminal) castigaban con extrema dureza el "pecado nefando". Entre 1400 y 1500, decenas de hombres fueron quemados vivos en los márgenes del río Turia por prácticas homosexuales. La poesía de la época actuaba a menudo como caja de resonancia morbosa de estos ajusticiamientos públicos.



dilluns, 20 de juliol del 2026

EL SULTÁN MAHMUD Y SU AMANTE MALIK, UNA HISTORIA DE AMOR ABSOLUTO.

 La historia del Sultán Mahmud de Ghazni y su amante Malik Ayaz es una de las relaciones amorosas más célebres y documentadas del mundo islámico medieval. Más allá del vínculo personal, su unión se convirtió en un mito literario en la poesía persa y la tradición mística sufí, simbolizando el amor absoluto y la lealtad ideal.

Mahmud de Ghazni recibe una túnica de honor ricamente decorada del califa al-Qadir en el año 1000. Miniatura del Jami‘ al-Tawarikh de Rashid al-Din. Biblioteca de la Universidad de Edimburgo.

Mahmud de Ghazni (971–1030) fue el gobernante más poderoso del Imperio Gaznávida, un vasto territorio que ocupaba los actuales Afganistán, Irán, Pakistán y el norte de la India. Durante sus campañas militares, la corte de Ghazni acumuló una gran riqueza y miles de esclavos.

Malik Ayaz era originario de Georgia. Llegó a la corte imperial como un joven esclavo (ghulam). En esa época, los esclavos militares y cortesanos de las regiones del Cáucaso y de Asia Central eran altamente valorados por su belleza física, su educación y su destreza. Como Malik, la mayoría no eran eunucos


Ayaz arrodillado ante el sultán Mahmud de Ghazni. Miniatura de un manuscrito del siglo XV  Biblioteca Británica, Londres.


A diferencia de otras relaciones cortesanas de la época que se mantenían en el secreto o la discreción, el amor del Sultán Mahmud por Ayaz era abiertamente conocido y celebrado en la corte. En la corte otomana era frecuente ver a los altos dignatarios que junto a su esposa o esposas, tambien tenían amantes masculinos.

Mahmud quedó cautivado no sólo por el físico de Ayaz, sino también por su inteligencia, perspicacia y una fidelidad incondicional. Esta profunda conexión permitió a Ayaz ascender rápidamente en la estructura de poder del imperio.

 Recibió el título de Malik (que significa rey o noble). También el sultán le nombró gobernador de la ciudad de Lahore (en el actual Pakistán). Como gobernador, Ayaz refundó y reconstruyó la ciudad, que había sido destruida por la guerra. Levantó una gran fortaleza de madera y una muralla defensiva, convirtiendo a Lahore en un próspero centro cultural y académico. Hoy en día, Malik Ayaz es recordado históricamente como el primer gobernante musulmán de Lahore.


Mahmoud y Ayaz, y Shah Abbas. El sultán (con túnica roja) está a la derecha, estrechando la mano del jeque, con Ayaz (con túnica verde) de pie detrás de él. La figura a su derecha es Shah Abbas I, quien reinó unos 600 años después.


Lo que realmente hizo inmortal la historia de Mahmud y Ayaz no fue la política, sino la literatura. Tras la muerte de Mahmud, los poetas persas empezaron a idealizar su relación. El ideal del amor cortés: Poetas como Ferdowsi o, más tarde, Saadi, utilizaban Mahmud y Ayaz como el prototipo del amante perfecto y el amado perfecto. Ayaz representaba el sometimiento voluntario y la belleza pura, mientras que Mahmud representaba el poder absoluto doblado ante el amor. Aqui un ejemplo:

El Sultán y el Espejo
Ante el trono de oro y la corona,
el bocado del mundo parecía escaso,
hasta que la noche trajo a Ghazni
la luna clara en el rostro de Ayaz.
¿Quién es el rey y quién el siervo?
El imperio rinde sus armas de acero,
pues Mahmud, que conquistó mil tierras,
cayó de rodillas ante un solo cabello.
No es oro lo que busca el monarca,
ni las gemas que adornan su mano;
su único tesoro es la mirada viva
de su herido y dulce esclavo.
En el mercado del amor se invierten los roles:
el soberano implora por un solo beso,
y el siervo, con gracia de seda,
gobierna el alma de su dueño preso.
Arden las perlas en el fondo del cofre,
pero el brillo del favorito las apaga;
bendito el amor que rompe las leyes
y en un solo pecho dos vidas arraiga.

Poeta traní, Rumi



El misticismo sufí adoptó la historia como una gran alegoría religiosa. En sus poesías, Mahmud representaba el Alma Humana (o el maestro) y Ayaz representaba a Dios (o el Amor Divino). La historia contaba cómo el rey del mundo (el sultán) se convertía voluntariamente en el esclavo del amor de su propio sirviente. Se decía que el vínculo de Ayaz con Mahmud no se basaba en la riqueza ni en el rango, sino puramente en la presencia de su amado. 

El Sultán Mahmud murió en el año 1030. Malik Ayaz le sobrevivió unos años, manteniendo su puesto de poder y gobernando Lahore con éxito hasta su propia muerte, en el año 1041. Es un lugar histórico respetado, que recuerda la figura del hombre que pasó de ser un esclavo extranjero a uno de los gobernantes más queridos y recordados de la región gracias al favor y amor de un sultán.


Malik Ayaz presentado al sultán


dimarts, 28 d’abril del 2026

RELACIONES HOMOSEXUALES EN CHINA. (I PARTE: DINASTIA MING)



La dinastía Ming (1368-1644) fue una era dorada de estabilidad, esplendor cultural y poder marítimo en China, establecida por el emperador Hongwu tras expulsar a los mongoles. Destacó por la construcción de la mayor parte de la Gran Muralla, la creación de la Ciudad Prohibida y los viajes del almirante Zheng He.



Durante la dinastía Ming (1368-1644), las relaciones homosexuales eran un fenómeno común y socialmente integrado en muchas partes de China, llegando incluso a formalizarse a través de ritos similares al matrimonio en ciertas regiones. A diferencia de la Europa de la misma época, donde la homosexualidad era perseguida, la sociedad Ming no solía emitir juicios morales severos sobre el deseo entre personas del mismo sexo, siempre que no interfiriera con la obligación confuciana de tener descendencia. 

Los misioneros europeos que llegaron a finales de la dinastía Ming quedaron impactados por la frecuencia de las relaciones homosexuales, criticándolas abiertamente en sus diarios, lo que a menudo provocaba burlas por parte de los locales que no lo entendían.

 Aunque menos documentadas que las masculinas debido al menor estatus político de la mujer, los registros mencionan que en lugares como Guangzhou abundaban las comunidades de mujeres que vivían juntas y permanecían solteras, como lo fue la sociedad de la orquidea.

Esta época vio un auge en la literatura erótica, pinturas y juguetes sexuales que representaban de forma explícita el deseo homosexual, reflejando una cultura urbana vibrante y relativamente abierta. No existía una "identidad" homosexual como la entendemos hoy. Los hombres a menudo se casaban con mujeres para cumplir con el linaje familiar mientras mantenían amantes masculinos fuera (o incluso dentro) de la estructura doméstica.




En la provincia de Fujian, se estableció una forma de unión formal entre varones conocida como "Hermanos Jurados". En estas uniones, un hombre mayor (hermano mayor) se unía a uno más joven (hermano menor), pagando a menudo una dote a la familia del joven y celebrando rituales de boda tradicionales.

En la era Ming la homosexualidad estaba muy extendida en la sociedad, algunos emperadores destacaron por sus vínculos específicos:

-Emperador Zhengde (Wuzong): Fue conocido por su desprecio a las convenciones y por rodearse de un grupo de jóvenes oficiales y favoritos masculinos en su "Palacio del Leopardo".

-Emperador Wanli: Los registros mencionan su favoritismo hacia ciertos eunucos de su corte, lo que a menudo se interpretaba como relaciones afectivas profundas.

Muchos literatos de la era Ming escribieron abiertamente sobre su atracción por otros hombres o documentaron la cultura homosexual de su tiempo:

-Xie Zhaozhe (1567–1624), fue un importante funcionario y erudito que en sus escritos describió la prevalencia de la homosexualidad y la prostitución masculina en las ciudades, señalando que era una práctica extendida entre la nobleza y los ricos comerciantes.

-Feng Menglong, fue famoso por recopilar y escribir literatura popular, incluyó en sus antologías numerosos relatos de amor entre hombres, tratando estos temas con una naturalidad que reflejaba la visión de la sociedad urbana Ming.

-Zhang Dai, fue un célebre ensayista que, al recordar su juventud antes de la caída de la dinastía, escribió con nostalgia sobre sus excesos, incluyendo su fascinación por los "jóvenes hermosos".


Muchos jóvenes actores (conocidos como xianggong) se convirtieron en figuras centrales de la vida social, siendo los amantes preferidos de la élite intelectual y política de Beijing y el sur de China.

La influencia de las relaciones homosexuales fue tan fuerte que surgieron personajes literarios icónicos, como en "Amor para un cortejo" (Bian Er Chai), fue na famosa colección de novelas cortas de la era Ming dedicada enteramente a romances masculinos, donde los protagonistas son a menudo eruditos o soldados leales.

La tolerancia comenzó a disminuir drásticamente con la llegada de la Dinastía Qing, que introdujo las primeras leyes específicas contra actos homosexuales en 1740, y posteriormente con la creciente influencia de los valores occidentales.






PROXIMA ENTRADA: 

Bodas de la semejanza en China: Sociedad de la Orquidea en Cantón y los Hermanos jurados de Fugián

dilluns, 23 de març del 2026

HOGUERA PARA LOS SODOMITAS

 

El cristianismo sigue impregnando aún decisivamente nuestra moral sexual y las limitaciones formales de nuestra vida erótica siguen siendo básicamente las mismas que en los siglos XV o V, en época de Lutero o San Agustín. Y eso nos afecta a todos en el mundo occidental, incluso a los no cristianos o a los anticristianos. 




Os ofrezo un resumen de varios pasajes de Historia Sexual del Cristianismo de Karlheinz Deschner, publicado en 1993. En 33 años ha llovido mucho y algunas afirmaciones son matizables, a pesar de ello sigue ssiendo un buen trabajo sobre el tema. Al final intentaré esclarecer alunos.


HOGUERA O CASTRACIÓN PARA LOS HOMOSEXUALES..


La Iglesia ha condenado (1) en todo momento la homosexualidad (sodomie ratione sexus) como una perversidad abominable. Pero ¿es tan antinatural? ¿No es acaso la expresión de nuestra naturaleza fundamentalmente bisexual? ¿No es un fenómeno que también aparece a menudo entre los animales, sobre todo en los primates, que son los reyes del reino animal? Entre ciertos monos, algunos machos se masturban mientras otros los penetran. Y en todas las especies animales superiores, cuando la pareja heterosexual no está disponible o es impotente, los individuos se entregan a la homosexualidad. Los perros copulan per anum, las vacas se montan unas a otras, las lobas se lamen mutuamente la vagina; las gallinas, las ocas, las patas y las hembras del faisán tienen a menudo relaciones lésbicas. 

Los contactos homoeróticos entre distintas especies animales tampoco son infrecuentes. Según Goethe, decidido anticlerical, la homosexualidad es tan antigua como la propia humanidad y, por eso mismo, natural. En Grecia, la pedofilia domina todas las manifestaciones de la cultura desde los tiempos más remotos: artes figurativas, épica, lírica y tragedia, calificada por algunos críticos antiguos como «caldo de cultivo de la pe-derastia». Nos encontramos con ella en todo tipo de libros históricos, científicos y filosóficos y la mitología rebosa de leyendas paidofílicas; más aún, en un primer momento, la palabra «pedagogo» designaba al hombre que inducía a los muchachos a mantener contactos homosexuales. 


Zeus y Ganímedes. Anton Raphael Mengs. 


Licurgo, el (legendario) legislador de Esparta, afirma en sus leyes que no se puede ser un ciudadano competente si no se tiene un amigo en la cama. Solón y sus sucesores recomiendan la homosexualidad (2) a los jóvenes. Platón no conoce «mayor dicha para un adolescente que ser amado por un hombre honesto, ni mayor dicha para éste que tener un amante». En Tebas, la homosexualidad era práctica habitual de un potente regimiento de élite compuesto por trescientos hombres y en Creta y   Esparta formaba parte de la educación que los jóvenes guerreros recibían de sus superiores. La lista de homosexuales famosos de la Antigüedad griega incluye a reyes como Hierón de Siracusa o Filipo de Macedonia, estrategas como Alejandro Magno, Epaminondas o Pausanias, legisladores como Minos y Solón, filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles (2) y muchos otros. 

Sin embargo, las historias de la cultura de la Antigüedad clásica más voluminosas de finales del siglo XIX seguían sin mencionar la homosexualidad o lo hacían muy de pasada. Y en las escuelas de la actualidad todavía no se habla del tema. El pecado que clama al cielo Con los hebreos y los cristianos comenzó una caza despiadada de homosexuales, aunque, en ciertos momentos, el judaismo contó con algunos templos donde se practicaba la prostitución homosexual masculina (3), como ocurrió en otros cultos asiáticos. No obstante, el Antiguo Testamento impuso la pena de muerte para la homosexualidad: «si alguien se acuesta con un hombre como con una mujer, ambos han cometido abominación (toúebhah) y deben morir». (4)



La mayoría de los  Padres de la Iglesia tcondenan la homosexualidad, sobre todo San Agustín, el vehemente San Juan Crisóstomo y el todavía más rabioso Pedro Damián, que cree que la homosexualidad es peor que el bestialismo. (San Agustín condenaba cualquier reslación sexual no recreativa, y en este caso, debía ser con total ausencia de placer)

Posteriormente, San Pedro Canisio (1521-1597) se convirtió en el más virulento impugnador de la homosexualidad, incluyendo las relaciones homoeróticas entre los «peccata in coelum clamantia» los pecados que clamaban al Cielo, una categoría hasta entonces apenas conocida cuya especial importancia se encargó de subrayar. La sociedad cristiana persiguió el «vicio» durante mil quinientos años con castigos cada vez más severos; los teólogos lo condenaban con expresiones constantemente renovadas: «nefanda libido», «nefarium», «monstrosa Venus», «diabólica luxuria», «horrendus scelus», «execrabile», etcétera. A comienzos del siglo IV, el sínodo de Elvira priva de la comunión a los «violadores de niños», incluso en peligro de muerte. San Basilio ordena que se aplique a los homosexuales una penitencia de quince años; la teología de comienzos de la Edad Media habitualmente se pronuncia por los diez años. El XVI sínodo de Toledo establece en el año 694 que un sodomita debe ser «excluido de todo contacto con los cristianos, azotado con varas, rapado ignominiosamente y desterrado». El sínodo de Naplusa (1120), que responsabiliza al modo de vida desenfrenado de los creyentes de las catástrofes naturales y los ataques de los sarracenos, exige que quien ha consentido libremente un acto homosexual (activo o pasivo) muera en la hoguera. La bula papal Cum primum prescribe en 1566 la entrega al Estado de todos los homosexuales, lo que indudablemente comportaba la ejecución. Pena de muerte según el derecho secular Los emperadores paganos no habían visto la homosexualidad con malos ojos. Pero Constantino y sus sucesores en el trono la condenaron a la hoguera.



 El antiguo Código Visigodo, elaborado entre los siglos VI y VII y contaminado de ideas cristianas, establece que las relaciones homosexuales debían ser castigadas, además de con determinadas confiscaciones, con la castración; en una reelaboración posterior del mismo, las Siete Partidas, (5) se prescribe la pena de muerte. Y es que, como se dice en dicho texto, por culpa de este terrible pecado «del que algunos son esclavos. Dios Nuestro Señor hace descender sobre la Tierra el hambre y la peste y los terremotos y una infinidad de males que ningún ser humano podría detallar». El amor homoerótico fue considerado en Occidente durante mucho tiempo como un crimen capital. Las leyes penales de Carlos I («cabeza secular de la cristiandad y protector de la Iglesia»), que todavía estaban vigentes en muchos lugares a finales del siglo XVIII, castigan las relaciones sexuales entre hombre y hombre o entre mujer y mujer con la hoguera


En Inglaterra, donde esa clase de relaciones estaba muy extendida, quienes las practicaban fueron colgados o lapidados hasta el siglo XIX. Más tarde se ordenó que el máximo castigo fuera la cadena perpetua, pero antes de ello se abandonaba al reo a «los sanos sentimientos de la población» poniéndolo en la picota, donde se le arrojaban durante horas barro, excrementos y perros, gatos y peces podridos; el simple intento de cometer este «crimen horrible» era castigado con una pena de hasta diez años. En Inglaterra hubo que esperar hasta 1957 para que la homosexualidad entre adultos fuera despenalizada.




NOTAS

(1) Especialmente a partir de siglo XIII.

(2) Las relaciones homosexuales, el concepto homosexual no existía.

(3) Hoy se pone en duda.

(4) La misma Biblia habla del amor puro entre David y Johnatan, y Rut y Noemí

(5) Las siete partidas de Alfonso X apenas se llevaron a la práctica,