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diumenge, 30 d’agost del 2026

SAN ANSELMO, PASIÓN Y DESEO HOMOERÓTICO

 San Anselmo de Canterbury (1033-1109) fue un monje benedictino que ejerció como arzobispo de Canterbury durante el periodo 1093-1109. Destacó como teólogo y filósofo escolástico y por sus apasionadas cartas de amor a otros monjes de su época.




La cuestión de las relaciones homoeróticas de San Anselmo de Canterbury es un tema de debate histórico y filológico que gira en torno a las apasionadas cartas de amor y amistad que escribió a otros monjes. Mientras que algunos historiadores modernos interpretan sus escritos como evidencia de una orientación o inclinación homosexual,  los medievalistas más conservadores sostienen que reflejan una tradición de "amistad monástica espiritual" y un ideal puramente platónico, como en todos los casos en que se puede evidenciar una relación de este tipo.

Anselmo dejó un extenso epistolario (472 cartas) de su época en la abadía de Bec y como arzobispo. Muchas de ellas están dirigidas a jóvenes monjes y discípulos —como Lanfranco u Osberno— utilizando fórmulas extremadamente afectuosas como dilecto dilectori ("al amado amante"). En ellas abundan frases de fuerte carga emocional, tales como: "Allí donde vayas te seguirá mi amor, y allí donde yo esté mi deseo te abrazará"

En 1980, el historiador de la Universidad de Yale, John Boswell, publicó el influyente libro Christianity, Social Tolerance, and Homosexuality. Boswell argumentó que las cartas de Anselmo muestran una inclinación homosexual romántica. Su época representó el "último florecimiento del amor homosexual" tolerado en el entorno eclesiástico antes de las severas persecuciones del siglo XIII.



Como prueba de su tolerancia, se cita que en el Concilio de Londres de 1102, Anselmo bloqueó la publicación de decretos punitivos severos contra la sodomía, argumentando que la práctica estaba tan extendida que muchos la cometían sin plena conciencia de su gravedad, prefiriendo la guía espiritual al castigo.

Otro historiador,  McGuire sugiere que, si bien Anselmo pudo tener una orientación o atracción latente hacia los hombres (visible en su profundo duelo por la muerte de su estudiante Osberno), canalizó toda esa energía de forma puramente espiritual, sublimándola en la teología y la pedagogía monástica. Lo cierto es que aun se tardó más de 100 años en prohibir que los monjes durmieran acompañados.

El análisis que John Boswell realiza sobre las cartas específicas de San Anselmo de Canterbury no se limita a citar frases aisladas, sino que desglosa el lenguaje, los destinatarios y la estructura de la correspondencia para demostrar lo que él considera una expresión abierta de amor romántico entre hombres. Según él, Anselmo utiliza de forma sistemática y consciente términos que, tanto en el latín clásico como en el medieval, denotaban pasión y deseo, y no mera cortesía institucional. Observa que el monje juega con las palabras dilectus (amado) y dilector (amante) o amator. Para Boswell, esta insistencia en llamarse mutuamente "amantes" supera el protocolo de la fraternidad monástica.

También resalta cómo Anselmo describe el dolor de la separación física mediante metáforas corporales. En varias cartas, Anselmo escribe que la ausencia de su amigo le causa una "herida en el corazón" o que desea "abrazar" y "besar" al destinatario, expresiones que Boswell interpreta como un reflejo de un deseo romántico genuino.  



 En una de las correspondencias más intensas, Anselmo le escribe a A Gondulfo (futuro obispo de Rochester):

Cuando me viene a la mente tu conciencia de mi amor por ti, y mi conciencia de tu amor por mí... mi corazón se conmueve... No te pido que me ames más de lo que ya lo haces, sino que te aseguro que mi amor por ti no disminuirá".

Al joven Lanfranco, en otra carta, Anselmo expresa una devoción absoluta que Boswell categoriza como enamoramiento:

"Tú sabes cuánto te amo, pero yo no lo sé. Tú sabes cuánto me extrañas cuando estás lejos, pero yo sé cuánto te extraño yo a ti... Mis ojos desean ver tu rostro, mis brazos se extienden para abrazarte".

El análisis del vínculo de Anselmo con Osberno, un joven monje rebelde al que Anselmo logró reformar y del que se volvió inseparable, es fundamental para Boswell. Cuando Osberno muere prematuramente, Anselmo escribe cartas a sus amigos pidiendo que recen por el alma del joven, pero lo hace con un tono de devastación personal.

A otro monje escribió:

Allí donde vayas te seguirá mi amor, y allí donde yo esté mi deseo te abrazará ... Entonces, ¿cómo podré olvidarte? ¿Cómo eliminar de mi memoria al que está impreso en mi corazón como un sello en la cera? Sin que digas una sola palabra, sé que me amas, y sin decir yo una sola palabra, sabes que te amo. // ¿Qué podrá mostrarte una carta mía que tú no conozcas ya, mi alma gemela? Ve a la más recóndita cámara ... de tu corazón y contempla la devoción de tu verdadero amor; entonces conocerás el amor de tu verdadero amigo.




A pesar de estas evidencias,  los medievalistas tradicionales lo entienden desde la perspectiva de la intensa paternidad espiritual y pedagógica que Anselmo ejercía sobre sus discípulos. Nada nuevo.


MÁS



Boswell, John, Christianity, Social Tolerance, and Homosexuality. Boswell

Nortor, Ricton. The Great Queers of History

diumenge, 2 d’agost del 2026

UNA MIRADA CLÁSICA A LA RELACIÓN "AQUILES-PATROCLO"

 

¿Cómo trataron los textos clásicos la relación entre Aquiles i Patroclo? ¿Quién fue el erastés (adulto) y el erómenos (joven y pasivo)? Una historia de amor apasionante que ha sobrevivido el paso de los siglos.



"La venerada fuerza de sus muslos no respetaste, tú, a pesar de nuestros besos..."

Este fragmento pertenece a la obra perdida Los mirmidones del dramaturgo griego Esquilo. En ella, Aquiles reprocha amorosamente al cuerpo de Patroclo haber ido a la batalla a pesar de su estrecha relación.
Este texto es considerado un testimonio clave de la relación amorosa y física entre ambos héroes en la literatura clásica. Además, es un ejemplo fundamental de cómo los autores posteriores a Homero interpretaban su vínculo.
Al inicio de la obra, el coro (formado por los soldados mirmidones) y los embajadores griegos acuden a la tienda de Aquiles para rogarle que regrese a la batalla. En estos versos se conserva el reproche que le hacen por su pasividad mientras los troyanos queman los barcos:
"¿Ves esto, glorioso Aquiles, el dolor de los aqueos que caen por las lanzas, mientras tú te sientas escondido dentro de tu tienda?"
(Cita conservada por Aristófanes en su comedia 'Las ranas') 
En otro texto recuperado, el propio Aquiles responde furioso a los mirmidones revelando que sus propios hombres se han vuelto contra él por no pelear: []
"¡Pretenden lapidarme!" (Aquiles a su heraldo, aludiendo a las amenazas de muerte por lapidación de sus propios soldados). []
Metáforas de la traición y la desdicha:
Otro fragmento muy famoso de esta misma obra utiliza una conocida fábula de Esopo adaptada a la tragedia. En ella, Aquiles expresa cómo el daño recibido proviene de los suyos propios (haciendo eco de su disputa con Agamenón):
"Así dice la fábula libia: una vez un águila, herida por una flecha, miró la vara con plumas y dijo: 'No soy vencida por otros, sino por mis propias plumas'."
(Cita conservada por Dionisio de Halicarnaso)
El lenguaje enigmático de Esquilo:
Se conserva también un breve texto de dos líneas, famoso porque el comediógrafo Aristófanes se burlaba de él debido al uso de palabras inventadas o excesivamente pomposas por parte de Esquilo:
"...los mascarones de proa de nuestros barcos, con forma de gallo-caballo dorados, hechos con laborioso empeño, se están derritiendo [por el fuego troyano]." 
Más lamentos sobre el cuerpo de Patroclo:
El pasaje de los muslos citado originalmente pertenecía a un monólogo mucho más amplio donde Aquiles lloraba la muerte de Patroclo frente a su cadáver. Justo antes o después de esa sección, se conserva otra línea desgarradora dirigida al difunto: 
"Tú que no devolviste la pureza de mi amor..."
Gracias a estos restos textuales, los expertos confirman que la obra se estructuraba en tres grandes momentos: la obstinada negativa de Aquiles a luchar, la partida y trágica muerte de Patroclo, y el desolador lamento final de Aquiles antes de jurar venganza. 

En esta imágen podemos ver como un adulto (erastés), Patroclo, cura las heridas a su joven amante Aquiles (erómenos). Si leemos detenidamente la Ilíada, veremos como Héctor recibió ayuda directa de un dios y de otro guerrero para poder matar a Patroclo en la Ilíada de Homero. A pesar de que Héctor se llevó la gloria y la armadura, el combate fue completamente desigual porque Patroclo fue atacado por tres lados diferentes. De lo contrario podia haber acabado con Héctor, no muestra para nada que fuera un inexperto adolescente.
La relación entre Aquiles y Patroclo es uno de los vínculos más analizados de la literatura clásica. Aunque Homero en la Ilíada no la define explícitamente con términos sexuales, los autores de la época clásica (siglos V y IV a.C.) dieron por sentado que se trataba de una profunda relación romántica y erótica.



Varios textos fundamentales de la antigüedad abordan, discuten y celebran este amor:
El origen: La Ilíada de Homero (Canto XVIII y XXIII)
Aunque no contiene etiquetas modernas, la intensidad del dolor de Aquiles ante la muerte de Patroclo establece las bases de la interpretación amorosa. Sus propias palabras muestran un afecto que supera a cualquier otro lazo: [1]
"Mi querido compañero ha muerto, Patroclo, a quien yo apreciaba más que a todos mis camaradas, tanto como a mi propia vida. ¡Lo he perdido!"
(Canto XVIII, 80-82) 

NOTA: Comparad este texto con el lamento de David ante el cuerpo de Jonatan "a quien yo amaba más que a todas las mujeres" 

Más adelante, el propio fantasma de Patroclo se le aparece a Aquiles para rogarle que, cuando el héroe muera, sus cenizas no sean separadas: 
"Te pediré una última cosa, concédemela por favor. No permitas que entierren mis huesos separados de los tuyos, Aquiles; deja que descansen juntos... Que una sola urna guarde nuestros huesos, siempre juntos."
(Canto XXIII, 83-92) 
Al final del poema, Aquiles cumple este deseo mezclando sus cenizas en una vasija de oro. 
Terminada la guerra, Odiseo visitó fugazmente el mundo de los muertos, donde reencontró a su antiguo compañero de armas: “No debe apenarte estar muerto, porque allá arriba los hombres honran tu memoria”. Pero Aquiles, repentinamente enamorado de la vida, contesta: «Preferiría ser labrador en tierra ajena antes que reinar sobre todos los muertos. ¡Ay, si pudiera volver bajo el sol!». Desde las sombras, el legendario Aquiles envidia las vidas corrientes, anónimas y apacibles. (Texto procedente de Irene Vallejo, El Pais)



El Banquete de Platón (Discurso de Fedro)
En este célebre diálogo sobre la naturaleza del Amor (Eros), el personaje de Fedro utiliza a Aquiles y Patroclo como el ejemplo supremo de amantes aprobados por los dioses. Fedro incluso corrige la obra de Esquilo, argumentando sobre quién era el miembro más joven de la pareja: 
"Esquilo desbarra cuando afirma que Aquiles estaba enamorado de Patroclo... Aquiles era mucho más joven y no tenía aún pelo de barba, además de ser mucho más hermoso, como dice Homero." 
"Por esta razón los dioses le han honrado más que a todos los hombres, mereciendo su admiración por el sacrificio que hizo... prefiriendo la venganza de Patroclo a su propia vida, quiso no sólo morir por su amado, sino también morir sobre su cadáver." 
Contra Timarco del orador Esquines
En el año 345 a.C., el político ateniense Esquines pronunció un famoso discurso judicial. En él apela al conocimiento general de los ciudadanos sobre el amor entre los dos héroes, afirmando que Homero decidió camuflar el erotismo de la relación bajo un velo de sutileza poética porque el enorme tamaño de su amor era evidente: 
"Homero, aunque habla en muchos pasajes de Patroclo y Aquiles, oculta su amor y evita dar nombre a su afecto, considerando que la extraordinaria grandeza de su amor mutuo quedaría completamente manifiesta para los oyentes ilustrados."
Amores de Pseudo-Luciano
En esta obra de época romana (atribuida tradicionalmente al escritor satírico Luciano de Samósata), los personajes debaten los méritos del amor hacia las mujeres frente al amor hacia los hombres. Para defender el romance entre varones, se recurre directamente a estos personajes:
"Patroclo fue el compañero de Aquiles, pero no como un simple subordinado en el carro de guerra; el amor unía sus almas de una manera que ningún lazo ordinario de camaradería podía igualar."





Kabafis y loa Caballos de Aquiles 


Inspirándose en los cantos XVI y XVII de la Ilíada, Kavafis desplaza el foco de atención de los guerreros y se concentra en el llanto de Balio y Janto, los caballos inmortales de Aquiles, al contemplar el cuerpo inerte de Patroclo: 

El poema describe cómo los caballos inmortales de Aquiles lloran desconsolados al ver a Patroclo muerto. Muestran su indignación y tristeza sacudiendo sus crines y golpeando la tierra ante la inanimada figura del joven guerrero, reflejando el dolor por la vida perdida. 

En la obra, Zeus observa con lástima el llanto de los caballos, lamentando haber dado criaturas inmortales a los mortales, condenándolas a sufrir la fragilidad humana.

Kabafis en el poema Infidelidad reconstruye el banquete de bodas de los padres de Aquiles (Peleo y la diosa Tetis). Describe cómo el dios Apolo se levantó durante la celebración para cantar y profetizar el futuro del hijo que iba a nacer. El dios aseguró que Aquiles tendría una vida dichosa, libre de enfermedades y de larga duración. Prometió que Tetis sería una madre feliz. Años después, durante la guerra de Troya, los jefes heridos de los griegos lloraban la muerte de Aquiles. Tetis, rota por el dolor, recordó las palabras de Apolo en su boda. El poema concluye revelando que el propio Apolo —el mismo dios que había prometido protegerlo y cantado su gloria— bajó a Troya, ayudó a los troyanos y mató a Aquiles.

..."Entonces Tetis se desgarró sus vestiduras de púrpura,
y se quitó de encima y arrojó al suelo
los anillos y los brazaletes.
Y en su dolor recordaba las antiguas bodas,
y preguntaba qué hacía el dios sabio,
dónde estaba el poeta que habla tan bien en los banquetes,
dónde estaba el profeta cuando a su hijo mataban
en la flor de su juventud"...


Aquiles«Preferiría ser labrador en tierra ajena antes que reinar sobre todos los muertos. ¡Ay, si pudiera volver bajo el sol!».