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dilluns, 15 de desembre del 2025

HERVÉ GUIBERT, HUMANO Y SERENO EN TIEMPOS CONVULSOS.

(Textos procedentes de Infobae y Homosesiribus)


Hervé Guibert es reconocido como escritor, y su obra literaria, que describe sus años de convivencia con el SIDA, ha generado considerable interés (Al amigo que no me salvó la vida, Gallimard, París, 1990; El protocolo compasivo, Gallimard, París, 1991). El público general lo conoce principalmente por coescribir el guion de El herido, junto a Patrice Chéreau (ganador del Premio César al mejor guion en 1984). Su trabajo como fotógrafo es menos conocido. 





Sin embargo, su fotografía constituye una parte importante de su obra. Primero, como crítico, en 1977, tras colaborar en varias revistas (Combat, Had, 20 ans, Cinéma, Les Nouvelles littéraires), se incorporó a la sección cultural del periódico Le Monde, donde trabajó como crítico de fotografía y cine hasta 1985 (sus reseñas se recogen en La Photo inéluctablement (Gallimard, 1999)). Y después como artista fotográfico.

Hervé Guibert comenzó a fotografiar en 1972, a los 17 años, gracias a una cámara que le regaló su padre. Su segundo libro (publicado en 1980) fue, de hecho, una fotonovela protagonizada por sus dos tías abuelas, Suzanne y Louise, una perspectiva sobre la vejez rebosante de amor y humanidad.

Guibert continuó fotografiando casi hasta el final, cuando abandonó la fotografía por un sueño de infancia: el cine. Realizó su única película, "La pudeur ou l'impudeur" (Modestia o Inmodestia), que documenta su declive hasta marzo de 1991. La primera exposición de estas fotografías tuvo lugar pocos meses después de su muerte, el 27 de diciembre de 1991, en la Galería Agathe Gaillard de París. La primera colección de sus fotografías fue publicada por Gallimard en 1993.



Tanto como el escritor, el fotógrafo Hervé Guibert poseía un talento excepcional. Sus fotografías en blanco y negro son exquisitas, elegantes, delicadas, frescas y tiernas, a veces con un toque de morbosidad. Como una extensión de su obra literaria, nos permiten vislumbrar su vida privada, ilustrando su prosa.

Pone en escena su mundo, así como el de sus amigos y amantes, en un diario narcisista donde momentos de la vida cotidiana se entrecruzan con fantasías surrealistas (El retrato de Juana de Arco, Autorretrato en la Rue du Moulin-Vert, 1981). Construye una fotonovela de su vida. En su mundo, donde los fantasmas parecen flotar, el tiempo parece suspendido y una suave seguridad nos envuelve. Aunque intuimos que la muerte acecha (como cuando se esconde en su apartamento como si estuviera bajo un sudario), el espacio es sereno y lleno de humanidad. En mi opinión, su obra fotográfica, lamentablemente aún poco conocida, es tan valiosa como su obra literaria.





"Siempre negaré ser fotógrafo: esta atracción me asusta; me parece que puede convertirse rápidamente en locura, porque todo es fotografiable, todo es interesante de fotografiar, y de un solo día de la vida, se podrían extraer miles de momentos, miles de pequeños fragmentos, y si uno empieza, ¿por qué parar?"

Sueño con que la fotografía parezca el mismo trabajo manual que la caligrafía. Sueño con que los fotógrafos empiecen a escribir y los escritores a fotografiar, que ya no haya intimidación entre ellos, que cada actividad sea lo indecible, lo innombrable… El Mausoleo de los Amantes: Diario, 1976-1991, Gallimard, París, 2001

Imagen fantasma

Inicio de su obra “Imagen fantasma”

(

photographe fantôme)

La fotografía es también un acto de amor. Una vez, cuando mis padres vivían aún en La Rochelle, en ese apartamento grande, rodeado por un balcón que daba a los árboles del parque y un poco más lejos al mar, decidí hacerle fotos a mi madre. Yo tendría entonces dieciocho años y había vuelto por un fin de semana. Supongo que era mayo o junio, un día de sol pero fresco, con una brisa agradable.

Ya había hecho, sin pensarlo, fotos de ella en vacaciones con mi padre, fotos inevitablemente banales que no decían nada de la relación que podíamos tener, de mi apego hacia ella, fotos que se limitaban a ofrecer obtusamente un rostro, una fisionomía. De hecho, por lo general, mi madre se negaba a que le hicieran fotos; afirmaba que no era fotogénica y que la situación la ponía tensa enseguida.

Si yo tenía dieciocho años, debía de ser en 1973 y mi madre, nacida en 1928, tendría entonces cuarenta y cinco años, una edad para la cual seguía siendo muy bella, pero una edad desesperada, en la que yo la sentía al límite extremo del envejecimiento, de la tristeza. Hay que decir que hasta entonces yo me negaba a fotografiarla porque no me gustaba su peinado, artificiosamente ondulado y lleno de laca, con esos marcados espantosos que le hacían, alternando con permanentes, y que abochornaban su rostro, lo enmarcaban lamentablemente, lo escondían y alteraban. Mi madre era de esas mujeres que presumen de parecerse a una actriz, Michèle Morgan en este caso, y van a la peluquería con una foto de esa actriz, encontrada en alguna revista, para que el peluquero, con la foto como referencia, reproduzca en ellas el peinado. Mi madre tenía entonces más o menos el mismo peinado que Michèle Morgan, a quien obviamente empecé a odiar.

Mi padre le prohibía a mi madre maquillarse y teñirse el pelo, y cuando le hacía fotos le ordenaba que sonriera, o se las hacía sin que se diera cuenta, fingiendo ajustar la cámara para que ella no pudiera controlar su imagen.

Lo primero que hice fue quitar a mi padre del escenario donde iba a hacer la foto, expulsarlo para que la mirada de ella ya no pasara por la suya, por sus exigencias, y librarla por un momento de cualquier presión acumulada durante más de veinte años, y que solo estuviera nuestra complicidad, una complicidad nueva, liberada del marido, del padre: solo una madre y su hijo (¿no sería la muerte de mi padre lo que yo quería poner en escena?).

La segunda etapa fue liberar su rostro de ese caótico peinado: sentado en el baño, yo mismo le mojé la cabeza bajo el grifo para alisarle el cabello y le puse una toalla para cubrirle los hombros. Llevaba una combinación blanca. Yo había probado varios vestidos viejos, como ese vestido azul con volantes y lunares blancos que asocio con un recuerdo de domingo, de fiesta, de verano, de placer. Pero el vestido ya «no le quedaba» a mi madre o me parecía demasiado: reclamaba mucha importancia, era demasiado llamativo y terminaba escondiendo una vez más a mi madre, pero en un sentido opuesto a como lo hacía mi padre, aunque, en retrospectiva, todos nuestros intentos lo que hacían era desnudarla. Ella tenía el pelo rubio, no tan largo, y se lo estuve peinando un buen rato para alisarlo totalmente a cada lado del rostro y que quedara sin volumen, sin imprecisiones, dejando brotar la pureza de sus rasgos: la nariz larga y recta, la mandíbula afilada, los pómulos altos y, por qué no, aunque la foto sería en blanco y negro, los ojos azules. Le puse un poco de talco, un talco pálido, casi blanco.

Después la llevé al salón, que estaba totalmente iluminado con esa luz suave y cálida, invasiva y tranquilizadora de inicios de verano. Acomodé uno de los sillones blancos entre las plantas verdes, la higuera, el árbol de caucho; lo ubiqué de costado para que la luz cayera con más suavidad y bajé un poco la persiana para atenuar la intensidad, que amenazaba con borrar, con aplanar el rostro. También saqué del posible marco visual de la foto todas esas cosas que podían distraer, como la mesa de plexiglás donde descansaban unos ejemplares de la guía de la televisión. Mi madre estaba sentada en ese sillón, con la combinación y la toalla sobre los hombros, y esperaba, erguida pero sin ninguna rigidez, a que yo terminara la preparación. Me di cuenta de que los rasgos se le habían relajado, vi cómo esas pequeñas arrugas que amenazaban con fruncirle la boca habían desaparecido totalmente. (Por un instante yo detenía el tiempo y el envejecimiento; iba de regreso a través del amor a mi madre). Ahí estaba, sentada, majestuosa, cual reina antes de ser ejecutada. (Ahora me pregunto si lo que esperaba no era su propia ejecución, porque, una vez que se había hecho la foto, que se había fijado la imagen, el proceso de envejecimiento podía volver a empezar, y con vertiginosa velocidad a esa edad, entre cuarenta y cinco y cincuenta años, cuando sorprende tan brutalmente a las mujeres. Yo sabía que cuando dejara de presionar el botón, ella dejaría pasar todo con desapego, serenidad, resignación absoluta, y que seguiría viviendo con esa imagen degradada sin intentar recuperarla frente al espejo con cremas y mascarillas).

Le hice fotos. En ese momento estaba en el cénit de su belleza, con el rostro totalmente relajado y suave, no hablaba mientras yo me movía a su alrededor; tenía en los labios una sonrisa imperceptible, indefinible, de paz, de felicidad, como si la bañara la luz, como si ese lento torbellino alrededor suyo, a distancia, fuera la caricia más suave.




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El mausoleo de los amantes (fragmento)

"Cuando veo el hermoso cuerpo desnudo, carnoso, de un albañil en una obra, no sólo me gustaría lamer, sino también morder, jalar, jamar, masticar, tragar. No descuartizaría, según la moda japonesa, a uno de esos obreros para apretujarlo en mi congelador: me gustaría comerme la carne cruda y vibrante, cálida, dulce e infecta. "





HABITACIÓN (fragmento de Imagen fantasma):

Ya es mala una habitación de hotel que no puede fotografiarse (que no produce el deseo de hacer ninguna foto). Cuando se llega a una ciudad, primero hay que fotografiar la habitación, como para marcar el territorio; capturar tu reflejo en el espejo, como para marcar la pertenencia temporal, como para atenuar el precio, como un testimonio de tu presencia. O se puede ocupar la habitación inmediatamente…haciendo el amor.





divendres, 10 d’octubre del 2025

El uso político de la sodomía masculina en panfletos revolucionarios (II PARTE)

 El uso político de la sodomía masculina busca desacreditar a las antiguas élites acusándolas de depravación. La antigua nobleza y el clero son, por supuesto, mencionados como adeptos a estas prácticas sexuales. Se denuncian sus supuestas orgías sexuales, y esta es la marca intangible de su degeneración.

«Su gentil caridad hace que el clero de Francia espere que les conceda su santa bendición, y que complacerá constantemente a su benévola paternidad conceder a todos los miembros de la Iglesia francesa permiso para abrir un burdel público donde puedan reunirse y aliviar mutuamente sus deseos antifísicos».


Acceso a laa primera parte:

https://leopoldest.blogspot.com/2025/09/homosexualidad-y-pamfletos-en-la.html


La estigmatización del clero se debe a varias causas. Por un lado, estos ataques son comprensibles dado que el clero era una de las dos órdenes privilegiadas del Antiguo Régimen. Robert Darnton enfatiza cómo los libelos expresan un sentimiento de desprecio total por una élite corrupta, y el mensaje que transmiten es que la enfermedad social tenía su origen en la cúpula.

Por otro lado, las causas de estos ataques contra el clero están tan relacionadas con la percepción de la homosexualidad como con la posición del clero. Este último está compuesto por hombres célibes, debido a la obligación del celibato sacerdotal. Estos hombres viven entre sí. Sin embargo, desde la Revolución, ha existido preocupación por los célibes. Algunos han atacado el celibato de los sacerdotes. 

 Estos ataques contra el clero deben clasificarse dentro de lo que René Rémond llama un primer tipo de anticlericalismo. La moral cristiana fue tomada y transformada en moral natural. A partir de entonces, fue en nombre de la moral natural que el clero fue atacado. Se les acusaba de no observar los preceptos que se les encomendaba profesar. Los religiosos falsifican la verdad y practican la duplicidad y la hipocresía, y los jesuitas fueron particularmente atacados. Este anticlericalismo se vio exacerbado por los acontecimientos en torno a la Constitución Civil del Clero de 1790 y la posterior condena del Papa Pío VI a los principios de la Revolución Francesa en marzo de 1791, lo que podría explicar estos vínculos entre el clero y la sodomía masculina. 



Este contexto político general nos permite situar estas difamaciones en contra de la moral del clero. Todos estos textos apuntan a la denuncia de la moral corrupta, y la práctica de la sodomía masculina parece percibirse como una práctica sexual por excelencia entre estos hombres de la Iglesia. El Burdel Apostólico establecido por Pío VI, que hemos mencionado, describe la supuesta moral pederasta del clero de la siguiente manera: «No se trataría de prostitución natural; allí solo se dedicaría la energía y el tiempo a aliviar el ardor de la sodomía, la pederastia y la promiscuidad, y se prohibiría cualquier goce, cualquier manipulación de coños y pezones; las mujeres y las niñas quedarían excluidas de este lugar de deleite». 

 Al mismo tiempo, en este panfleto la sodomía masculina se equipara con la inutilidad social, ya que los clérigos son célibes. Además, son hombres que no están obligados a trabajar y que viven del trabajo ajeno, lo que explica estas representaciones. 

En contraste, la sexualidad natural es un factor de utilidad. La sodomía masculina se opone claramente al placer con mujeres y se presenta como una práctica sexual específica del clero: dado que el clero es parásito, preocupado únicamente por sus propios placeres, y los clérigos son célibes, la práctica de la sodomía masculina tiene su lugar. En este escrito encontramos la caracterización de la homosexualidad masculina como placer antisocial, porque estos placeres no conducen a la vida. 

Otro panfleto, titulado El Correo Extraordinario de los Jodedores Eclesiásticos o Correspondencia Secreta y Libertina, asocia al clero con el libertinaje sexual, y algunos de sus pasajes tratan sobre la sodomía masculina: «El cabrón más grande del mundo, ¡ah! Es nuestro sacerdote; y lejos de follar con Raimonde, se prefiere a un muchacho; la filosofía profunda les dice a todos: ¡ah! Lo que es; no perturbéis el mundo, dejad a cada uno como está».

 



Un tercer panfleto, titulado "Regalos de Año Nuevo para los Folladores o el Calendario de los Tres Sexos", de 1793, también asocia la práctica de la sodomía con el clero. En un pasaje de este panfleto, titulado "El Recurso del Clero", leemos: "Además, si por falta de dinero todos nuestros suspiros son superfluos, ¿debemos desesperar? ¿Y solo es necesario correrse? No, el asno puede reemplazarlo: es lo que nos consuela"

 Cabe señalar que, en este escrito, la sodomía masculina solo se considera una fantasía entre diversos libertinajes, lo que a veces ocurre en este tipo de panfletos. Esto es particularmente visible en otro pasaje de este panfleto titulado "Los Cinco Sentidos o las Tres Generaciones". 




Finalmente, junto al clero, algunos panfletos atacan a la antigua nobleza, la antigua Corte Francesa y los altos funcionarios del Estado. Estas élites son acusadas de prácticas sexuales sodomitas para demostrar su estado de depravación. En este caso, la sodomía masculina se cita únicamente entre diversos libertinajes que dan una imagen de placeres estériles e inmoralidad entre estas antiguas élites. En Las delicias de Coblenza o Anécdotas Libertinas de Emigrantes Franceses, un texto fechado en 1792, a lo largo de las páginas se ataca a antiguas figuras importantes de la Corte que huían de la Francia revolucionaria. 

El Príncipe de Condé, definido como el alma de la nobleza francesa, es descrito como un «pederasta», y su hotel es descrito como un lugar de todos los placeres, festines, bailes y otras fiestas nocturnas: «Se deleita en prodigarse a las prostitutas más bajas, a quienes contrata a un alto precio para saciar el fuego de su lujuria. Varía constantemente sus placeres. Un follador y un pederasta, escapa de los brazos de las prostitutas solo para sodomizar a un joven caballero»

 El placer de la sodomía masculina es aquí simplemente la culminación de fantasías desenfrenadas. Las anécdotas sobre el futuro Luis XVIII también destacan su reticencia a mantener relaciones sexuales con mujeres y, al mismo tiempo, las relaciones homosexuales que supuestamente mantuvo con Condé. Ocupado con "su dama Balby, a quien no sirve mejor que a su esposa","Stanislas Xavier [fue] azotado [...] mientras Condé la sodomizaba. Se miraron en los espejos, que reflejaban a la perfección sus actitudes lascivas y sodomitas".






En este pasaje, la sodomía se asocia con el sadismo. También hay una escena de amor lésbico.

Descubrimos el tema de la supuesta deformación de los genitales al usarse para relaciones homosexuales; este tema se encontraría posteriormente en la medicina forense. El análisis de los términos utilizados en este texto es revelador, el alma de la nobleza francesa se asocia con "este paraíso de todos los placeres". La práctica de la sodomía se asocia con los distritos nobiliarios: "seis grados de nobleza para ser sodomizados por estos príncipes". 

Otro panfleto, titulado El burdel patriótico establecido por la reina de Francia para el placer de los diputados de la nueva legislatura, publicado en 1791, presenta a la reina de Francia y a los diputados de la Asamblea, para quienes establece un burdel. Podemos leer allí pasajes significativos para nuestros propósitos: «Y cuando os hayáis saciado de uno u otro, encontraréis al moderno Ganimedes para despertar vuestros sentidos adormecidos, quien reavivará vuestros fuegos apagados [...] Todos los secuaces de Príapo, sea cual sea su carácter, serán admitidos en el burdel patriótico [...] Venid, libertinos, folladores de todo tipo, venid, madames y putas de toda condición, reciban instrucciones» 




Para prevenir los deseos de todos los sacrificadores, para dar placer a todos, no ha olvidado acoger en sus deducciones amorosas a ganimedes, bardaques, pederastas, gamahucheurs, gamahucheuses, tríbades, sodomitas y follaculos. Todas las pasiones, todos los gustos de ambos sexos se verán plenamente satisfechos allí; un hombre disfrutará con un hombre, y una mujer con una mujer […]». 

Personajes notables aparecen a lo largo de las páginas, como La Fayette, quien confiesa sus pecados pasados: «También me entregué al pecado antifísico, pero ese gusto se me ha pasado. Hoy follo como coño, no como culo». La pederastia, la sodomía no me tientan más, prefiero exponerme a sacar viruela de las vaginas de las putas que follar con un tipo».

Así que de nuevo Bailly, quien defiende la homosexualidad evocando a los grandes hombres de la Antigüedad y a Federico II. "No he sido más sabio que tú; pero las mujeres no han despertado mis pasiones más ardientes. Prefiero a los hombres. Aunque me casé como cualquiera, por razones secretas, prefiero el trasero de mi esposa a su frente, y a decir verdad, le pago a mi sirviente el doble que tú al tuyo, porque tengo el placer de encularlo, y él se presta fácilmente a mi furia." "Soy un defensor de las pasiones de los grandes hombres de la Antigüedad. Sócrates, el sabio Sócrates, era un cabrón. Solo hablaba mal de los idiotas porque se estaba follando el culo al joven Alcibíades."





En cuanto a Danton y Marat, se preparan para tener una relación homosexual: «Te voy a dar una prueba de mi afecto. Voy a follarte, pero follarte como es debido. Marat se baja los pantalones y presenta el culo».

Este panfleto claramente pretende retratar a la élite política como depravada, pensando solo en sus placeres puramente hedonistas. Al mismo tiempo, la sodomía masculina es un placer distinto: los amantes de los culos son diferentes de los amantes de los coños, pero observamos una transición de un placer a otro. Las fantasías no están compartimentadas en este panfleto. La sodomía masculina aún no se desvincula del concepto más general de libertinaje. Este panfleto se explica fácilmente, ya que fue escrito en 1791. Las dificultades y los peligros se acumulaban en la Francia revolucionaria: dificultades financieras y, el 20 de junio de 1791, la huida de la familia real a través de Varennes. Tras el regreso de los soberanos a París, la Asamblea Constituyente planteó la hipótesis de que el soberano había sido secuestrado. Como resultado, se produjo una división entre la Asamblea, que de hecho exoneró a Luis XVI, y un sector de la opinión pública que lo condenó. Estos panfletos vinculan así la práctica de la sodomía entre hombres con la decadencia de las antiguas élites. La práctica de la sodomía masculina se presenta, como en la literatura licenciosa del Antiguo Régimen, como resultado del exceso y la depravación sexual. En estos panfletos, la homosexualidad masculina es uno de los placeres inútiles en una época de regeneración, y son antisociales. 





 En ocasiones, los panfletos atacan políticamente a un actor específico de los acontecimientos revolucionarios. Este es el caso de Charles, marqués de Villette, nacido en París en 1736 y fallecido en 1793. «Sus fuegos se apagarán […] Todos los secuaces de Príapo, sea cual sea su carácter, serán admitidos en el burdel patriótico […] Venid, libertinos, folladores de todo tipo, venid, madames y putas de toda condición, reciban instrucciones». 1793, quien fue diputado por Oise en la Convención Nacional y un conocido sodomita. 

El panfleto «La vida privada y pública del ex marqués de Villette» lo presenta como un sodomita de toda la vida. Se dice que desde muy joven sintió afición por el amor masculino: «llevaba en sí la semilla del terrible vicio que ahora exhibe»  «Lo encontraron en una obra, con un frío glacial, en la nieve, sodomizando a una joven zapatera»

En el caso del Marqués de Villette, el sodomita no puede contener sus impulsos sexuales, y el placer de la sodomía se combina con la transgresión de las barreras sociales. En el panfleto "Los Hijos de Sodoma en la Asamblea" (1790), los homosexuales varones son presentados como una especie de masonería, practicando el proselitismo y buscando imponer su estilo de vida. Asistimos a una asamblea general de la orden de los sodomitas. Se citan aquí nuevamente figuras notables: "Un manuscrito salvado de la quema de Sodoma será impreso lo antes posible, titulado 'Tratado Elemental de Antifísica [...] para uso de impostores y jóvenes bardaches': cuatro de los miembros más antiguos de la orden serán responsables de supervisar su impresión; a saber, Barea de Girac, obispo de Rennes; Bourdelles, obispo de Soissons; el Conde de Montrevel, Mariscal de Campo; y el Marqués de Visé, Teniente General de los Ejércitos del Rey". 





Este panfleto retrata a varios miembros de la élite como adeptos a la sodomía. Se percibe una atmósfera de un mundo o un orden invertido. Este texto tiene un tono excesivo en su presentación de la homosexualidad masculina parisina, probablemente con el objetivo de demostrar el progreso de la sodomía. Sobre todo porque el análisis lexicológico de este texto revela un uso notable de los calificativos "posterior" y "culo", que presentan al hombre adepto a estos placeres como preocupado únicamente por la práctica de la sodomía en sentido estricto.

Todos estos textos citados utilizan la sodomía masculina políticamente para desacreditar a las antiguas élites, a dimensión social y política del sujeto de la persecución. La sodomía masculina también se presenta como incompatible con el nuevo orden social. Estas representaciones se contrastan, por lo tanto, con la era de regeneración que requiere élites, en contraste con estas descripciones. 

¿Por qué parece utilizarse tanto el recurso de la vida íntima y la sexualidad? La Revolución Francesa, entre 1789 y 1794, expandió constantemente el ámbito de la vida pública, lo que allanaría el camino para el movimiento romántico de autorreflexión. ¿Quizás esto explique el uso característico de la vida privada que observamos en estos años? En general, existe un tono moralista muy pronunciado, ya que estos textos describen lo que hacen las antiguas élites, expulsadas por su decadencia y libertinaje, y, por lo tanto, lo que un revolucionario no debe hacer. Por otro lado, como hemos enfatizado, durante el siglo XVIII se desarrolló una contrasociedad sodomita parisina, en la que participaron ciertos nobles y clérigos.

 Además, denunciar la moral sodomita de las antiguas élites no es nuevo; en los albores de la Revolución, ya se pueden encontrar rastros de ella en textos como La foutromanie de Gabriel Sénac de Meilhan, un texto que data de 1780. En concreto, en este texto, el autor ataca la homosexualidad, que se extendería más, y podemos descubrir algunos comentarios bastante violentos contra el clero.

 El uso político de la depravación sexual, y de la homosexualidad en particular, es el primer factor observado en el análisis de esta literatura revolucionaria. Demuestra un deseo de rigor moral: el revolucionario perfecto se construye, al menos ideológicamente, en oposición a lo descrito en estos libelos. No es depravado y practica la sexualidad conyugal. Demuestra así altruismo, porque los placeres de las antiguas élites se describen solo para demostrar su egoísmo ante los desafíos que enfrentaba la Francia revolucionaria. El interés de estos panfletos revolucionarios reside en ver cómo la sodomía masculina se construye como un contramodelo.





Texto traducido de
La sodomie masculine dans les pamphlets révolutionnaires de Thierry Pastorello   Academia.edu

diumenge, 28 de setembre del 2025

HOMOSEXUALIDAD Y PAMFLETOS EN LA FRANCIA REVOLUCIONARIA

 

La revolución francesa representó la despenalización de las relaciones homosexuales, también la libertad de expresión. Pero también la utilización de esta para burlarse y desacreditar a los "sodomitas"





Este arículo de Thierry Pastorello (Universidad De Paris Diderot): "La sodomie masculine dans les pamphlets révolutionnaires" publicado en Academia.edu: ( https://www.academia.edu/5182281/La_sodomie_masculine_dans_les_pamphlets_r%C3%A9volutionnaires )   Resumido y traducido aquí:

Una larga tradición francesa de panfletos y otros escritos satíricos da testimonio del uso del sexo como arma de crítica y caricatura, desde el erotismo goliardo del siglo XIII (que expresaba crudamente la obsesión sexual por el acto), hasta la poesía libre y satírica de principios del siglo XVII, sin olvidar las particularmente crudas Mazarinades. Herederos en parte de esta tradición, los panfletos revolucionarios deben situarse en el contexto de los debates perceptibles en los ámbitos literario y filosófico sobre los placeres sexuales, y en particular sobre la sodomía. En el siglo XVIII, surgió un debate sobre la sodomía en el sentido de prácticas sexuales entre hombres. Estos discursos pueden verse como un proceso de desvelamiento de los placeres. Se cuestionan las diferentes facetas de los placeres venéreos, como señala Alain Corbin.


Esta libertad de expresión está plagada de ambigüedad, ya que contribuye a definir placeres particulares que son altamente transgresores. Por otro lado, a la luz de ciertos textos panfletarios, se podría plantear la hipótesis de un deseo de justificación.




En cualquier caso, sí que se observa un inicio de identificación del sodomita masculino como una persona específica en este análisis de los placeres, perceptible tanto en la literatura como en los escritos licenciosos.

La sodomía masculina se aborda de dos maneras en la literatura del siglo XVIII. En los escritos filosóficos, se presenta en el marco de un debate sobre las nociones de naturaleza y antinaturalidad.

¿Es la naturaleza polimorfa, como sostienen algunos, en particular Denis Diderot? Este es el profundo significado de su afirmación: «Todo lo que está en la naturaleza no puede ser antinatural ni estar fuera de ella, ni siquiera la castidad y la continencia voluntaria».

Al mismo tiempo, Jean-Jacques Rousseau sitúa la sodomía masculina dentro de su teoría del sentimiento natural. Para él, los sentimientos antinaturales solo pueden ser producto de la perversión de las sociedades.





Es importante enfatizar esta teoría, ya que los panfletos revolucionarios estarían impregnados de un rousseaunismo resumido, en particular con autores a quienes Robert Darnton llamó la "Corriente Rousseaux".

Por su parte, Montesquieu buscó las causas de la sodomía masculina en ciertas costumbres inapropiadas. Por lo tanto, una buena vigilancia policial y unas costumbres sanas probablemente resolverían el problema. Adhirió al concepto de comportamiento antinatural.

Voltaire, por su parte, negó la afirmación de que ciertas civilizaciones pudieran haber fomentado la práctica de estos comportamientos sexuales. Es más, parece explicar el comportamiento homosexual entre adolescentes que no eran plenamente conscientes de la alteridad de los sexos.



Al mismo tiempo, se debate la visibilidad de estas prácticas en ciertas civilizaciones antiguas. ¿Es esto una señal de la inferioridad de estas civilizaciones?

Además, estamos presenciando una descripción arqueológica de los placeres de la carne. El deseo se desnuda y el placer sexual se expone en todas sus variantes.

Así, la sodomía como práctica sexual se aborda en textos literarios, en particular en una amplia gama de literatura licenciosa. Algunos de estos textos fueron considerados obscenos, mientras que otros recurrieron a la caricatura. Algunos textos licenciosos, como El diablo en la carne de Andréa de Nerciat (1739-1800), publicado en 1786, se publicaron bajo seudónimo. Presenta rasgos propios de los panfletos revolucionarios, en particular el uso de un lenguaje muy crudo con términos como «el coño», «el culo», «los conistas», «los culistas», «meter anos», «putas», «procaces», «gusto», y la denuncia de la moral libertina del clero.

Robert Darnton ha destacado la existencia, en vísperas de la Revolución, de una bohemia literaria. Estos círculos, señala, incluían a un buen número de escritorzuelos que confundían ciertas ideas simplistas con talento: «Estaban en guerra con una organización cultural y una producción de libros regidas por privilegios».




Ahora bien, precisamente, esta bohemia literaria exhibía una agresividad unida a la vulgaridad, rasgos que también se encuentran en los panfletos revolucionarios.

Utilizaba el sensacionalismo sexual y proporcionaba obras pornográficas para un público interesado en el supuesto libertinaje de la Corte.

Además, para comprender estos panfletos revolucionarios, es necesario destacar la extinción gradual del delito de sodomía: su última aplicación pura tuvo lugar en 1750 con Bruno Lenoir y Jean Diot, sorprendidos en el corazón de París por un sargento de guardia. Este proceso de extinción gradual resultó en la desaparición del delito de sodomía en 1791. Sin embargo, algunos de estos panfletos protestan contra la tolerancia concedida a estas prácticas. Esta impresión se basa en la existencia de una subcultura sodomita ya consolidada en el París del siglo XVIII. Finalmente, cuando hablamos de sodomía, ¿a qué nos referimos epistemológicamente? Anteriormente, este término se refería a todas las prácticas sexuales que no resultaban en procreación: en los juicios contra hombres por el delito de sodomía, se les acusaba de bestialidad.




Florence Tamagne señala al respecto que «la acusación de sodomía se dirigía a una forma de acto sexual y no a una categoría de personas: así, aunque los homosexuales fueran víctimas desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, las leyes sobre la sodomía podían aplicarse a las relaciones heterosexuales, a la bestialidad e incluso, de forma mucho más vaga, a la herejía y la traición».

Sin embargo, en el siglo XVIII, se produjo un cambio en el uso de los términos sodomía y sodomita. De hecho, este término acabó designando a lo que hoy llamamos un homosexual masculino. Finalmente, es necesario conectar estos panfletos con los acontecimientos específicos de la Revolución Francesa: algunos son reacciones a los acontecimientos de la primera parte de la Revolución, como el panfleto titulado El Burdel Apostólico, una reacción a la actitud de Pío VI hacia la Revolución, tras la adopción de la Constitución Civil del Clero. Desde este contexto general, es importante observar cómo estos escritos satíricos utilizan el tema de la sodomía masculina, pero también cómo transmiten imágenes específicas de esta última, en contraposición a la masculinidad. Desde esta perspectiva, es importante discernir cómo estos textos describen la sodomía. En general, distinguimos tres temas: un uso político de la sodomía masculina, la sodomía masculina como un placer antinatural e inherentemente hedonista, y finalmente, la sodomía masculina como fuente de desorden. Para concluir esta introducción, podemos referirnos a una contribución de Patrick Wald Lasowski publicada en Le Magazine littéraire, que destaca hasta qué punto el lenguaje erótico floreció durante la Revolución y cómo afirmó una virilidad revolucionaria, al tiempo que señalaba un deseo de regeneración.





diumenge, 21 de setembre del 2025

EDUARDO II, DE MARLOWE: LA ABYECCIÓN DE ISABEL

 

Eduardo II (Edward II), título completo de El problemático reinado y la lamentable muerte de Eduardo II, rey de Inglaterra, y la trágica caída del orgulloso Mortimer (The Troublesome Reign and Lamentable Death of Edward the Second, King of England, with the Tragical Fall of Proud Mortimer). Fue estrenada en 1592.




La obra trata del reinado de Eduardo II, su amor por Gaveston, su relación con la reina Isabel y como Eduardo III la acabó encerrando por vida. El siglo XVI en Inglaterra las relaciones homosexuales estaban perseguidas, seguramente esto confiere una cierta identidad a la obra.

Análisi
s de la obra de Christopher Marlowe, realizado por Dan Mills, de la Clayton State University Georgia, USA.

La obra de Eduardo II, de Christopher Marlowe, ha atraído, con razón, mucha atención académica centrada en el género debido a su notoria relación homosocial entre Gaveston y el rey Eduardo. Eduardo adora a Gaveston a lo largo de la obra, y su obsesión finalmente lo lleva a su caída. A la atracción de Eduardo por Gaveston se suma su rechazo, a menudo explícito, hacia Isabel. 

Una pintura de 1872 del artista inglés Marcus Stone muestra a Eduardo II retozando con Gaveston mientras nobles y cortesanos observan con preocupación.


Las nociones medievales sobre el papel de la mujer tendían a orientar su único propósito hacia la mera función maternal y procreadora. Esto habría sido especialmente cierto en la realeza, ya que siempre existía la ansiedad por la procreación de un heredero varón. De esta manera, Isabel representa lo que Julia Kristeva llamaría un "cuerpo maternal". En Poderes del Horror, Kristeva desarrolla una noción de abyección que afirma que la identidad subjetiva y grupal se constituye al rechazar cualquier presencia que amenace las propias fronteras personales, siendo la principal amenaza la dependencia del cuerpo materno. Tanto el rey Eduardo como su hijo rechazan enérgicamente el cuerpo materno de Isabel. Cuando el rey Eduardo le dice a Isabel: «No me adules, fulana francesa; vete», no solo está liberando su sexualidad para buscar más abiertamente alguna forma de consumación con Gaveston; por el contrario, también está ampliando la brecha entre la (para él) presencia represiva de las mujeres y la presencia represiva de la Ley materna bajo la cual se siente subordinado. 





Esta es la misma Ley materna que lo colocó en la posición de rey, una posición para la que no estaba calificado, como lo demuestran las Crónicas de Inglaterra de Holinshed. El príncipe Eduardo solo alcanza su máximo poder cuando envía a su madre a la Torre, en las últimas líneas de la obra. También expresa la posibilidad de sentir lástima por la madre a la que acaba de sentenciar a prisión, pero en su discurso final su autoridad eclipsa cualquier compasión: «Si hubiera podido gobernarte entonces, como lo hago ahora, / No habrías tramado esta monstruosa traición».

Al rechazar/abyectar a Isabel, el rey y el príncipe rechazan implícitamente la integridad matrilineal. Las implicaciones subversivas del rechazo de una reina en una obra producida durante el reinado de Isabel van más allá de simplemente cuestionar el derecho de Isabel a gobernar como reina soltera y «virgen». 


Isabel, y su amante Mortimer, ordenan la detención de Eduardo II. Biblioteca De Francia.


Van directo al corazón de las estipulaciones sociales que establecen que las mujeres deben permanecer sumisas a los hombres y que estos no deben participar en actos sexuales antinaturales. En la descripción que Marlowe hace del vínculo homosocial entre Eduardo y Gaveston (quienes nunca "consumaron" físicamente esta atracción), Marlowe desexua tanto al soberano Eduardo como a su reina y, por lo tanto, postula que solo un gobernante asexuado o asexual puede gobernar eficazmente. 

Al analizar a Eduardo II desde la perspectiva de las lecturas lacanianas del complejo de Edipo de Freud y la noción de abyección de Julia Kristeva, demuestro en este ensayo la profunda sensibilidad de Marlowe tanto hacia su propia homosexualidad latente (que, según Foucault, era en sí misma una forma de asexualidad en este período), como hacia la a menudo hipócrita asexualidad "virginal" de la reina Isabel.


Tumba de Eduardo II, realizada por su hijo Eduardo III Plantagenet

COMENTARIO FINAL:  Eduardo restableció el honor de su padre, que fue un rey muy bien valorado por el pueblo inglés. La reina Isabel fue encerrada de por vida. Roger Mortimer, amante de la reina murió ahorcado por alta traición.

El film Braveheart no acierta ninguna de sus hipótesis sobre el rey y la reina, que al morir el lider escocés apenas tenía 10 años. 


MAS  


Eduardo II, santo o maldito.     

https://leopoldest.blogspot.com/2017/02/eduardo-ii-santo-o-maldito.html

Christopher Marlowe

Braveheart

divendres, 21 de juny del 2024

LA ABLACIÓN DE CLÍTORIS EN LA EUROPA DECIMONÓNICA

 Anteriormente os he explicado cómo esta práctica se desarrolló en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX. De nuevo recuerdo que ésta fue una práctica muy extendida en Europa Occidental, hasta entrado el siglo XX.


Acceso a  LA ABLACIÓN DE CLÍTORIS EN LA INGLATERRA DE LOS SIGLOS XVIII Y XIX:

https://leopoldest.blogspot.com/2013/07/la-ablacion-de-clitoris-en-la.html


Los ginecólogos europeos y americanos del siglo XIX consideraban que la extirpación del clítoris permitía tratar la locura y la masturbación femenina. En Alemania la primera ablación que se conoce fue en Berlín, se realizó a una chica de quince años porque se masturbaba con frecuencia.

En Francia, la clitoridectomia fue recomendada a finales del siglo XIX por médicos de "prestigio" para combatir el onanismo. Esta ablación posiblemente podría llevarse a cabo por cauterización con un hierro caliente, tal y como aconsejó el doctor Jules Guérin (1801-1886) en 1882.

Este año una revista científica francesa (L'Encéphale) tras recomendar esta práctica decía: "Se comprende fácilmente que las niñas, después de haber perdido la sensibilidad mediante la quemadura, son menos excitables, y menos propensas a tocarse. Freud fue uno de los principales denunciantes, la prensa conservadora y las iglesias católica y anglicana sus defensores más fervientes.


Instrumento diseñado por W. G. Rathmann (Chicago, USA)  para ayudar en la circuncisión femenina. En un artículo de 1959 que defendía la circuncisión femenina, sugirió que podría ayudar a algunos maridos al hacer que el clítoris fuera "más fácil de encontrar".


Según un artículo de 1985 en la revista Obstetrical & Gynecological Survey, las clitoridectomías se mantuvieron realizadas en Estados Unidos hasta la década de 1960 para tratar la histeria, la erotomanía y el lesbianismo. En Barcelona esta práctica se estuvo realizando en el Manicomio Nueva Belén, hasta iniciado el siglo XX. . Se dejó de practicar allí por el cierre del centro, se desconoce si se siguió en otros lugares, aunque se cree que sí.

BARCELONA MANICOMIO NUEVA BELEN 1874



dimecres, 27 de març del 2024

GUY HOCQUENHEM, RACE D'EP

 Guy Hocquenghem (1946 –  1988) fue un novelista, ensayista y activista LGBT francés, fue de los primeros miembros del "Front Homosexuel d'Action Révolutionnaire" (FHAR), también fue el primer francés que anunció publicamente su homosexualidad en 1972. Falleció de dolencias derivadas del sida en 1888, tenía 42 años. 





 "Le désir homosexuel (1972) de Guy Hocquenghem está considerada la primera obra de la teoría queer. En ella critica los influyentes modelos de psique y deseo sexual derivados de la obra de Lacan y Freud. El autor también trata la relación entre el capitalismo y la sexualidad, la dinámica del deseo y las consecuencias políticas sobre las identidades de grupo gays. 

En 1982 publica "L'amour en relief". En esta novela nos presenta a un joven tunecino que explora la sociedad francesa. La novela da a la homosexualidad un contexto de resistencia al supremacismo blanco y al racismo.




Race d'Ep es un documental  de 1979, de una hora y media de duración dirigido por Lionel Soukaz, en él colaboró de forma muy activa. El nombre significa pederasta, un insulto habitual de los homófobos hacia los homosexuales.

El rodaje coincidió con la época de los grandes movimientos de liberación homosexual y por el reconocimiento de la homosexualidad. Los textos son Guy Hocquenghem, que además es uno de los actores principales, este documental es una reconstrucción cinematográfica de la historia de gays y lesbianas a lo largo de un siglo. La película afirma que "la liberación gay no nació en los años 60", sino que tuvo sus raíces a mediados del siglo XIX. Lionel Soukaz y Guy Hocquenghem, quienes concibieron y dirigieron la película, sostienen que el desarrollo más o menos simultáneo de la fotografía y el nacimiento de una conciencia homosexual sin complejos en el siglo XIX no fue una coincidencia. 





La fotografía, dice el narrador, "creó una nueva definición de 'humanidad' y dio a los homosexuales los medios por los cuales podían expresar sus deseos 'prohibidos'". El documental fue considerado escandaloso y tuvo muchos problemas de proyección.

Revista del FHAR, en la que GUY participó activamente.



Acceso al documental: 

https://es.unifrance.org/pelicula/48955/race-d-ep-3-royal-opera

divendres, 22 de desembre del 2023

Baudri de Bourgueil, el abad que amó a los jóvenes.

 Baudrí de Bourgueil (1046-1130), fue un poeta e historiador francés, abad benedictino de Bourgueil y más tarde obispo de Dol-de-Bretagne entre 1107 y 1120. Su obra sintetiza la transición de las pasiones ascéticas de la tradición amorosa monástica, a la poesía decididamente erótica,de los siglos XI y XII.


Les frères de Limbourg, Bible moralisée, Paris, Bibliothèque nationale de France, ms français

Gran parte de su poesía responde al viejo estilo del afecto apasionado, y a la vez espiritual, como el poema de Godofredo de Reims, a quien le ofrece inmortalizarlo en verso, o al poema lírico de Walafrido a Liutgero («Ahora no hay de mí nada para ti excepto una simple prenda de amor»). En muchos de estos versos está claro que la pasión que expresan no se relaciona con la atracción física. Cuando escribe a Galo, por ejemplo, le dice: «Te amo intensamente, porque eres intensamente amable», pero continúa explicando que «es tu talento lo que me hace amarte».

En otros no hay alusión alguna a afinidad espiritual. «Ni la rosa ni la violeta adornan tanto la primavera / como tú embelleces, solo, el rebaño de los jóvenes»: estos versos están dedicados a un joven con el que nunca se encontró; había oído hablar de la extraordinaria belleza del joven y, según dijo, no pudo esperar a juzgar personalmente esa gracia.


Baudri de Bourgueil



Otros poemas quedan al borde del candor del «ídolo de Venus». Hay una sección de ochenta versos  dedicados a un hermosísimo muchacho cuya arrogancia es un fastidio particular para Baudrí y un reproche a un hombre joven que le ha escrito con veladas alusiones, lo que provoca las siguientes palabras de Baudrí:  «Si quieres ser mi muchacho, aclara esas alusiones».

Entre los muchos poemas de amor dedicados a un tal Juan, se encuentra su queja acerca de la inconstancia de la juventud:


Me admiro y no logro admirarme lo suficiente

de que mi Juan no haya vuelto a mí, solícito,

aunque siempre promete regresar.

O bien el muchacho se ha agriado, o bien me ha sacado de su mente.

El muchacho es inconstante, inconstante como la juventud.

En ninguna parte el hombre está a buen seguro, en ninguna parte lo bastante diligente.


Baudrí fue por dos veces expulsado del cargo por misteriosos escándalos, pero no hay pruebas de que estos escándalos guardaran relación con referencias eróticas. Por otro lado, como obispo, estaba convencido de que había que mantener una fachada para el público («El amante prudente disimula los actos de amor») y escribió extensamente a su amado Pedro –cuyo peine llevaba siempre consigo como recuerdo de su amor– sobre el tema de la discreción en «el juego». «Si puedes, manten tus actos por encima de toda censura, pero si no puedes, guárdate al menos las confidencias para ti mismo.»


Les Belles Heures du duc de Berry, f 1405-1409. Metropolitan Museum of Art, The Cloisters collection



En unos pocos pasajes, Baudrí trataba incluso de renegar de su poesía amorosa, aduciendo que la había escrito como si sintiera el aguijón del amor joven: Pero ni el amor joven, ni el pecado grave, me extraviaron jamás; simplemente me divierte una broma, pues soy una persona juguetona.

«Nunca –proclamaba– el mal amor me afectó.» Hasta las negaciones de Baudrí revelan actitudes profundamente alteradas respecto de los gays y sus sentimientos. El problema decisivo, naturalmente, estribaba en la conveniencia o no de que un obispo escribiera poesía erótica, no en el sexo de los destinatarios de esa poesía. Baudrí admite francamente que escribió poesía para ambos sexos: «He escrito a muchachos, no he descuidado a las chicas». Se conserva un importante epistolario con la monja Constanza de le Ronceray:

Hace un tiempo me eras conocida solamente por tu fama o conocida, apenas, por encuentros públicos;ahora vives en mí, no como una joven compañera de rebañosino como una muchacha de renombre en el rebañoque la sabiduría mantuvo caliente con su propia mielpara que ahora tus pechos emanen su leche.Esto se me reveló recientemente al leer tus poemas,los que tú gratuitamente habías condimentado con néctar.Hacia ti corren los enjambres de alumnaspara que las abejas revivan con la miel de la abeja madre

Baudrí puede haberse sentido turbado por la reacción de los laicos a sus relaciones eróticas y su poesía, pero él, por su parte, aceptó claramente que el amor era algo bueno en si mismo y no tuvo ningún inconveniente en dirigir su amor a una persona de su mismo sexo. 


No enseñas tú a la edad, sino la edad a ti te instruye:

Venus supo cómo amar sin tus versos.

Dios hizo llenas de amor nuestras naturalezas;

Naturaleza nos enseña lo que le enseñó Dios.

Lo que somos es un crimen, si es un crimen amar,

pues el amor me dio también el Dios que me dio la vida. 


Bible Moralisée de Vienne, 1225-1249


Texto procedente de "Cristianismo, Toleramcia social y homosexualidad. John Boswell. Resumino con aportaciones propias.