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dijous, 23 de juliol del 2026

EL LIBRO DE BUEN AMOR... HETEROSEXUAL

 El Libro de buen amor, obra cumbre del mester de clerecía escrita por Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, en el siglo XIV, no contiene alusiones explícitas, escenas ni defensas de la sodomía o de las relaciones homosexuales. A diferencia de otras tradiciones literarias medievales o de la literatura clásica posterior, el autor construyó un universo poético marcadamente heterosexual donde el deseo carnal (el "loco amor") se dirige de manera sistemática hacia las mujeres.Sin embargo, el tema despierta gran interés en los estudios críticos debido a los silencios deliberados del autor, su contexto histórico y algunas lecturas contemporáneas en clave de género.




La exclusión del "amor entre varones" según el hispanista Daniel Eisenberg aborda este fenómeno en su ensayo crítico titulado El buen amor heterosexual de Juan Ruiz. Sus principales conclusiones son: Silencio absoluto, pues el Arcipreste no menciona la homosexualidad o la "garzonía" (atracción hacia muchachos jóvenes), ni siquiera con un propósito moralizante o condenatorio. Es una estrategia de omisión? puede ser, en la Edad Media, el tabú en torno a la sodomía —denominada jurídicamente por las leyes de Alfonso X como un delito grave— llevaba a los autores eclesiásticos a evitar nombrarla. El temor radicaba en que su simple mención pudiera actuar como un incentivo o divulgación del pecado nefando.La lujuria era exclusivamente heterosexual: 

Cuando Juan Ruiz enumera y parodia los pecados capitales, o cuando relata los excesos mundanos de don Carnal frente a doña Cuaresma, enfoca el vicio sexual de forma exclusiva en el deseo masculino por la carne femenina (dueñas, monjas o serranas).

Para comprender la ausencia del tema en la obra, es vital entender el contexto legal y social en el que escribía el Arcipreste de Hita.  La legislación de la Corona de Castilla estipulaba que las relaciones anales o actos contra natura —la sodomía— eran castigados con la pena de muerte y la confiscación de bienes. El estigma de la época asimilaba estos actos a la herejía. Un arcipreste católico, al proponer una guía (irónica o real) sobre el "buen amor" frente al "loco amor", limitaba sus ejemplos profanos a transgresiones comunes y menos castigadas, como el amancebamiento o el galanteo




Aunque no existan relaciones homosexuales en la trama, la crítica literaria de la corriente queer ha encontrado elementos de subversión de roles de género en el texto, publicados en monografías como Sexualidades raras y políticas extrañas de Traficantes de Sueños. Los encuentros del protagonista con las serranas (como la Chata de Malangosto) presentan a mujeres hipermasculinizadas que asumen un rol activo, dominante e incluso agresivo. Estas mujeres montañesas secuestran, cargan a hombros y someten sexualmente al narrador, rompiendo los esquemas tradicionales del amor cortés y de los géneros binarios de la sociedad medieval.


LA CELESTINA Y EL LAZARILLO


A diferencia del Libro de buen amor, tanto en La Celestina (1499) como en el Lazarillo de Tormes (1554) la sodomía y el homoerotismo sí aparecen de forma latente a través de códigos sutiles, elipsis y dobles sentidos muy claros para los lectores de la época.

Al tratarse de textos de un realismo crudo y urbano, los autores recurrieron a la insinuación poética para sortear la censura de la Inquisición, que castigaba el "pecado nefando" con la hoguera.




El caso más evidente de la literatura del Siglo de Oro se encuentra en el brevísimo Tratado Cuarto del Lazarillo. En apenas unas líneas, la novela condensa una fortísima insinuación de abuso sexual o iniciación homosexual:

 Lázaro entra al servicio de un fraile a quien define como "perdido por andar fuera" y "amicísimo de negocios seglares". El niño rompe allí sus primeros zapatos. El tratado termina de golpe con la frase: «Y por esto, y por otras cosillas que no digo, me salí dél».El código de los "zapatos rotos": 

La crítica literaria contemporánea (como los estudios de José Manuel Pedrosa o B. Sifuentes Jáuregui) señala que en el argot popular del siglo XVI, "romper zapatos" era una metáfora común para la actividad sexual o la pérdida de la virginidad.La elipsis deliberada: Las "cosillas que no digo" constituyen un silencio impuesto por el miedo al Santo Oficio. De hecho, debido al fuerte anticlericalismo y la velada sugerencia de sodomía clerical, este capítulo fue censurado por completo en el Lazarillo castigado de 1573.

En la obra de Fernando de Rojas, la sexualidad y la prostitución saturan el relato. Aunque la trama central gira en torno al deseo heterosexual de Calisto y Melibea, existen dinámicas homoeróticas latentes analizadas por los estudios de género actuales.  Diversos ensayos, como «Contra natura» muestran a Celestina y su inclinación hacia su propio sexo, destacan el marcado deseo de control, fascinación y goce físico que la alcahueta experimenta hacia el cuerpo de las prostitutas jóvenes (Elicia y Areusa). Celestina toca, contempla y describe los cuerpos femeninos con una lascivia que sobrepasa el mero interés comercial.

 En el plano teórico de la época, la sodomía no se ligaba solo a la orientación, sino al binomio dominación/sumisión. Como explica la investigadora Simona Simeonova, en los círculos de la servidumbre y el lupanar de la obra se verbalizan relaciones de poder donde el cuerpo del hombre pasivo o sometido se "feminiza" metafóricamente mediante insultos y dinámicas de subordinación.




POESIA CASTELLANA


En la poesía castellana de los siglos XV y XVI, la sodomía y las relaciones homosexuales aparecen de forma recurrente, pero casi exclusivamente bajo el velo de la sátira feroz, el insulto político o la imprecación moral. Mientras que la literatura hispanoárabe previa celebraba abiertamente el homoerotismo, la lírica castellana de la transición al Renacimiento supeditó el tema a la degradación del enemigo.

Cualquier asomo de deseo o acto homosexual en este periodo se abordaba a través de  vertientes literarias muy claras. La poesía de Cancionero (Siglo XV): Era el arma de la injuria. En las antologías cortesanas del siglo XV, como el Cancionero de Baena (hacia 1430) o el posterior Cancionero de obras de burlas provocantes a risa (1519), la acusación de sodomía era un recurso satírico común para destruir la reputación de rivales políticos, literarios o de conversos.


Un niño víctima de abuso, tal vez muerto, mientras los más jóvenes se burlan de él Obra maestra de Murillo


El insulto explícito, los poetas se atacaban acusándose mutuamente de ser "bujarrones" (sodomitas activos) o de practicar el "pecado nefando".Las Coplas de la Panadera y las Coplas del Provincial, eran una populares sátiras políticas anónimas de mediados del siglo XV atacaban la corrupción de la corte de Juan II y Enrique IV de Castilla. En sus versos se denuncia nominalmente a nobles y clérigos tanto por impotencia como por mantener relaciones sexuales con sus pajes o criados, usando la sodomía como sinónimo de ilegitimidad para gobernar.


LITERATURA CATALANO-VALENCIANA


En la poesía catalano-valenciana medieval y renacentista, especialmente durante el Siglo de Oro valenciano (siglo XV), muestra un panorama respecto a la sodomía y las relaciones homosexuales con una dualidad fascinante.   La poesía satírica, coloquial y de debate de la época —de la cual Valencia fue el gran epicentro europeo— abordó la homosexualidad de forma descarnada, explícita y con una libertad erótica muy superior a la de la lírica castellana de su tiempo.

En la escuela satírica valenciana, cuyo máximo exponente es Jaume Roig con su célebre obra en verso Espill (o Llibre de les dones, c. 1460). Una obra misogina y sobre "vicios ocultos".  Es una feroz sátira misógina en versos de cuatro sílabas (noves rimes). Al enumerar los supuestos vicios irremediables de las mujeres, Roig no solo ataca su codicia o lujuria heterosexual, sino que introduce acusaciones explícitas de homosexualidad femenina (lesbianismo) y prácticas aberrantes en los conventos de monjas, describiéndolas como contrarias a la naturaleza y a la reproducción.




En el submundo que retrata Roig —marcado por una Valencia cosmopolita, rica y pecaminosa—, la sodomía masculina entre miembros del clero y la burguesía es denunciada no con el lenguaje elíptico castellano, sino con un crudo realismo que buscaba provocar repulsión moral en el lector.

Valencia era en el siglo XV la ciudad más poblada de la Corona de Aragón y una de las capitales comerciales del Mediterráneo. Esta riqueza propició una corriente de poesía satírica y de burlas sumamente desinhibida. En los certámenes poéticos y pasquines de la época, los poetas valencianos se cruzaban insultos rimados acusándose de reconeixents (término de la época para los sodomitas pasivos) o de frecuentar los baños públicos con hombres jóvenes.

 Esta fijación poética con la sodomía respondía a un clima de intensa persecución real. Los tribunales civiles de Valencia (el Justícia Criminal) castigaban con extrema dureza el "pecado nefando". Entre 1400 y 1500, decenas de hombres fueron quemados vivos en los márgenes del río Turia por prácticas homosexuales. La poesía de la época actuaba a menudo como caja de resonancia morbosa de estos ajusticiamientos públicos.



dimecres, 8 de juliol del 2026

SOLIMÁN EL MAGNÍFICO E IBRAHIM PASHA, UNA HISTORIA DE AMOR TRÁGICA

La historia de amor entre estos dos hombres, se produje en la época de máximo esplendor del Imperio Otomano. La muerte del Gran Visir, el inicio de su decadencia.




Suleimán el Magnífico (1494–1566) fue el décimo y más duradero sultán del Imperio otomano, gobernando desde 1520 hasta su muerte. Llevó al imperio a su máximo apogeo territorial, militar y cultural, expandiendo sus dominios por Europa, Asia y África. Pargalı Ibrahim Pasha fue el Gran Visir del Imperio Otomano y la mano derecha del sultán Solimán el Magnífico. De origen esclavo, se convirtió en el hombre más poderoso del imperio antes de ser ejecutado en 1536 debido a intrigas palaciegas. 

El sultán Solimán "el Legislador" ordenó ejecutar su gran visir y amante, Ibrahim Pasha, por estrangulamiento en manos de verdugos mudos en el Palacio de Topkapi. (s XVI). Había jurado a Ibrahim que nunca le mataría mientras él estuviera vivo. Para romper el juramento, sin faltar a su palabra, el líder religioso del imperio emitió una fatua: "La vida es conciencia; cuando el Soldán duerme, no está vivo". Por ese motivo, la ejecución se planeó para la noche. El sultán le invitó a cenar, y al irse a dormir, los verdugos realizaron su trágico trabajo. 

Ibrahim Pasha



Compartían un vínculo íntimo profundo, durmiendo en la misma cama, viviendo juntos un romance que no extrañó a nadie. Pero Ibrahim acumuló tanto poder que empezó a llamarse a sí mismo "Sultán Serasker" ante los diplomáticos, declarando que él controlaba el imperio y que Solimán sólo firmaba lo que él decidía. Esto se vio como una amenaza directa a la autoridad de un soberano también con un ego desbordado.

 La legendaria esposa legal de Solimán, Hürrem Sultan, veía a Ibrahim como el mayor obstáculo para el futuro de sus propios hijos, y sus propios intereses. ya que el visir apoyaba abiertamente al hijo primogénito de Solimán, el príncipe Mustafá. Hürrem alimentó meticulosamente la paranoia del sultán recordándole cada muestra de soberbia de Ibrahim. 

Durante la campaña militar contra el Imperio Safávida, Ibrahim ordenó la ejecución del tesorero real. Antes de morir colgado, éste acusó a Ibrahim de robar fondos del Estado, una acusación que atormentó la mente del sultán. 

La muerte de Pasha en 1536 marcó un antes y un después absoluto en la vida de Solimán. Pasó de ser un monarca accesible, abierto y soñador en convertirse en un hombre profundamente desconfiado, melancólico y aislado. 

Hürrem Sultan


La paranoia sembrada con la muerte de Ibrahim encontró su punto culminante 17 años más tarde con el muerte de su propio hijo primogénito, el príncipe Mustafá.

 Durante una campaña militar en Anatolia, Mustafá fue llamado a la tienda de campaña de su padre. Aunque le advirtieron que era una trampa, el príncipe entró confiando en el amor de Solimán. Al cruzar la entrada, no encontró a su padre, sino a un grupo de verdugos mudos (el mismo método que con Ibrahim). Solimán observaba la escena detrás de una cortina mientras Mustafá luchaba por su vida hasta ser estrangulado con un cordón de seda. 

Solimán, que escribía poesía bajo el seudónimo de Muhibbi (El Amante), dedicaba versos apasionados a la belleza, la lealtad y la presencia de Ibrahim. Aunque en la literatura sufí y otomana el amor entre hombres se utilizaba a menudo como una metáfora mística o platónica, la línea con el amor romántico era muy fina.

 "Mi amigo más sincero, 
mi confidente, mi existencia misma, 
mi sultán, mi único amor.
 Lo más bello entre los bellos... 
Mi primavera, mi amor de cara alegre, mi día, mi querido, hoja risueña..." (Poema del sultán Solimán sobre Ibrahim).



"Mi vida es tan dura sin ti.
Siempre te imagino observándome desde un árbol en el jardín 
y eso me avergüenza.

Me aferro a la leve esperanza 
mientras sueño con una isla en los mares. 
No quiero regresar.

Solo quiero vivir el resto de mi vida en esa isla,
 alejada de las reglas y los tabúes
Esta es la isla en la cual los gorriones se enamoran de las flores 
y las flores también aman a los gorriones." (carta a Ibrahim Pasha)


 A diferencia de Solimán, de quien no se conocen otros favoritos masculinos, el concepto de amante masculino era muy común en el imperio: Em la identidad otomana existía el término gulampare para definir a los hombres que amaban o deseaban a otros hombres (especialmente jóvenes sin barba llamados emred). Estas relaciones no se organizaban por "orientación sexual" sino por roles de poder (activo/pasivo). 




Otros sultanes con pruebas más claras: Historiadoras especializadas en género y el Imperio Otomano señalan que sultanes como Mehmed II (el Conquistador) con Racu, hermano de Vlad el Empalador (Drácula) o Murad IV tuvieron relaciones homosexuales y bisexuales mucho más explícitas su vida amorosa posterior completamente en Hürrem Sultan.





Ibrahim también escribió poemas para el sultán:


¿Qué significa regresar?
El hombre es quien regresa.
¿A qué lugar regresa?
¿Podemos regresar al pasado?, ¿es posible?
Regresar por ti no es un deseo,
es una necesidad.
Ibrahim

dijous, 28 de maig del 2026

LA POESÍA DE IHARA SAIKAKAUA, BELLEZA Y SENSUALIDAD

 Ihara Saikakua nació en Osaka hacia 1642, en una rica familia de comerciantes. Su nombre real era probablemente Hirayama Tōgo. Vivió en pleno período Edo, en aquel mundo urbano refinado y efímero que los japoneses llamaban ukiyo, el “mundo flotante”




Su mundo fue el de los teatros kabuki, los barrios de placer, actores y cortesanas, samuráis sin grandes guerras, y el de una cultura muy sofisticada del deseo y la estética. En sus escritos preferia insinuar, más que mostrar, su poesía realtaba la belleza, las emociones, el paso de la juventud, junto al deseo de unir los cuerpos, dormir juntos y dejar lágrimas al separarse.

En cuanto a su sexualidad o amantes masculinos, se desconoce. purd no hay pruebas documentales directas, pero muchos estudiosos consideran muy probable que conociera íntimamente ese ambiente homoerótico que describe. Y no sólo por imaginación literaria.

En la obra de Ihara Saikaku hay muchos pasajes sobre el nanshoku -el amor masculino entre samuráis o entre hombres adultos y jóvenes aprendices- tratado con una mezcla de refinamiento, pasión y conciencia del honor.




Uno de sus libros más famosos es "El gran mirall de l'amor entre homes (1687). Podemos compartir equeños extractos y parafrasear su estilo. Por ejemplo, en muchos relatos aparece esta idea:

“Entre guerreros, una promesa de amor debía ser más fuerte que la propia vida.

Y también descripciones muy delicadas del vínculo entre samurái y joven compañero.

"Cuando se separaron al amanecer, las mangas de los dos hombres estaban húmedas de lágrimas."





Saikaku presenta a menudo el amor masculino como una extensión de la lealtad guerrera: fidelidad absoluta, belleza efímera y disposición al sacrificio. Los jóvenes samuráis aparecen con una sensibilidad casi teatral, muy diferente de la imagen dura y moderna del samurái.

Un fragmento breve, muy representativo del tono de Ihara Saikaku, sobre la belleza masculina y el amor entre hombres en el ambiente samurái, es éste (adaptación a partir de sus relatos de Nanshoku Ōkagami, “El gran espejo del amor masculino”):

El joven guerrero, con las mangas perfumadas y el rostro más bello que una flor de ciruelo, hacía vacilar hasta los corazones más firmes.A la luz de la luna, su gracia valía más que la gloria de cien batallas.”

Y otro fragmento, más melancólico:

"Entre los cerezos floridos, el juramento de amor de aquellos dos hombres parecía eterno; pero el mundo flotante es tan frágil como el rocío de la mañana."

En Ihara Saikaku existe una conciencia constante de que la belleza masculina es breve, casi dolorosamente breve. El joven bello —el wakashu— florece sólo un instante antes de que el tiempo lo transforme todo. Esta tristeza atraviesa muchos de sus textos. Otro fragmento evocador,  adaptación libre de su estilo, gracias al sr Google:

El pelo aún brillaba como seda negra,
pero ya había llegado la edad
en que las miradas comenzaban a apartarse.
Ningún viento de invierno es tan triste
cómo ver marchitarse la belleza de un joven.”

Y otro:

“Ayer las calles se detenían a su paso;
hoy sólo quedan recuerdos




En algunos pasajes sobre samuráis o actores jóvenes aparecen escenas como ésta (adaptación libre inspirada en su estilo):

“Cuando el chico deshizo el nudo de la túnica,
la luz de la linterna se deslizó sobre su piel blanca.

El anciano apartó los ojos un instante,
como si contemplar tanta belleza
fuera casi una falta contra los dioses.”

O ese otro fragmento:

“Compartiron la misma almohada hasta el amanecer.
En el exterior, la lluvia golpeaba a los bambúes;
dentro de la habitación sólo restaba
el olor del cabello del joven
sobre las mangas del samurái.”

En algunos textos atribuidos al universo literario de Ihara Saikaku, la proximidad física entre hombres se describe con una sensualidad muy intensa, aunque siempre elegante e insinuada. Un fragmento adaptado, muy en su tono:

“Estirados sobre la misma estera,
las mangas de ambos hombres se confundieron en la oscuridad.

El joven respiraba tan cerca
que su aliento parecía mover la llama de la lámpara.”

Y otro:

Cuando el samurái lo rodeó con el brazo,
el chico apoyó la cabeza sobre su pecho sin palabras.


Fuera sólo se oía el viento entre los pinos;
En la habitación, sus cuerpos guardaban un calor secreto.”

Este tipo de erotismo Edo es muy físico pero también muy emocional, la sensualidad aparece a menudo más en la proximidad y la tristeza del instante que en descripciones explícitas.





dimarts, 28 d’abril del 2026

RELACIONES HOMOSEXUALES EN CHINA. (I PARTE: DINASTIA MING)



La dinastía Ming (1368-1644) fue una era dorada de estabilidad, esplendor cultural y poder marítimo en China, establecida por el emperador Hongwu tras expulsar a los mongoles. Destacó por la construcción de la mayor parte de la Gran Muralla, la creación de la Ciudad Prohibida y los viajes del almirante Zheng He.



Durante la dinastía Ming (1368-1644), las relaciones homosexuales eran un fenómeno común y socialmente integrado en muchas partes de China, llegando incluso a formalizarse a través de ritos similares al matrimonio en ciertas regiones. A diferencia de la Europa de la misma época, donde la homosexualidad era perseguida, la sociedad Ming no solía emitir juicios morales severos sobre el deseo entre personas del mismo sexo, siempre que no interfiriera con la obligación confuciana de tener descendencia. 

Los misioneros europeos que llegaron a finales de la dinastía Ming quedaron impactados por la frecuencia de las relaciones homosexuales, criticándolas abiertamente en sus diarios, lo que a menudo provocaba burlas por parte de los locales que no lo entendían.

 Aunque menos documentadas que las masculinas debido al menor estatus político de la mujer, los registros mencionan que en lugares como Guangzhou abundaban las comunidades de mujeres que vivían juntas y permanecían solteras, como lo fue la sociedad de la orquidea.

Esta época vio un auge en la literatura erótica, pinturas y juguetes sexuales que representaban de forma explícita el deseo homosexual, reflejando una cultura urbana vibrante y relativamente abierta. No existía una "identidad" homosexual como la entendemos hoy. Los hombres a menudo se casaban con mujeres para cumplir con el linaje familiar mientras mantenían amantes masculinos fuera (o incluso dentro) de la estructura doméstica.




En la provincia de Fujian, se estableció una forma de unión formal entre varones conocida como "Hermanos Jurados". En estas uniones, un hombre mayor (hermano mayor) se unía a uno más joven (hermano menor), pagando a menudo una dote a la familia del joven y celebrando rituales de boda tradicionales.

En la era Ming la homosexualidad estaba muy extendida en la sociedad, algunos emperadores destacaron por sus vínculos específicos:

-Emperador Zhengde (Wuzong): Fue conocido por su desprecio a las convenciones y por rodearse de un grupo de jóvenes oficiales y favoritos masculinos en su "Palacio del Leopardo".

-Emperador Wanli: Los registros mencionan su favoritismo hacia ciertos eunucos de su corte, lo que a menudo se interpretaba como relaciones afectivas profundas.

Muchos literatos de la era Ming escribieron abiertamente sobre su atracción por otros hombres o documentaron la cultura homosexual de su tiempo:

-Xie Zhaozhe (1567–1624), fue un importante funcionario y erudito que en sus escritos describió la prevalencia de la homosexualidad y la prostitución masculina en las ciudades, señalando que era una práctica extendida entre la nobleza y los ricos comerciantes.

-Feng Menglong, fue famoso por recopilar y escribir literatura popular, incluyó en sus antologías numerosos relatos de amor entre hombres, tratando estos temas con una naturalidad que reflejaba la visión de la sociedad urbana Ming.

-Zhang Dai, fue un célebre ensayista que, al recordar su juventud antes de la caída de la dinastía, escribió con nostalgia sobre sus excesos, incluyendo su fascinación por los "jóvenes hermosos".


Muchos jóvenes actores (conocidos como xianggong) se convirtieron en figuras centrales de la vida social, siendo los amantes preferidos de la élite intelectual y política de Beijing y el sur de China.

La influencia de las relaciones homosexuales fue tan fuerte que surgieron personajes literarios icónicos, como en "Amor para un cortejo" (Bian Er Chai), fue na famosa colección de novelas cortas de la era Ming dedicada enteramente a romances masculinos, donde los protagonistas son a menudo eruditos o soldados leales.

La tolerancia comenzó a disminuir drásticamente con la llegada de la Dinastía Qing, que introdujo las primeras leyes específicas contra actos homosexuales en 1740, y posteriormente con la creciente influencia de los valores occidentales.






PROXIMA ENTRADA: 

Bodas de la semejanza en China: Sociedad de la Orquidea en Cantón y los Hermanos jurados de Fugián

dijous, 16 d’abril del 2026

QUEVEDO CONTRA EL MUNDO

 Quevedo: fue un francotirador literario que no dejó títere con cabeza. Su pluma era un arma de destrucción masiva que disparaba en todas direcciones. Mujeres, médicos, sodomitas y Góngora sufrieron sus dardos envenenados.

LLegó a burlarse de los pobres muchachos que acababan en la hoguera bajo una acusación de sodomia.




Los médicos los llamaba "ministros de la muerte" y "carniceros con guantes".  "Si quieres vivir mucho, huye de los médicos; si quieres morir pronto, llámalos"...

A una mujer que se maquillaba: "Llevas más cal en la cara que una pared de Castilla". Se burlaba de las "dueñas" (mujeres mayores) y de las que ocultaban su edad, comparándolas con ruinas o muebles viejos.

 Quevedo mantenía una postura de profundo rechazo y mofa hacia los sodomítas, de acorde con la moral conservadora y religiosa de su época. Utilizaba la figura del "bujarrón" o "sodomita" como blanco de ataques personales y morales. En sus poemas son frecuentes los ataques a los que él consideraba afeminados o "maricotes", empleando un lenguaje crudo y denigrante. 



En textos como El sueño del infierno, Quevedo sitúa a los sodomitas en el averno, describiéndolos como seres que "en vida son diablos" y sugiriendo que incluso en el infierno son evitados por otros pecadores y demonios. En el tratado satírico "Gracias y desgracias del ojo del culo":  menciona con tono de mofa las consecuencias legales de la época, señalando irónicamente que "una vez que quiso holgar el pobre culo, le quemaron", en alusión a la pena de muerte en la hoguera que se aplicaba a los condenados por sodomía.

Aplaudía que los sodomitas fueran quemados vivos y se burlaba de ellos. En su obra El Alguacil Endemoniado (dentro de Los Sueños), Quevedo describe el castigo eterno de los sodomitas con un desprecio absoluto. No solo los sitúa en lo más profundo del infierno, sino que afirma que los propios demonios se asquean de ellos. Decía que los demonios no querían ni tocarlos para atormentarlos, por miedo a "ensuciarse", marcando una jerarquía donde el sodomita estaba por debajo del mismísimo diablo.

Quevedo asociaba la homosexualidad con la falta de hombría y el afeminamiento, algo que en la España de los Austrias era el peor insulto posible.




Y Góngora...

"A una nariz": Es el soneto más famoso de la lengua española (Érase un hombre a una nariz pegado...). No solo se burla del tamaño, sino que usa términos como "nariz sayón y escriba" (términos asociados a los judíos que condenaron a Cristo) para llamarlo "cristiano nuevo".Quevedo lo acusó repetidamente de sodomía. En sus poemas lo llama "Gógorita. el de las nalgas" y sugiere que sus deudas de juego las pagaba con favores sexuales.

Lo llamaba "judío" y "rabino" constantemente para humillarlo socialmente. Le dedicó versos como: "Yo te untaré mis versos con tocino / porque no me los muerdas, Gongorilla", sabiendo que, si Góngora era de origen judío, no podría tocar el tocino (cerdo).En varios poemas, alude a que los sodomitas son "leña" para el fuego. Utilizaba esta amenaza real para amedrentar a sus enemigos. Cuando acusó a Góngora de este pecado, no estaba haciendo una broma ligera; estaba pidiendo indirectamente su ejecución por parte de la Inquisición.

Góngora se defendió, atacando,  en sus poemas llamándolo borracho ("Don Francisco de Quebebo") y criticando sus visitas frecuentes a burdeles y tabernas.  : Góngora atacaba constantemente la cojera y los pies zambos de Quevedo, además de su miopía (el uso de anteojos).

En su famoso soneto "Anacreonte español, no hay quien os tope", utiliza juegos de palabras crueles: "Que ya que vuestros pies son de elegía / que vuestras suavidades son de arrope", sugiriendo que sus pies, al ser desiguales, eran tan "tristes" como su género poético.  Al igual que Quevedo lo llamaba judío, Góngora, además, contraatacaba tildándolo de ladrón, traidor y mal cristiano. También lo comparaba con otros autores como Lope de Vega para restarle mérito, insinuando que Quevedo era un segundón o un imitador mediocre.




 Quevedo fue especialmente cruel con Juan Ruiz Alarcón debido a su físico. Al ser Alarcón pelirrojo y jorobado (tenía corcova tanto en el pecho como en la espalda), Quevedo lo apodó "Corcovilla" y le dedicó versos despiadados donde lo comparaba con animales o seres deformes.  Lo llamaba "don Juan de las Corcovas" y decía que no era un hombre, sino un "alfanje con pies" (por la forma curva de la espada). En sus versos lo comparaba con un galápago, diciendo que su cuerpo era una "concha de carne".

En un famoso poema le pregunta: "¿Eres hombre o eres baúl?", sugiriendo que su joroba era una maleta cargada a la espalda. Alarcón era pelirrojo (color asociado entonces a Judas y la mala suerte), por lo que Quevedo decía que su cara era un "muladar de barbas" y que su color de pelo era el del infierno.



dijous, 13 de febrer del 2025

EL DIA QUE HAMETE OFRECIÓ REGALOS A UN MUCHACHO A CAMBIO DE...

Turcos, italianos y marineros encabezaban el ranquing de sospechosos de sodomia para las autoridades judiciales de la Sevilla del siglo XVII, especializada en realizar barbacoas con los pobres desdichados pillados en estos lances que pasaban de ser gustosos y acababan tragicamente. 





De poco le servió a Hamete declararse cristiano y tomar el nombre de Juan, igualmente acabó en la hoguera, eso si murió cristianamente quemado. 

Todo empezó al encontrar a un joven por los campos cercanos a la gran ciudad andaluza. Fue tal el agrado de sus ojos que le ofreció todo tipo de regalos para disfrutar juntos del placer de dos cuerpos unidos. 

Todo fue bien hasta el momento que Hamete intentó penetrar al joven, donde tamaño y dolor iban a pares. Éste gritó "Dios me ayude" y el placer de Hamete quedó entre sus piernas. Dolorido recurrió al alcalde, que presto mandó detener a Hamete. Éste ante el temor de la tortura confesó todo, incluso lo más inconfesable. 




Entre sus aventuras estaba un noble caballero de la ciudad, que le ofrecía 8 ducados por servicio completo. También confesó que el noble caballero le pedía los servicios de otros compañeros suyos, con miembros enormes, ofreciendo buenas sumas si el sevicio era de su agrado. 

Hamete, confeso y cristianizado, murió santamente en la hoguera por sodomita, acompañado por su amigo turco el especialmente dotado en la entrepierna. El noble fue juzgado "in absentia", pero ya habia huido a Italia, siguiendo el camino de otros muchos jovenes sevillanos, como en su día lo fue Cervantes, al pais donde Papas y cardenales recibían de buen agrado los favores suyos.  



Mas

Garza, Federico. Quemando mariposas. Laertes

Riera, Jaume. Sodomites catalans. Ed Base. 

dijous, 11 de gener del 2024

ISLAM Y HOMOSEXUALIDAD

                                                           “Entre las gentes no tengo igual. Mi agua es el vino,

mi aperitivo los besos.
Mi lecho son los traseros desde que me levanto hasta que
me acuesto”.

Abū Nuwās


Durante siglos, reyes,  príncipes, comerciantes,  gente ordinaria,  escritores, e incluso los ulemas y  los jueces islámicos tuvieron relaciones homosexuales libre y visiblemente.





Texto resumido procedente de:
El sexo en el Islam. Ernest Bendriss  // La literatura erótica en el islam, principalmente en su vertiente arabo-musulmana o persa, es fruto de una larga y fértil tradición literaria. Nueva Tribuna.


Si bien en el caso arabo-musulmana habría que hallar los antecedentes de tal literatura en la época pre-islámica, sin embargo no fue hasta el siglo IX cuando aparecen las primeras obras dignas de tal género, bajo el imperio de los Abasíes de Bagdad.

Hay que resaltar las numerosas traducciones de obras eróticas de Persia y de la India, que mandaron ejecutar los califas. Dichas obras, junto con la aparición masiva en Bagdad de esclavas foráneas, modificaron sustancialmente las prácticas sexuales de una clase aristocrática hedonista y ávida de placeres sensuales. Posteriormente, entre los siglos X y XV, la literatura erótica islámica alcanzó un gran auge en Al-Andalus y el Magreb, con obras destacadas en Siria, Yemen, Irak e Irán.



El placer sensual, los juegos sexuales y el orgasmo (al-shabaq) son llamados respectivamente ladhamoula’ aba y tamattû. Latransgresión sexual es denominada zina (fornicación), y es válida tanto para los hombres como para las mujeres. La mujer es dicha mûtabarrija, cuando manifiesta una libertad demasiado grande de costumbres.

La palabra awra (literalmente ‘ciego’), designa los órganos sexuales (que deben esconderse en el hamman). El amor homosexual se conoce como al-hûbb al-lûthi, mientras que la lesbiana es identificada de manera imprecisa (y más bien negativamente) por la palabra sihaqmûsahaqa.





Entre los primeros autores ilustres de la poesía erótica aparece en la época de los Omeyas Umar Ibn Abi Rabi (644-719), apodado hoy en día por los historiadores el Casanova de Medina, y en tiempo de los Abasíes Abu Nuwas (757-815), famoso poeta, libertino y homosexual que fustigaba el islam y cantaba en sus versos báquicos su amor por el vino y los bellos muchachos afeminados. Murió en la cárcel durante el califato de Al-Mamun en extrañas circunstancias. Se cree que fue envenenado.

Autores ilustres que destacaron en el campo de lo erótico fueron también el poeta andaluz Ibn Zaydûn (1003-1071) y el cronista de los Abasíes afincado en Bagdad, Al-Jahiz (776- 869), considerado como el “padre” de la prosa clásica árabe, que no dejó de describir el comportamiento de los bebedores de vino y las costumbres sexuales de las prostitutas, de las esclavas cantantes, de los “guapos” y de los libertinos.

Algunas mujeres escribieron por otra parte textos eróticos, como Wallada, poetisa y princesa de Córdoba del siglo XI que no vaciló en expresar sus gustos sáficos.

No obstante, las obras eróticas “más calientes” del islam aparecieron en el siglo XIII con Las Mil y Una Noches, en el siglo XIV, con la Guía del despierto para la frecuentación del amado de Ibn Foulayta y en siglo XV con el celebérrimo Jardín perfumado (Ar-Rawd al atir nushati al játír) del jeque Al Nefzaui.




En su célebre novela En busca del tiempo perdidoMarcel Proust recuerda la vacilación de su madre a la hora de ofrecerle una de las dos traducciones disponibles de las Mil y Una noches: la primera, más o menos fiel al texto original en árabe, y la otra, censurada y pulida de todo contenido erótico u homosexual.

Pero mucho antes de la época de Proust las sociedades europeas consideraban que la perversión, el libertinaje y la corrupción moral procedían de Oriente y más precisamente del mundo musulmán. Las costumbres sexuales árabes chocaban por su “crudeza” a las élites burguesas. Por ejemplo en el siglo XVII, Joseph Pitts, un joven inglés capturado por los corsarios argelinos, describe en sus memorias, no sin aversión y horror, cómo en Argel ” los hombres se enamoraban de chicos, como en Inglaterra lo harían con mujeres”. Sin embargo bien parece ser que nuestro joven inglés se haya “olvidado” de mencionar la larga historia de la homosexualidad en la Grecia y en la Roma de la antigüedad, en la Edad Media y en los tiempos del Renacimiento…

Uno de los primeros textos literarios en árabe que trata abiertamente de la cuestión de la homosexualidad es el Mofakharat Alghilman wa Aljawari de Al Jahiz. En este libro escrito en forma de diálogo, dos hombres discurren acerca de sus preferencias sexuales: el primero expone las razones de su amor por los efebos, mientras que el segundo defiende su pasión para las mujeres.





El islam tiene una visión de la pareja fundada sobre “la armonía preestablecida e intencional de los sexos”. Lo que supone una complementariedad de lo masculino y de lo femenino. El fin de esta complementariedad es el goce y el placer, pero también y sobre todo la procreación y la perpetuación de la raza humana. En este espíritu, la homosexualidad sería una violación de la armonía natural y una amenaza de anarquía y desequilibrio.

El Corán no precisa un castigo específico que sanciona el acto homosexual, lo que abre la puerta a todo un debate teológico sobre la naturaleza del castigo. Según un hadiz del profeta, la sanción debe ser la pena de muerte, a semejanza del castigo divino sobre el pueblo de Loth. No obstante, la similitud con Zina (la fornicación) es evocada por ciertos ulemas musulmanes para establecer variaciones en la sanción: la lapidación hasta la muerte para el homosexual casado, y latigazos para el soltero. La homosexualidad femenina es tratada con una indulgencia relativa, pues no es asimilada ni a la fornicación ni a la homosexualidad masculina. Las sihakyate (‘lesbianas’) son objeto de una reprimenda simple dejada a la discreción del juez. La ausencia de la penetración anal, cuya existencia define la homosexualidad según el criterio de los teólogos musulmanes, explica probablemente esta “mansedumbre”.




En la teología musulmana, la práctica de la homosexualidad, para poder ser demostrada como un hecho probado, requiere las mismas pruebas que en el caso de la fornicación: el testimonio de cuatro personas que atestiguan haber visto y haber discernido una penetración total, o bien una confesión sin retractación de las personas concernidas. Exigencias drásticas que hacen casi inaplicables las sanciones de esas prácticas homosexuales.

Las conquistas militares y el contacto con otras civilizaciones engendraron un profundo cambio en la sociedad musulmana, a menudo en contradicción con las prescripciones del texto coránico.

La extensión del imperio musulmán, particularmente bajo la dinastía Abasí, engendró un cambio de los valores y de las normas, y surgieron nuevas costumbres. Los amores masculinos fueron proclamados y tolerados en tanto que amores no sólo carnales y sexuales, sino también filosóficos y místicos.  




El califa Al Amin (809-813) compraba muchos eunucos para disfrute propio, renunciando así a sus mujeres y concubinas. Al Amin, hijo y sucesor del gran califa Harun al-Rachid, tenía un amor desmesurado por algunos de sus esclavos varoniles, y componía para ellos poemas donde manifestaba su pasión y su llama. El califa, cuyo imperio se extendía del Magreb a China, describe así a su servidor Kawthar en uno de sus poemas: “Kawthar es mi religión y mi vida, mi enfermedad y mi médico. Muy injusto es aquel que censura su corazón por amor”.

Otros califas Abasíes, como Al Mutasim (833-842) y Al Wathiq (842-847), escribían poemas de amor dedicados a jóvenes muchachos y a efebos. El califa Al Mutasim estaba prendado de un joven de una belleza excepcional que se llamaba Ajib, por el cual sentía una pasión sin freno.

En su tratado histórico Albidaya wa AlnihayaIbn Kathir, jurista y teólogo sirio del siglo XIV, lamenta la homosexualidad de la mayoría de los reyes y de los príncipes, pero también de los comerciantes, de la gente ordinaria, de los escritores, de los ulemas y de los jueces, “salvo aquellos a los que Dios quiso preservar de este vicio”Al Maqrizi, el historiador egipcio del siglo XV, relata que en su época ” la homosexualidad era tan común que las mujeres debían vestirse de hombres para tener gracias a los ojos de sus pretendientes”.

Sin querer minimizar la homosexualidad en las costumbres de los árabes, tanto durante la época preislámica como en la época islámica, podemos decir que dicha mutación mental y cultural de la sexualidad arabo-musulmana en una escala más amplia se explica por la influencia que ejercieron las culturas y las civilizaciones anexionadas por las conquistas militares musulmanas. La herencia griega, persa e hindú fueron determinantes en este cambio cultural.



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diumenge, 3 de desembre del 2023

JERÓNIMA DE JESÚS, MISTICISMO Y EROTISMO RELIGIOSO.